Por Yuquiabe Romero
Una noche lluviosa, me acercó a tus ojos, te tocó el rostro con tal sutileza que al hacerlo me provoca un éxtasis que llena todo mi cuerpo, es una sensación irrevocable, y que sólo el sentir tu respiración justo en mi cuello, quisiera no desear nada más en este mundo.
Los gráficos estruendosos de la inmensa noche lluviosa, no me ciegan al ver tu perfección hecha mujer. Los senos despiertan en mi ser, la inexplicable imagen de colocarte frente a mí y acercar lentamente sobre mi falo y hacerte el amor lo más animal posible, desgarrar tus ropas, y menearte de tal manera que el Olimpo se extrañe de este acto.
Quizá unos me llamen loco, otros perverso, en realidad qué más da, lo importante es el hecho de sentirme a gusto al degustarte como si fueras el exquisito chocolate que permite incluso derretirse en mi boca, tan sólo al percibir tu aroma, que es deseado por todos, y hasta muchos dirían que se trata la envidia de todos.
Lo importante de esto es que perteneces a la persona más interesante que jamás podrás conocer, que decidiste estar conmigo a pesar de mis vicios cotidianos. Como el impulso que tengo de querer siempre más dinero en mi bolsa, no me interesa ser un abusivo con los demás, no me interesa demostrar algo que no soy, en realidad, antes que nada necesito ver por mí, pero después de mi, estarás en mi pensamiento carnal.
Cada vez que me dedico a observar a mí alrededor, podría estar seguro de que me siento desahuciado al no poder tener al momento lo que necesito, aunque muchos me critiquen y se hayan atrevido a culparme de envidioso.
Lo que no entienden es que lo que necesito me ha costado trabajo al soportar encañonadas de armas, ráfagas de balas e incluso madrazos y la misma libertad por setenta y dos horas; tiempo suficiente para escaparme de la cárcel. El punto es que siempre querré más.
Hubo un tiempo en el que a mis amigos les costaba trabajo sacarme de mi casa, e incluso ni siquiera me movía del viejo sillón en el que hasta el perro se adueñaba de una parte de él cubriéndome los cayos de mis pies descalzos. Me dijeron que el no moverme del sillón implicaría serias consecuencias, pero es algo que no me interesa, en lo absoluto. Hay que entender que hay momentos en los que uno tiene que detenerse a pensar por largo, largo tiempo y el estar en el sillón me permitía ese magnífico momento, sobre todo por que me permitía pensar en ti, y en todo lo que representas en mi ser. Sin ti, pierde sentido la forma de mi vida y de mi ser en general.
Tengo tanta esperanza de pensar que nunca me dejarás por que mutuamente nos necesitamos, a tal grado de que parecemos locos besándonos apasionadamente cada vez q te tengo frente a mí, y hasta en mis recuerdos más íntimos. Por eso cuando te pienso, creo aún más que te seré fiel hasta el momento en que muera, y sé que tú harás justamente lo mismo... bellísima soberbia.
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martes, 27 de septiembre de 2011
miércoles, 24 de noviembre de 2010
La rosa del amor
Por Adonay E. Romero
Era un día nublado con probabilidades de lluvia, mi nombre es Emerson estaba redactando mi último reporte, hace dos meses estaba investigando el robo de una joya llamada: la rosa del amor; un diamante en forma de una rosa con un valor incalculable, pero con una maldición; la cual decían que aquel que la tuviera en su poder, en caso de ser hombre; tenia la desgracia de morir en un accidente, pero si la dueña era una mujer, tenía la capacidad de encontrar el verdadero amor, por tal motivo era la joya más cotizada del establecimiento Harry Winston en Paris...
Estaba tras la pista del ladrón, o mejor dicho la ladrona, una mujer como ninguna, su nombre era Teresa, mi primer contacto fue inolvidable, fue precisamente la noche del robo a la joyería, cuando después de un día duro de trabajo, acudí a un bar por unas copas de vino, cuando la vi por primera vez, vestía un vestido negro de salón, escotado y con una ranura en la pierna derecha que hacía que se viera su muslo, tenía una muy hermosa figura, no se me hacía extraño que varios hombres estuvieran tratando de charlar con ella, todos con vanos esfuerzos, después de tomar su primer trago, fui hasta ella, y le pronuncié en su oído con un tono suave y rosando el contorno de su oreja, si le interesaría tomar una copa y tener una conversación interesante, acerca del brazalete egipcio que llevaba en su brazo izquierdo llamada ANGUIS DE CLEOPATRA.
A Teresa se le hizo interesante conversar conmigo porque parecía inteligente, debido que nadie se había percatado de su joya y mucho menos saber la procedencia y nombre del brazalete. Iniciamos una pequeña charla acerca de la procedencia de tal reliquia; sin embargo me sentía más atraído por ella, la manera en que se reía, su voz, sus labios carnosos en un tono rojo intenso, incluso cuando cruzó la pierna y dejó ver su pantaleta, fue un momento muy excitante. Ella al percatarse de esto me susurro al oído rozando la entre pierna; - eres muy guapo e inteligente cualidades raras en un hombre, sin embargo es hora de mi retirada-. Se levantó, me beso justamente a la mitad de los labios, y se fue dejando detrás el olor de su perfume.
A la mañana siguiente, me despierto con las noticias del famoso robo de la rosa del amor. Acudí a la escena del crimen, confirmé que fue un robo sin igual, no hay candados forzados, ventanas rotas incluso el sistema de seguridad no fue saboteado, solo había una extraña nota que decía: “sin sacrificio, no hay victoria”.
Al inicio de la investigación todo era confuso, no sabía por dónde empezar, y esa frase me tenía confundido más y más, porque la frase era mía, siempre la utilizaba como sello personal, sabía que estaba relacionado conmigo, me estaban retando y tenía que descubrir quién era, la nota no tenía huellas digitales pero la tinta era especial, provenía de Egipto, está compuesta con veneno de cobra; una tinta muy cara, si se tiene mucho contacto con la tinta puede provocarte una parálisis por días.
El transcurrir de los días, era insoportable hasta que descubrí el proveedor de la tinta, llamada ANGUIS (serpiente en latín), la pista me llevó a un barrio de París llamado El callejón del cráneo, era un lugar donde conseguías los venenos y pociones más peligrosos. Pregunté por un tipo llamado: Romeo. Quien al detectar que era detective, se mostró muy reacio a contestar; sin embargo ya contaba con esa situación, por lo que sacó el revolver Magnun , sacó todas las balas con excepción de una, giro el cartucho, apuntó a Romeo y jaló del gatillo, oyéndose un chasquido hueco, Romeo asustado hasta la médula, contó todo lo que sabía;
-- Una chica muy guapa, entró un día a mi tienda solicitando un frasco de tinta de ANGUIS, le mencioné que no tenía, y que era muy difícil encontrar, la chica no se inmuto, solo sacó un fajo de billetes, los depositó en el aparador, y mencionó que venía en dos días. A los dos días se presentó y se llevó la tinta….
--Emerson--- se que no vendes esa clase de frascos sin investigar quién es esa persona, para cuidar tu inversion, dime ¿en dónde la encuentro?—apretó una vez más el gatillo; ¡click!
-- Romeo-- ok.. ok. Amigo, no te enojes, podrías quitar…. Tu arma.. está bien.. de lo diré; esta hospedada en el hotel Florencia, habitación 21…
-- Emerson—Gracias, no fue tan difícil, verdad--- PUM .!! La bala paso rosando por la oreja de Romeo y estalló en una jarra por detrás del vendedor—si me mientes, volveré.
Acudí sin demora al hotel Florencia, preguntando por la habitación, para su sorpresa si habían rentado esa habitación pero nadie había dormido en ella. No había rastro de esa extraña mujer. Salí del vestíbulo, pasando por la alberca del hotel, cuando la ví. Estaba espectacular, era Teresa, con su traje de baño de dos piezas, estaba platicando acaloradamente con dos hombres de traje, se veía molesta, por que los encaraba, los caballeros se veían muy sorprendidos y molestos, se notaba que ambos tenían armas, incluso había otros dos poniendo la misma atención a esa platica, seguramente eran guarda espaldas, estaban protegiendo a los que estaban charlando con Teresa.
Una vez concluida la plática, con una sonrisa se metió en la piscina, los hombres se dieron la vuelta y procedieron a retirarse, cuando uno de ellos lo reconocí, era un maleante, compraba joyas y las revendía, tenía nexos con los políticos del país. Lo apodaban; El gargantilla, porque ahorcaba a sus víctimas.
Me acerqué a la alberca y extendí mi mano, para ayudar a salir de la alberca a Teresa, cuando salió la jalé hacia mi cuerpo estrechando mi pecho contra sus senos firmes y húmedos, sintió mi erección y la bese. En ese instante la tomé y le pregunté por su habitación, ella únicamente me tomo de la mano y me llevó al ascensor, donde no pude contenerme y le robe otro beso, bajé un poco el brasier descubriendo un pezón besando y chupándolo, acomodé su traje de baño y salimos en dirección hacia la habitación. Una vez dentro dimos rienda suelta a nuestra pasión, seduciéndonos, acariciando, besando le retirè el traje de baño, cuando retirè la parte baja del traje introduje mi dedo en su vagina para excitarla aún mas, respondió frenéticamente arrancándome mi corbata con camisa, dándome una mordida en el pecho, la estreché entre mis brazos, después la arrojé a la cama, donde recorrí su cuerpo con mis manos, y mi barba sin afeitar, gimió de placer, me saco el pene empezándolo a besar poco a poco, me miro y dijo: penétrame y hazme tuya. La penetré despacio cuidando en todo momento no lastimarla, humedecí un poco su vagina para posterior aumentar la penetración, nos tomamos con tal fuerza que nuestras espaldas sentíamos el apretón de nuestros abrazos, probamos muchas posturas, cada una con un éxtasis diferente. Toda la tarde nos la pasamos haciendo el amor.
Tendido a un lado completamente desnudos contemplé lo hermosa que se veía dormida junto a mí, me levanté despacio he indagué por la habitación, buscando algo que la relacionara, tenía el raro presentimiento que ella estaba involucrada, cuando en uno de los cajones encontré un sobre; dentro estaba la foto de la joya; LA ROSA DEL AMOR, con instrucciones y claves de acceso, también tenía fotos de mí, me estaba investigando, tenía mis horarios y casos que llevaba en el trabajo, no era una casualidad que me encontrara con ella, sabía que incluso el sabor de mis bebidas…
Voltee despacio, sabía que tenía un arma en las manos, la vi desnuda con mi magnun, desee volver a poseerla, cuando dijo:
--- Me descubriste, sabía que lo harías, eres un tipo muy inteligente, aunque tardaste un poco en encontrarme, no lo tomes personal, únicamente es trabajo, decían que eres el mejor, me pagaron para dejarte en ridículo e involucrarte en el robo, siempre te estás metiendo en lo que no te importa. Pronto encontrarán pruebas en tu casa, les envié a la policía una pista falsa que te vinculara.
-- No importa, saldré de esto, y te atraparé a ti y a tus cómplices, pero puedo ser indulgente contigo si te entregas y me das información de quien te contrato.
-- Crees que soy tonta? Jamás me atraparán, acabo de vender la joya y me voy del país, nunca más nos volveremos a ver.
-- Estas tratando con tipos muy peligrosos – se acerca, y pone el revólver en mi abdomen – puedo sacarte de todo esto.
--No mi amor, hasta la vista…. – me inyecta un sedante, se vuelve todo obscuro……………
Después del tercer día de la inyección.
…. Al despertar me encuentro en un hospital, sujeto a la cama, me percato que hay oficiales afuera de la sala, hay mucho movimiento….. Me sigo sintiendo mal……. La obscuridad me envuelve una vez más…….
Sexto día en el hospital
….. Sigo en cama, ¿por qué? Todo es confuso, esta un lado una enfermera, trato de hablarle, pero no me escucha, siento los ojos pesados……..
Octavo día.
Por fin puedo comer alimentos sólidos, me explica el médico, que me suministraron un veneno, es una suerte que sobreviví. Menciona el médico que oficialmente morí unos cuantos segundos, pero me revivieron y de una forma anónima les llego el antídoto. Alguien me salvó la vida, ¿habrá sido Teresa?, pero ¿por qué?. Ella fue quien me suministro el veneno, porque me salvo?.
Era un día nublado con probabilidades de lluvia, mi nombre es Emerson estaba redactando mi último reporte, hace dos meses estaba investigando el robo de una joya llamada: la rosa del amor; un diamante en forma de una rosa con un valor incalculable, pero con una maldición; la cual decían que aquel que la tuviera en su poder, en caso de ser hombre; tenia la desgracia de morir en un accidente, pero si la dueña era una mujer, tenía la capacidad de encontrar el verdadero amor, por tal motivo era la joya más cotizada del establecimiento Harry Winston en Paris...
Estaba tras la pista del ladrón, o mejor dicho la ladrona, una mujer como ninguna, su nombre era Teresa, mi primer contacto fue inolvidable, fue precisamente la noche del robo a la joyería, cuando después de un día duro de trabajo, acudí a un bar por unas copas de vino, cuando la vi por primera vez, vestía un vestido negro de salón, escotado y con una ranura en la pierna derecha que hacía que se viera su muslo, tenía una muy hermosa figura, no se me hacía extraño que varios hombres estuvieran tratando de charlar con ella, todos con vanos esfuerzos, después de tomar su primer trago, fui hasta ella, y le pronuncié en su oído con un tono suave y rosando el contorno de su oreja, si le interesaría tomar una copa y tener una conversación interesante, acerca del brazalete egipcio que llevaba en su brazo izquierdo llamada ANGUIS DE CLEOPATRA.
A Teresa se le hizo interesante conversar conmigo porque parecía inteligente, debido que nadie se había percatado de su joya y mucho menos saber la procedencia y nombre del brazalete. Iniciamos una pequeña charla acerca de la procedencia de tal reliquia; sin embargo me sentía más atraído por ella, la manera en que se reía, su voz, sus labios carnosos en un tono rojo intenso, incluso cuando cruzó la pierna y dejó ver su pantaleta, fue un momento muy excitante. Ella al percatarse de esto me susurro al oído rozando la entre pierna; - eres muy guapo e inteligente cualidades raras en un hombre, sin embargo es hora de mi retirada-. Se levantó, me beso justamente a la mitad de los labios, y se fue dejando detrás el olor de su perfume.
A la mañana siguiente, me despierto con las noticias del famoso robo de la rosa del amor. Acudí a la escena del crimen, confirmé que fue un robo sin igual, no hay candados forzados, ventanas rotas incluso el sistema de seguridad no fue saboteado, solo había una extraña nota que decía: “sin sacrificio, no hay victoria”.
Al inicio de la investigación todo era confuso, no sabía por dónde empezar, y esa frase me tenía confundido más y más, porque la frase era mía, siempre la utilizaba como sello personal, sabía que estaba relacionado conmigo, me estaban retando y tenía que descubrir quién era, la nota no tenía huellas digitales pero la tinta era especial, provenía de Egipto, está compuesta con veneno de cobra; una tinta muy cara, si se tiene mucho contacto con la tinta puede provocarte una parálisis por días.
El transcurrir de los días, era insoportable hasta que descubrí el proveedor de la tinta, llamada ANGUIS (serpiente en latín), la pista me llevó a un barrio de París llamado El callejón del cráneo, era un lugar donde conseguías los venenos y pociones más peligrosos. Pregunté por un tipo llamado: Romeo. Quien al detectar que era detective, se mostró muy reacio a contestar; sin embargo ya contaba con esa situación, por lo que sacó el revolver Magnun , sacó todas las balas con excepción de una, giro el cartucho, apuntó a Romeo y jaló del gatillo, oyéndose un chasquido hueco, Romeo asustado hasta la médula, contó todo lo que sabía;
-- Una chica muy guapa, entró un día a mi tienda solicitando un frasco de tinta de ANGUIS, le mencioné que no tenía, y que era muy difícil encontrar, la chica no se inmuto, solo sacó un fajo de billetes, los depositó en el aparador, y mencionó que venía en dos días. A los dos días se presentó y se llevó la tinta….
--Emerson--- se que no vendes esa clase de frascos sin investigar quién es esa persona, para cuidar tu inversion, dime ¿en dónde la encuentro?—apretó una vez más el gatillo; ¡click!
-- Romeo-- ok.. ok. Amigo, no te enojes, podrías quitar…. Tu arma.. está bien.. de lo diré; esta hospedada en el hotel Florencia, habitación 21…
-- Emerson—Gracias, no fue tan difícil, verdad--- PUM .!! La bala paso rosando por la oreja de Romeo y estalló en una jarra por detrás del vendedor—si me mientes, volveré.
Acudí sin demora al hotel Florencia, preguntando por la habitación, para su sorpresa si habían rentado esa habitación pero nadie había dormido en ella. No había rastro de esa extraña mujer. Salí del vestíbulo, pasando por la alberca del hotel, cuando la ví. Estaba espectacular, era Teresa, con su traje de baño de dos piezas, estaba platicando acaloradamente con dos hombres de traje, se veía molesta, por que los encaraba, los caballeros se veían muy sorprendidos y molestos, se notaba que ambos tenían armas, incluso había otros dos poniendo la misma atención a esa platica, seguramente eran guarda espaldas, estaban protegiendo a los que estaban charlando con Teresa.
Una vez concluida la plática, con una sonrisa se metió en la piscina, los hombres se dieron la vuelta y procedieron a retirarse, cuando uno de ellos lo reconocí, era un maleante, compraba joyas y las revendía, tenía nexos con los políticos del país. Lo apodaban; El gargantilla, porque ahorcaba a sus víctimas.
Me acerqué a la alberca y extendí mi mano, para ayudar a salir de la alberca a Teresa, cuando salió la jalé hacia mi cuerpo estrechando mi pecho contra sus senos firmes y húmedos, sintió mi erección y la bese. En ese instante la tomé y le pregunté por su habitación, ella únicamente me tomo de la mano y me llevó al ascensor, donde no pude contenerme y le robe otro beso, bajé un poco el brasier descubriendo un pezón besando y chupándolo, acomodé su traje de baño y salimos en dirección hacia la habitación. Una vez dentro dimos rienda suelta a nuestra pasión, seduciéndonos, acariciando, besando le retirè el traje de baño, cuando retirè la parte baja del traje introduje mi dedo en su vagina para excitarla aún mas, respondió frenéticamente arrancándome mi corbata con camisa, dándome una mordida en el pecho, la estreché entre mis brazos, después la arrojé a la cama, donde recorrí su cuerpo con mis manos, y mi barba sin afeitar, gimió de placer, me saco el pene empezándolo a besar poco a poco, me miro y dijo: penétrame y hazme tuya. La penetré despacio cuidando en todo momento no lastimarla, humedecí un poco su vagina para posterior aumentar la penetración, nos tomamos con tal fuerza que nuestras espaldas sentíamos el apretón de nuestros abrazos, probamos muchas posturas, cada una con un éxtasis diferente. Toda la tarde nos la pasamos haciendo el amor.
Tendido a un lado completamente desnudos contemplé lo hermosa que se veía dormida junto a mí, me levanté despacio he indagué por la habitación, buscando algo que la relacionara, tenía el raro presentimiento que ella estaba involucrada, cuando en uno de los cajones encontré un sobre; dentro estaba la foto de la joya; LA ROSA DEL AMOR, con instrucciones y claves de acceso, también tenía fotos de mí, me estaba investigando, tenía mis horarios y casos que llevaba en el trabajo, no era una casualidad que me encontrara con ella, sabía que incluso el sabor de mis bebidas…
Voltee despacio, sabía que tenía un arma en las manos, la vi desnuda con mi magnun, desee volver a poseerla, cuando dijo:
--- Me descubriste, sabía que lo harías, eres un tipo muy inteligente, aunque tardaste un poco en encontrarme, no lo tomes personal, únicamente es trabajo, decían que eres el mejor, me pagaron para dejarte en ridículo e involucrarte en el robo, siempre te estás metiendo en lo que no te importa. Pronto encontrarán pruebas en tu casa, les envié a la policía una pista falsa que te vinculara.
-- No importa, saldré de esto, y te atraparé a ti y a tus cómplices, pero puedo ser indulgente contigo si te entregas y me das información de quien te contrato.
-- Crees que soy tonta? Jamás me atraparán, acabo de vender la joya y me voy del país, nunca más nos volveremos a ver.
-- Estas tratando con tipos muy peligrosos – se acerca, y pone el revólver en mi abdomen – puedo sacarte de todo esto.
--No mi amor, hasta la vista…. – me inyecta un sedante, se vuelve todo obscuro……………
Después del tercer día de la inyección.
…. Al despertar me encuentro en un hospital, sujeto a la cama, me percato que hay oficiales afuera de la sala, hay mucho movimiento….. Me sigo sintiendo mal……. La obscuridad me envuelve una vez más…….
Sexto día en el hospital
….. Sigo en cama, ¿por qué? Todo es confuso, esta un lado una enfermera, trato de hablarle, pero no me escucha, siento los ojos pesados……..
Octavo día.
Por fin puedo comer alimentos sólidos, me explica el médico, que me suministraron un veneno, es una suerte que sobreviví. Menciona el médico que oficialmente morí unos cuantos segundos, pero me revivieron y de una forma anónima les llego el antídoto. Alguien me salvó la vida, ¿habrá sido Teresa?, pero ¿por qué?. Ella fue quien me suministro el veneno, porque me salvo?.
Continuara………..
domingo, 7 de noviembre de 2010
Ya estoy de Vuelta mi amado Popocatépetl
Por Lorena Soto
Silvia siempre había escuchado muchas historias acerca de ese volcán, las leyendas le gustaban mucho, pero la que más le gustaba era la que hablaba del guerrero Popocatépetl, que se enamoraba de la princesa Iztacíhuatl, pero que a su padre Tezozómoc no le agradaba tal amorío, entonces los enamorados deciden escapar, sin embargo Iztacíhuatl es alcanzada por una flecha que causa su muerte y queda como dormida, entonces Popocatépetl promete que la va a cuidar hasta que regrese.
A Silvia le gustaba mucho esta leyenda desde que era una niña, y siempre pensó en hacer un viaje algún día para ir al volcán lleno de nieve en los límites de Puebla y el Estado de México, después de todo no estaba tan cerca y podría ser una buena aventura, de esas que perduran por toda la vida en nuestras mentes.
Al transcurso de los años, se fue olvidando de aquella emoción e inquietud que sentía cada vez que escuchaba la historia en voz de su bisabuela, ya que ella soñaba cada día con ser la princesa Iztacíhuatl y que Popocatépetl fuera por ella para llevarla a un lugar lejos de ahí.
Silvia nunca tuvo el afecto de sus padres, para ellos era más importante pelear todo el tiempo por el bienestar de su hija, que ver por ella, la mayor parte del tiempo Silvia estaba sola, pues sus padres trabajaban todo el día, salvo los fines de semana, que la llevaban con la bisabuela hasta el domingo que pasaban por ella ya muy tarde.
Ya cuando iba a entrar a la universidad, Silvia fue invitada por algunos de sus amigos a un campamento, precisamente en las faldas del volcán, ella lo pensó por un momento, pero en el fondo sabía que deseaba con fuerza ir al lugar; así que decidió que así sería. Lo haría aunque sus papás no se lo permitieran, y como eso sucedía muy a menudo, pues pensó en no comentarles nada, a fin de cuentas, sólo serían una par de noches, tal vez ni siquiera notarían su presencia, ya que después de la muerte de su bisabuela, ellos seguían saliendo los fines de semana cada quién por su lado y la dejaban sola en casa.
Aceptó entonces ir con sus amigos. La caminata fue larga a través del monte y el frío se hacía cada vez más intenso. Llegaron ya hasta donde nevaba y decidieron acampar ahí, pero a medida en que Silvia se iba acercando, la invadía una ansiedad terrible, sentía nostalgia al ver ese gran monte cubierto por la nieve.
Antes de comenzar a subir, muchos lugareños les advirtieron no sólo del frío, sino de las tremendas tormentas que en las noches ocurrían, les recomendaron que siempre estuvieran juntos por si acaso, porque era muy peligroso andar de noche por esos rumbos. Era un lugar muy concurrido pero no lo suficiente como para que se realizaran búsquedas exhaustivas por las personas desaparecidas.
No obstante a Silvia siempre le intrigó eso de ver los cráteres de los volcanes, “¿se verá así la lava y todo?” se preguntaba. De pronto, ella recordó las leyendas que su abuela le contaba de ese volcán. Realmente toda su niñez vivió enamorada del guerrero Popocatépetl.
Espero a que todos durmieran y pensó “¿tormenta, cuál tormenta?, si no pasa nada, ni que me fuera yo a perder” Caminó mucho tiempo y el frío ya le helaba hasta los huesos, pero cuando se disponía a regresar vio a lo lejos una silueta, la silueta de un hombre con varias pieles encima cubriéndolo del frío, se dispuso a acercarse y le llamó “¡Oye tú, qué haces aquí tan tarde!” supuso que era un hombre, por la espalda ancha que se le veía desde lejos, así que continuó acercándose.
Siguió gritándole pero no volteaba a verla, como si no la escuchara, entonces se acercó más y más hasta que lo tuvo casi en frente “Me llamo Silvia ¿tú qué haces tan tarde aquí, acaso estás buscando a Iztacíhuatl?” dijo ella con un tono burlón. En cuanto terminó de mencionar el nombre, el volteó a mirarla, la vio a los ojos y dijo algo extraño, en una lengua que ella no entendía, pensó entonces que él era uno de los lugareños que le estaba jugando una broma, pero entonces el joven la abrazó y siguió hablando en una lengua extraña. Perpleja Silvia sólo se quedó pasmada y no reprochó nada, pues de alguna manera sentía cierta nostalgia y una calidez extraña al estar cerca de este hombre.
El la abrazaba con tanta fuerza que ella no podía ni separarlo un poco de su cuerpo, de repente, sintió que él la tomó de los hombros y la alejó un poco para ver su rostro. Al verlo, sintió un alivio y una paz inmensa, como si le hubiesen quitado un peso de encima, algunas lágrimas brotaron de sus ojos y ella sonrió. Hacía frío, pero ella ya no lo sentía. Él volvió a decir unas palabras, ella sabía que era un lenguaje que jamás había escuchado en su vida, pero por algún motivo supo a qué se refería, ella entendió lo que él le dijo. Silvia suspiró y con una sonrisa en sus labios dijo “Ya estoy de Vuelta mi amado Popocatépetl”
Silvia siempre había escuchado muchas historias acerca de ese volcán, las leyendas le gustaban mucho, pero la que más le gustaba era la que hablaba del guerrero Popocatépetl, que se enamoraba de la princesa Iztacíhuatl, pero que a su padre Tezozómoc no le agradaba tal amorío, entonces los enamorados deciden escapar, sin embargo Iztacíhuatl es alcanzada por una flecha que causa su muerte y queda como dormida, entonces Popocatépetl promete que la va a cuidar hasta que regrese.
A Silvia le gustaba mucho esta leyenda desde que era una niña, y siempre pensó en hacer un viaje algún día para ir al volcán lleno de nieve en los límites de Puebla y el Estado de México, después de todo no estaba tan cerca y podría ser una buena aventura, de esas que perduran por toda la vida en nuestras mentes.
Al transcurso de los años, se fue olvidando de aquella emoción e inquietud que sentía cada vez que escuchaba la historia en voz de su bisabuela, ya que ella soñaba cada día con ser la princesa Iztacíhuatl y que Popocatépetl fuera por ella para llevarla a un lugar lejos de ahí.
Silvia nunca tuvo el afecto de sus padres, para ellos era más importante pelear todo el tiempo por el bienestar de su hija, que ver por ella, la mayor parte del tiempo Silvia estaba sola, pues sus padres trabajaban todo el día, salvo los fines de semana, que la llevaban con la bisabuela hasta el domingo que pasaban por ella ya muy tarde.
Ya cuando iba a entrar a la universidad, Silvia fue invitada por algunos de sus amigos a un campamento, precisamente en las faldas del volcán, ella lo pensó por un momento, pero en el fondo sabía que deseaba con fuerza ir al lugar; así que decidió que así sería. Lo haría aunque sus papás no se lo permitieran, y como eso sucedía muy a menudo, pues pensó en no comentarles nada, a fin de cuentas, sólo serían una par de noches, tal vez ni siquiera notarían su presencia, ya que después de la muerte de su bisabuela, ellos seguían saliendo los fines de semana cada quién por su lado y la dejaban sola en casa.
Aceptó entonces ir con sus amigos. La caminata fue larga a través del monte y el frío se hacía cada vez más intenso. Llegaron ya hasta donde nevaba y decidieron acampar ahí, pero a medida en que Silvia se iba acercando, la invadía una ansiedad terrible, sentía nostalgia al ver ese gran monte cubierto por la nieve.
Antes de comenzar a subir, muchos lugareños les advirtieron no sólo del frío, sino de las tremendas tormentas que en las noches ocurrían, les recomendaron que siempre estuvieran juntos por si acaso, porque era muy peligroso andar de noche por esos rumbos. Era un lugar muy concurrido pero no lo suficiente como para que se realizaran búsquedas exhaustivas por las personas desaparecidas.
No obstante a Silvia siempre le intrigó eso de ver los cráteres de los volcanes, “¿se verá así la lava y todo?” se preguntaba. De pronto, ella recordó las leyendas que su abuela le contaba de ese volcán. Realmente toda su niñez vivió enamorada del guerrero Popocatépetl.
Espero a que todos durmieran y pensó “¿tormenta, cuál tormenta?, si no pasa nada, ni que me fuera yo a perder” Caminó mucho tiempo y el frío ya le helaba hasta los huesos, pero cuando se disponía a regresar vio a lo lejos una silueta, la silueta de un hombre con varias pieles encima cubriéndolo del frío, se dispuso a acercarse y le llamó “¡Oye tú, qué haces aquí tan tarde!” supuso que era un hombre, por la espalda ancha que se le veía desde lejos, así que continuó acercándose.
Siguió gritándole pero no volteaba a verla, como si no la escuchara, entonces se acercó más y más hasta que lo tuvo casi en frente “Me llamo Silvia ¿tú qué haces tan tarde aquí, acaso estás buscando a Iztacíhuatl?” dijo ella con un tono burlón. En cuanto terminó de mencionar el nombre, el volteó a mirarla, la vio a los ojos y dijo algo extraño, en una lengua que ella no entendía, pensó entonces que él era uno de los lugareños que le estaba jugando una broma, pero entonces el joven la abrazó y siguió hablando en una lengua extraña. Perpleja Silvia sólo se quedó pasmada y no reprochó nada, pues de alguna manera sentía cierta nostalgia y una calidez extraña al estar cerca de este hombre.
El la abrazaba con tanta fuerza que ella no podía ni separarlo un poco de su cuerpo, de repente, sintió que él la tomó de los hombros y la alejó un poco para ver su rostro. Al verlo, sintió un alivio y una paz inmensa, como si le hubiesen quitado un peso de encima, algunas lágrimas brotaron de sus ojos y ella sonrió. Hacía frío, pero ella ya no lo sentía. Él volvió a decir unas palabras, ella sabía que era un lenguaje que jamás había escuchado en su vida, pero por algún motivo supo a qué se refería, ella entendió lo que él le dijo. Silvia suspiró y con una sonrisa en sus labios dijo “Ya estoy de Vuelta mi amado Popocatépetl”
miércoles, 11 de agosto de 2010
domingo, 23 de mayo de 2010
La promesa
Mario Alavez
Quisiera no poder contar esta historia. Quisiera no haber buscado esa entrevista, como tantas otras veces, quisiera que nunca hubiera pasado.
El momento de mi titulación se acercaba, estaba nervioso, pues tenía que presentar mi examen profesional y porque no tenía idea de qué quería hacer de mi vida, estaba repasando mentalmente el tema de mi tesis, la mente del psicópata, revisando uno a uno los momentos que pasé con el psicólogo especializado en diagnóstico de esquizofrenia, que era lo más común en los psicópatas, eso y el delirio de persecución.
¡Tienes que estar loco para querer hacer esto! Me dijeron una y otra vez mis asesores, mi madre y mi hermano, pero era necesario, tenía que encontrar a un psicópata controlado por los medicamentos, conocerlo, saber de él, entenderlo y pasar tiempo con el. Eso le daría a mi tesis un toque más realista.
Lo hice, encontré a Víctor Hernández, uno de los más crueles asesinos de la historia.
No estaba asustado, los médicos me habían asegurado que no había peligro, que con los tratamientos era suficiente para que no reincidiera.
Me encontré con el, en su muy modesto apartamento, apenas tenía una cama, una mesa con dos sillas, un sofá y una televisión de 14 pulgadas, las paredes estaban descuidadas, pero todo el lugar parecía estar perfectamente organizado, extrañamente abundaban libros que estaban en un estricto orden alfabético.
Gracias por recibirme Víctor, dije extendiendo mi mano a la diminuta mano del asesino. El gusto es mío, no pensé que nadie quisiera estar cerca de mí después de lo que hice, estoy arrepentido, las medicinas me hay ayudado mucho.
Espero que no te moleste el motivo de mi visita, le respondí tímidamente.
No te preocupes, no sirve de nada negar lo hecho, lo importante es que ya está superado. ¿Por dónde empezamos?
¿Qué te parece si me dices cómo era tu vida antes de… bueno…
Los asesinatos, completó mi frase sin titubear o mostrar un asomo de pena o enojo.
Si, por favor, le dije mientras ponía mi grabadora sobre la mesa y la activaba.
Pues verás, era un tanto tímido, mi tamaño no me ayuda- apenas medía 1.58- pero era exitoso, trabajaba como administrador de una empresa mediana que comercializaba plásticos, no me podía quejar, ganaba veinticinco mil pesos más prestaciones y utilidades. Siempre fui muy trabajador y evitaba los conflictos a toda costa, en las crisis de la empresa, siempre tenía la cabeza clara cuando todos gritaban, no por nada fui el mejor de mi generación.
¿Entonces, qué sucedió? ¿Qué te hizo cambiar del administrador tímido al…
Asesino, volvió a completar. Si. Se nota que no eres periodista, dijo mientras sonreía, extrañamente era una sonrisa relajada, llena de paz. Verás, iba caminando por la calle y empecé a escuchar una voz en mi cabeza, que ignoré, pero me causó un escalofrío espeluznante, era un susurro reclamante que exigía no fuera tan pusilánime, sabía que no lo era, pero me lo reclamaba. Me decía que debía poner las cosas en su lugar, hacer respetar mi inteligencia, mi superioridad. Entonces corrí a mi departamento, que no se parece en nada al que tengo hoy, quería dormir, pues el temor se convirtió en pavor.
La voz desapareció durante meses, pero vino una nueva crisis en la empresa y esta era bastante severa, la compañía estaba a punto de quebrar y todos gritaban, exigían una solución, golpeaban en mi escritorio… por primera vez en mi vida no sabía que hacer. Entonces la voz volvió a surgir, que dejen de gritar, no eres su gato, si esta empresa les ha dado tanto es gracias a ti, cállalos, cállalos, cállalos…. Y a cada repetición los ojos miel del asesino se abrían más, mientras su voz crecía en volumen.
Entonces, siguió Víctor, les pedí a mis jefes que me dieran un momento a solas para poder pensar con una voz apagada, incluso para mí.
Los ejecutivos se fueron, no sin antes decirme que querían una respuesta para el día siguiente y la merecían, después de todo ese era mi trabajo.
Pero esta vez la voz no desapareció, ahora se había apoderado de mí, no he podido entender por qué, pero así fue. Me volví un zombi, me ordenó que saliera a la calle, lo hice, me ordenó que citara a los jefes a las 10 de la mañana del día siguiente, que ya tenía una solución.
Nunca pude retomar el control de la situación, ya tenía todo listo, predispuesto para que no se interrumpiera la junta hasta que todos salieran.
Me encargué de preparar café con Valium, de meter en mi portafolio hojas de bisturí, una pistola con un silenciador, trapos, encendedores, gasolina, cuerda.
Empecé a establecer una táctica, que ahora que lo pienso era una solución muy buena, mientras ellos le daban sorbos largos de café a sus tazas y me miraban con incredulidad, la solución era extremadamente viable y funcional y aunque no lo fuera, ellos simplemente no lo sabrían.
El sueño comenzó a apoderarse de ellos, todos cayeron dormidos casi al mismo tiempo, sólo el más voluminoso de ellos pudo resistir un par de minutos más, pero desafortunadamente para ellos era el que estaba sentado hasta el frente y por tanto no pudo ver lo que sucedía con los demás.
Ya perdidos, los amarré y amordacé. Comencé a hacer pequeñas incisiones para despertarlos, cada uno quiso gritar, pero no podían. Les perforé el abdomen, lo suficiente como para poder ver el estómago de los 5 ejecutivos. Después metí la mano en las cavidades de cada uno para mantenerlos despiertos y perforé sus estómagos, dejando que los jugos gástricos comenzaran a lacerar sus intestinos, el proceso iba a tardar mucho tiempo, tenía media hora para hacerlos plañir, incluso más de lo que ya lo estaban haciendo.
Los jugos iba a destruir sus intestinos, pero eso no los mataría, tampoco la peritonitis, sino el ácido que lograra llegar a sus pulmones, pues los iba a hacer morir asfixiados, provocando que sus extremidades se gangrenaran, por la falta de oxigenación de la sangre.
Mientras eso sucedía, y yo buscaba mis encendedores, les decía: Ojalá hayan entendido que lo que yo hago aquí vale más que sus vidas. Si tienen dinero es gracias a mí, no a su inversión, yo soy Dios y como tal he decidido quitarles la vida.
Humedecí los trapos con la gasolina y me acerqué a ellos mientras los prendía.
Puse el fuego en cada uno de los ojos de los jefes, haciéndolos explotar al instante y de inmediato cauterizando con el mismo ardor.
Cuando empezaron a tener dificultades para respirar, terminé con mi obra, les disparé en el pecho, recogí mis cosas y salí como si nada.
Ese sólo fue el comienzo de los 25 asesinatos que cometí, todos iguales, bastaba una mirada lasciva o un empujón en la calle para que surgiera la voz.
Finalmente me atraparon y me encerraron, me declararon mentalmente inestable y me dieron las medicinas, desde entonces la voz desapareció y trece años después me liberaron del manicomio.
Estaba helado, no sabía que decir, que hacer, quería correr.
Tranquilo, eso es el pasado, me dijo para calmarme ¿Quieres un café?
No, grité inconscientemente. No te preocupes, no tengo Valium.
Perdón, dije apenado, pero creo que me quedé con la impresión del relato, si por favor, sin azúcar estaría bien.
Platicamos un rato más y me despedí con la promesa de volver a visitarlo.
Pero estaba vuelto loco con el servicio social, el final de mi tesis y los exámenes finales y no pude volver, sinceramente había olvidado la promesa.
Llegó el gran día, estaba en la facultad, las manos me sudaban, tenía la cara igual de a perlada que las manos, fui al baño a mojarme la cara, eso siempre me había funcionado.
La lógica de los nervios me obligó a detenerme primero en los mingitorios, después a los lavabos. Mojé mis manos haciendo pocito con ellas y humedecí mi cara, dejándola cubierta durante un rato.
Me sequé la frente, las mejillas y una gota me entró al ojo obligándome a cerrarlo y tallarlo desesperadamente, mientras bajaba la cara maldiciendo.
Cuando levanté el rostro en el espejo había un pequeño hombre detrás de mí.
Un pañuelo me cubrió nariz y boca, el hombrecillo me jaló hacia el.
La voz ha vuelto, me susurró al oído.
Cuando desperté ya estaba aquí, en el mismo departamento en el que hice aquella entrevista, un dolor intenso en el abdomen me despertó, pero no veía a nadie.
Veo que olvidas fácilmente las promesas, me dijo Víctor, que estaba sentado a mi espalda…
Quisiera no poder contar esta historia. Quisiera no haber buscado esa entrevista, como tantas otras veces, quisiera que nunca hubiera pasado.
El momento de mi titulación se acercaba, estaba nervioso, pues tenía que presentar mi examen profesional y porque no tenía idea de qué quería hacer de mi vida, estaba repasando mentalmente el tema de mi tesis, la mente del psicópata, revisando uno a uno los momentos que pasé con el psicólogo especializado en diagnóstico de esquizofrenia, que era lo más común en los psicópatas, eso y el delirio de persecución.
¡Tienes que estar loco para querer hacer esto! Me dijeron una y otra vez mis asesores, mi madre y mi hermano, pero era necesario, tenía que encontrar a un psicópata controlado por los medicamentos, conocerlo, saber de él, entenderlo y pasar tiempo con el. Eso le daría a mi tesis un toque más realista.
Lo hice, encontré a Víctor Hernández, uno de los más crueles asesinos de la historia.
No estaba asustado, los médicos me habían asegurado que no había peligro, que con los tratamientos era suficiente para que no reincidiera.
Me encontré con el, en su muy modesto apartamento, apenas tenía una cama, una mesa con dos sillas, un sofá y una televisión de 14 pulgadas, las paredes estaban descuidadas, pero todo el lugar parecía estar perfectamente organizado, extrañamente abundaban libros que estaban en un estricto orden alfabético.
Gracias por recibirme Víctor, dije extendiendo mi mano a la diminuta mano del asesino. El gusto es mío, no pensé que nadie quisiera estar cerca de mí después de lo que hice, estoy arrepentido, las medicinas me hay ayudado mucho.
Espero que no te moleste el motivo de mi visita, le respondí tímidamente.
No te preocupes, no sirve de nada negar lo hecho, lo importante es que ya está superado. ¿Por dónde empezamos?
¿Qué te parece si me dices cómo era tu vida antes de… bueno…
Los asesinatos, completó mi frase sin titubear o mostrar un asomo de pena o enojo.
Si, por favor, le dije mientras ponía mi grabadora sobre la mesa y la activaba.
Pues verás, era un tanto tímido, mi tamaño no me ayuda- apenas medía 1.58- pero era exitoso, trabajaba como administrador de una empresa mediana que comercializaba plásticos, no me podía quejar, ganaba veinticinco mil pesos más prestaciones y utilidades. Siempre fui muy trabajador y evitaba los conflictos a toda costa, en las crisis de la empresa, siempre tenía la cabeza clara cuando todos gritaban, no por nada fui el mejor de mi generación.
¿Entonces, qué sucedió? ¿Qué te hizo cambiar del administrador tímido al…
Asesino, volvió a completar. Si. Se nota que no eres periodista, dijo mientras sonreía, extrañamente era una sonrisa relajada, llena de paz. Verás, iba caminando por la calle y empecé a escuchar una voz en mi cabeza, que ignoré, pero me causó un escalofrío espeluznante, era un susurro reclamante que exigía no fuera tan pusilánime, sabía que no lo era, pero me lo reclamaba. Me decía que debía poner las cosas en su lugar, hacer respetar mi inteligencia, mi superioridad. Entonces corrí a mi departamento, que no se parece en nada al que tengo hoy, quería dormir, pues el temor se convirtió en pavor.
La voz desapareció durante meses, pero vino una nueva crisis en la empresa y esta era bastante severa, la compañía estaba a punto de quebrar y todos gritaban, exigían una solución, golpeaban en mi escritorio… por primera vez en mi vida no sabía que hacer. Entonces la voz volvió a surgir, que dejen de gritar, no eres su gato, si esta empresa les ha dado tanto es gracias a ti, cállalos, cállalos, cállalos…. Y a cada repetición los ojos miel del asesino se abrían más, mientras su voz crecía en volumen.
Entonces, siguió Víctor, les pedí a mis jefes que me dieran un momento a solas para poder pensar con una voz apagada, incluso para mí.
Los ejecutivos se fueron, no sin antes decirme que querían una respuesta para el día siguiente y la merecían, después de todo ese era mi trabajo.
Pero esta vez la voz no desapareció, ahora se había apoderado de mí, no he podido entender por qué, pero así fue. Me volví un zombi, me ordenó que saliera a la calle, lo hice, me ordenó que citara a los jefes a las 10 de la mañana del día siguiente, que ya tenía una solución.
Nunca pude retomar el control de la situación, ya tenía todo listo, predispuesto para que no se interrumpiera la junta hasta que todos salieran.
Me encargué de preparar café con Valium, de meter en mi portafolio hojas de bisturí, una pistola con un silenciador, trapos, encendedores, gasolina, cuerda.
Empecé a establecer una táctica, que ahora que lo pienso era una solución muy buena, mientras ellos le daban sorbos largos de café a sus tazas y me miraban con incredulidad, la solución era extremadamente viable y funcional y aunque no lo fuera, ellos simplemente no lo sabrían.
El sueño comenzó a apoderarse de ellos, todos cayeron dormidos casi al mismo tiempo, sólo el más voluminoso de ellos pudo resistir un par de minutos más, pero desafortunadamente para ellos era el que estaba sentado hasta el frente y por tanto no pudo ver lo que sucedía con los demás.
Ya perdidos, los amarré y amordacé. Comencé a hacer pequeñas incisiones para despertarlos, cada uno quiso gritar, pero no podían. Les perforé el abdomen, lo suficiente como para poder ver el estómago de los 5 ejecutivos. Después metí la mano en las cavidades de cada uno para mantenerlos despiertos y perforé sus estómagos, dejando que los jugos gástricos comenzaran a lacerar sus intestinos, el proceso iba a tardar mucho tiempo, tenía media hora para hacerlos plañir, incluso más de lo que ya lo estaban haciendo.
Los jugos iba a destruir sus intestinos, pero eso no los mataría, tampoco la peritonitis, sino el ácido que lograra llegar a sus pulmones, pues los iba a hacer morir asfixiados, provocando que sus extremidades se gangrenaran, por la falta de oxigenación de la sangre.
Mientras eso sucedía, y yo buscaba mis encendedores, les decía: Ojalá hayan entendido que lo que yo hago aquí vale más que sus vidas. Si tienen dinero es gracias a mí, no a su inversión, yo soy Dios y como tal he decidido quitarles la vida.
Humedecí los trapos con la gasolina y me acerqué a ellos mientras los prendía.
Puse el fuego en cada uno de los ojos de los jefes, haciéndolos explotar al instante y de inmediato cauterizando con el mismo ardor.
Cuando empezaron a tener dificultades para respirar, terminé con mi obra, les disparé en el pecho, recogí mis cosas y salí como si nada.
Ese sólo fue el comienzo de los 25 asesinatos que cometí, todos iguales, bastaba una mirada lasciva o un empujón en la calle para que surgiera la voz.
Finalmente me atraparon y me encerraron, me declararon mentalmente inestable y me dieron las medicinas, desde entonces la voz desapareció y trece años después me liberaron del manicomio.
Estaba helado, no sabía que decir, que hacer, quería correr.
Tranquilo, eso es el pasado, me dijo para calmarme ¿Quieres un café?
No, grité inconscientemente. No te preocupes, no tengo Valium.
Perdón, dije apenado, pero creo que me quedé con la impresión del relato, si por favor, sin azúcar estaría bien.
Platicamos un rato más y me despedí con la promesa de volver a visitarlo.
Pero estaba vuelto loco con el servicio social, el final de mi tesis y los exámenes finales y no pude volver, sinceramente había olvidado la promesa.
Llegó el gran día, estaba en la facultad, las manos me sudaban, tenía la cara igual de a perlada que las manos, fui al baño a mojarme la cara, eso siempre me había funcionado.
La lógica de los nervios me obligó a detenerme primero en los mingitorios, después a los lavabos. Mojé mis manos haciendo pocito con ellas y humedecí mi cara, dejándola cubierta durante un rato.
Me sequé la frente, las mejillas y una gota me entró al ojo obligándome a cerrarlo y tallarlo desesperadamente, mientras bajaba la cara maldiciendo.
Cuando levanté el rostro en el espejo había un pequeño hombre detrás de mí.
Un pañuelo me cubrió nariz y boca, el hombrecillo me jaló hacia el.
La voz ha vuelto, me susurró al oído.
Cuando desperté ya estaba aquí, en el mismo departamento en el que hice aquella entrevista, un dolor intenso en el abdomen me despertó, pero no veía a nadie.
Veo que olvidas fácilmente las promesas, me dijo Víctor, que estaba sentado a mi espalda…
sábado, 15 de mayo de 2010
Todo pasa
Yuquiabe Romero
Mario Alavez
El antro estaba atestado de gente, las luces intermitentes y la música a todo volumen, hacía un ambiente perfecto para mí, perdido en el anonimato, caminando sin detenerme entre la gente, siendo golpeado sin intención, derramando charquitos de vodka por todo el lugar.
Quería perderme en alcohol, quería dejar de saber de mi vida, al menos por el fin de semana, no tenía idea de cómo regresaría a mi casa, no sabía siquiera si podía dejar de beber.
La noche transcurría entre fantasmas multicolor, gente que bailaba, que ligaba, entraban y salían del baño, gente con los ojos perdidos, medianamente ebrios, que balbuceaban, peleaban con el aire o reían sin razón alguna.
El aire comenzaba a ser vicioso. Otro más. ¿cuántos van? Ya no sé, todo se nubla, los fantasmas ahora son amorfos, las luces son más intensas y más veloces, siento nauseas.
¿Sigues conmigo? Me preguntó Julio, el confidente desconocido detrás de la barra, el que sabe todas las historias, el psicólogo que se conforma con cien pesos de propina.
Si, si, dije manoteando torpemente, mientras hacía la seña de que me sirviera otro, mientras él se negaba yo insistí y le puse el dinero en la mesa, lo tomó y me sirvió el trago siguiente.
Me estaba gastando la mitad de mi liquidación en alcohol y no era siquiera la una de la mañana, estaba desesperado, abandonado, ni siquiera podía llorar, me sentía vacío.
Tuvieron que sacarme a rastras del bar, entre el suelo mojado, el mismo Julio me pidió un taxi.
Pasó más de media hora y por fin se detuvo uno, en el que por su apariencia, un carro casi destartalado, un Sedán de esos que ahora escasean en la Ciudad de México, pero que aún seguía andante, a paso lento pero constante.
El buen amigo Julio ayuda a subirme, mientras que yo, un poco inconsciente, me aferro a no abordarlo, sin embargo a Julio no le cuesta tanto trabajo; será por que no soy el primer borracho que se le cruza en su camino, por lo que la fuerza de sus brazos hacían constar esta afirmación.
El taxista, un hombre canoso, delgado, cuyo rostro pareciera estar atento a la situación, así mismo demostraba ser una persona muy preocupada; esperaba a que abordara el transporte muy paciente. Sólo nos observaba a detalle hasta que se cierra la puerta del auto, y el chofer hacer avanzarlo.
-A donde lo llevo joven - Inicia la conversación el taxista.
-A la perdición,¡¡ Lléveme al carajo!! – le respondo
Al fondo de esta conversación sólo se escucha la canción del Trío los Panchos Sin ti.
-Joven, ¿en dónde es su casa? – Insiste el viejo
-Mi casa, mi casa, mi jodida casa está en la Nueva Atzacoalco – le respondo al viejo mientras que mi cabeza se tambalea de uno a otro lado.
Me asomo a ver la ventana, y miro todo mi borroso alrededor, en el que siendo casi las dos de la mañana según mi reloj, la vida nocturna de esta ciudad.
-Pues el camino es largo joven, ¿qué lo tiene así?
-Su pinche música de anciano- le espeté, aunque la música me importaba un carajo, necesitaba desquitar el doble coraje, el dolor provocado por la más perra de las zorras que puede haber en este mundo y por la falta de alcohol.
-Ya, ya. ¿Qué le hizo?
-¿Que qué me hizo?- dije mientras me limpiaba a medias la baba que había salido como un hilillo que mojó toda la solapa del smoking
- No es lo que me hizo- dije mientras el grito se convertía en sollozo- es todo lo que me ha pasado.
Por principio de cuentas perdí mi trabajo hace una semana, sin razón la compañía quebró y estoy engrosando las putas filas del desempleo del pinche presidente disque del empleo.
-Pues yo tengo otro taxi, por si le interesa.
No escuché eso, estaba demasiado inmerso en el recuerdo, no me interesaba en lo más mínimo lo que dijera el taxista.
-Después ella llegó, tarde, pero llegó, todo iba bien, normal, como se puede esperar. Nos juramos amor eterno, nos besamos y siguieron las pendejadas de las fotos. Nos fuimos a la fiesta y ella se desapareció después del brindis, no la encontraba por ningún lado y fui a buscarla.
-Fue entonces cuando entré al vestidor del salón, ahí estaba, prensada de sus brazos, la muy puta.
-Uy, joven. ¡que mala mujer!
-No, más bien ¡que poca madre!
-Tiene razón, mire que engañarlo el día de su boda, creo que sería mejor mentársela. Si mi esposa me engañara después de mis horarios, digo, la entendería, me enojaría y le rompería la cara, pero la entendería, aguantar veinte años al mismo hombre, no debe ser fácil.
-Es que eso es lo peor.
-¿A qué se refiere, joven?
-A que me engañó con sangre de mi sangre… nunca me imaginé que pudieran ser tan mierdas.
-¿Y qué hizo cuando vio lo que pasaba?
-Me salí del vestidor y corrí al baño, no lo podía creer, ¡era imposible! ¡Después de toda la pinche faramalla hacer esas mamadas!
-¿Y luego, qué pasó?
-Pues me tranquilicé y decidí matarla.
Las manos volvieron a palpitarme como en el momento en el que veía sus ojos suplicantes, después de que le pedí un momento a solas para hablar, nos salimos del salón y le pedí que me acompañara a fumar un cigarro, ella aceptó sin decir nada, no se imaginaba que sabía.
-Entonces le dije que la había visto, mi hermana no atinó a decir nada sólo tartamudeaba una disculpa, la tomé por el cuello y la estrangulé, disfruté ver sus ojos mientras moría.
-¿Y no los buscaron cuando se tardaron?
-¿Por qué habrían de buscarnos? Finalmente era normal el desaparecer en las bodas, después de un rato nadie sabe donde anda uno
- Cuando sucedió todo pensé “Esto no está pasando, ¡no mames! Estoy hablando conmigo, pero tú tienes veinte años más que yo, seguro son las copas y el elefante blanco que ha de existir, es un sueño.”
-Sólo en la noche de bodas… un poco de sexo para intentar explicarme lo que había sucedido, pero no podías dejar de pensar en la situación, por que mi hermana se cogió a mi esposa por tan sólo unas copas de vino, ¡¡que va!! ¡Todo quedó en familia! de pronto me golpeo en la cabeza y quedé inconsciente, desperté en una ambulancia.
-Pero… despierto y pareciera no tener ningún golpe… Una semana en el hospital a causa de un traumatismo provocado por mi inconsciente.
-Interesante historia joven- responde sarcásticamente
-¡Claro que no! Bueno no del todo, mi vida es una vasca, ya no sé que hacer de ella, no me puedo perdonar-. Una risa macabra me hizo estremecer.
- Pues, en eso tienes razón, Carlos, es un poco difícil… pero no hay nada que no se pueda en esta vida, verás que encontrarás un buen motivo de vida, aunque nadie se haya percatado de que asesinaste a tu hermana y mataste a tu recién esposa, en el hotel antes de cogértela.
-¿Cómo sabe mi nombre? ¿Cómo sabe todo eso?- Observo al viejo del volante sorprendido y pienso que es un desvarío de mi parte, y que seguro es por las copas de Anís Mico que me he aventado durante todo el día.
- Mira mi tarjetón de taxista- me responde seguida de una risa tan convincente.
Mi visibilidad no era tan buena, por sobre todo el llanto que sostuve mientras platicaba con el bar tender, pero lo que vi no lo podía creer, era mi nombre, mis ojos oscuros, era yo, sólo esas arrugas, esos consejos me los estaba dando yo.
-Todo pasa, incluso el remordimiento de matar a tu propia hermana por haber enamorado a tu mujer- Responde con una sonrisa amigable, mientras que me deja a mi lugar de destino, lugar que nunca comenté a donde ir, pero que sabía en qué momento llegar.
Mario Alavez
El antro estaba atestado de gente, las luces intermitentes y la música a todo volumen, hacía un ambiente perfecto para mí, perdido en el anonimato, caminando sin detenerme entre la gente, siendo golpeado sin intención, derramando charquitos de vodka por todo el lugar.
Quería perderme en alcohol, quería dejar de saber de mi vida, al menos por el fin de semana, no tenía idea de cómo regresaría a mi casa, no sabía siquiera si podía dejar de beber.
La noche transcurría entre fantasmas multicolor, gente que bailaba, que ligaba, entraban y salían del baño, gente con los ojos perdidos, medianamente ebrios, que balbuceaban, peleaban con el aire o reían sin razón alguna.
El aire comenzaba a ser vicioso. Otro más. ¿cuántos van? Ya no sé, todo se nubla, los fantasmas ahora son amorfos, las luces son más intensas y más veloces, siento nauseas.
¿Sigues conmigo? Me preguntó Julio, el confidente desconocido detrás de la barra, el que sabe todas las historias, el psicólogo que se conforma con cien pesos de propina.
Si, si, dije manoteando torpemente, mientras hacía la seña de que me sirviera otro, mientras él se negaba yo insistí y le puse el dinero en la mesa, lo tomó y me sirvió el trago siguiente.
Me estaba gastando la mitad de mi liquidación en alcohol y no era siquiera la una de la mañana, estaba desesperado, abandonado, ni siquiera podía llorar, me sentía vacío.
Tuvieron que sacarme a rastras del bar, entre el suelo mojado, el mismo Julio me pidió un taxi.
Pasó más de media hora y por fin se detuvo uno, en el que por su apariencia, un carro casi destartalado, un Sedán de esos que ahora escasean en la Ciudad de México, pero que aún seguía andante, a paso lento pero constante.
El buen amigo Julio ayuda a subirme, mientras que yo, un poco inconsciente, me aferro a no abordarlo, sin embargo a Julio no le cuesta tanto trabajo; será por que no soy el primer borracho que se le cruza en su camino, por lo que la fuerza de sus brazos hacían constar esta afirmación.
El taxista, un hombre canoso, delgado, cuyo rostro pareciera estar atento a la situación, así mismo demostraba ser una persona muy preocupada; esperaba a que abordara el transporte muy paciente. Sólo nos observaba a detalle hasta que se cierra la puerta del auto, y el chofer hacer avanzarlo.
-A donde lo llevo joven - Inicia la conversación el taxista.
-A la perdición,¡¡ Lléveme al carajo!! – le respondo
Al fondo de esta conversación sólo se escucha la canción del Trío los Panchos Sin ti.
-Joven, ¿en dónde es su casa? – Insiste el viejo
-Mi casa, mi casa, mi jodida casa está en la Nueva Atzacoalco – le respondo al viejo mientras que mi cabeza se tambalea de uno a otro lado.
Me asomo a ver la ventana, y miro todo mi borroso alrededor, en el que siendo casi las dos de la mañana según mi reloj, la vida nocturna de esta ciudad.
-Pues el camino es largo joven, ¿qué lo tiene así?
-Su pinche música de anciano- le espeté, aunque la música me importaba un carajo, necesitaba desquitar el doble coraje, el dolor provocado por la más perra de las zorras que puede haber en este mundo y por la falta de alcohol.
-Ya, ya. ¿Qué le hizo?
-¿Que qué me hizo?- dije mientras me limpiaba a medias la baba que había salido como un hilillo que mojó toda la solapa del smoking
- No es lo que me hizo- dije mientras el grito se convertía en sollozo- es todo lo que me ha pasado.
Por principio de cuentas perdí mi trabajo hace una semana, sin razón la compañía quebró y estoy engrosando las putas filas del desempleo del pinche presidente disque del empleo.
-Pues yo tengo otro taxi, por si le interesa.
No escuché eso, estaba demasiado inmerso en el recuerdo, no me interesaba en lo más mínimo lo que dijera el taxista.
-Después ella llegó, tarde, pero llegó, todo iba bien, normal, como se puede esperar. Nos juramos amor eterno, nos besamos y siguieron las pendejadas de las fotos. Nos fuimos a la fiesta y ella se desapareció después del brindis, no la encontraba por ningún lado y fui a buscarla.
-Fue entonces cuando entré al vestidor del salón, ahí estaba, prensada de sus brazos, la muy puta.
-Uy, joven. ¡que mala mujer!
-No, más bien ¡que poca madre!
-Tiene razón, mire que engañarlo el día de su boda, creo que sería mejor mentársela. Si mi esposa me engañara después de mis horarios, digo, la entendería, me enojaría y le rompería la cara, pero la entendería, aguantar veinte años al mismo hombre, no debe ser fácil.
-Es que eso es lo peor.
-¿A qué se refiere, joven?
-A que me engañó con sangre de mi sangre… nunca me imaginé que pudieran ser tan mierdas.
-¿Y qué hizo cuando vio lo que pasaba?
-Me salí del vestidor y corrí al baño, no lo podía creer, ¡era imposible! ¡Después de toda la pinche faramalla hacer esas mamadas!
-¿Y luego, qué pasó?
-Pues me tranquilicé y decidí matarla.
Las manos volvieron a palpitarme como en el momento en el que veía sus ojos suplicantes, después de que le pedí un momento a solas para hablar, nos salimos del salón y le pedí que me acompañara a fumar un cigarro, ella aceptó sin decir nada, no se imaginaba que sabía.
-Entonces le dije que la había visto, mi hermana no atinó a decir nada sólo tartamudeaba una disculpa, la tomé por el cuello y la estrangulé, disfruté ver sus ojos mientras moría.
-¿Y no los buscaron cuando se tardaron?
-¿Por qué habrían de buscarnos? Finalmente era normal el desaparecer en las bodas, después de un rato nadie sabe donde anda uno
- Cuando sucedió todo pensé “Esto no está pasando, ¡no mames! Estoy hablando conmigo, pero tú tienes veinte años más que yo, seguro son las copas y el elefante blanco que ha de existir, es un sueño.”
-Sólo en la noche de bodas… un poco de sexo para intentar explicarme lo que había sucedido, pero no podías dejar de pensar en la situación, por que mi hermana se cogió a mi esposa por tan sólo unas copas de vino, ¡¡que va!! ¡Todo quedó en familia! de pronto me golpeo en la cabeza y quedé inconsciente, desperté en una ambulancia.
-Pero… despierto y pareciera no tener ningún golpe… Una semana en el hospital a causa de un traumatismo provocado por mi inconsciente.
-Interesante historia joven- responde sarcásticamente
-¡Claro que no! Bueno no del todo, mi vida es una vasca, ya no sé que hacer de ella, no me puedo perdonar-. Una risa macabra me hizo estremecer.
- Pues, en eso tienes razón, Carlos, es un poco difícil… pero no hay nada que no se pueda en esta vida, verás que encontrarás un buen motivo de vida, aunque nadie se haya percatado de que asesinaste a tu hermana y mataste a tu recién esposa, en el hotel antes de cogértela.
-¿Cómo sabe mi nombre? ¿Cómo sabe todo eso?- Observo al viejo del volante sorprendido y pienso que es un desvarío de mi parte, y que seguro es por las copas de Anís Mico que me he aventado durante todo el día.
- Mira mi tarjetón de taxista- me responde seguida de una risa tan convincente.
Mi visibilidad no era tan buena, por sobre todo el llanto que sostuve mientras platicaba con el bar tender, pero lo que vi no lo podía creer, era mi nombre, mis ojos oscuros, era yo, sólo esas arrugas, esos consejos me los estaba dando yo.
-Todo pasa, incluso el remordimiento de matar a tu propia hermana por haber enamorado a tu mujer- Responde con una sonrisa amigable, mientras que me deja a mi lugar de destino, lugar que nunca comenté a donde ir, pero que sabía en qué momento llegar.
lunes, 10 de mayo de 2010
¿Sexo ó amor?... ¡sexo!
Por: Tikis
Hoy daré inicio a contar la corta, pero bien aprovechada aventura que viví hace ya algún tiempo, todo comenzó una noche calurosa, yo me encontraba caminando por la calle Manzanares de la colonia San Gerónimo, iba de regreso del trabajo, todos los días paso por el mismo lugar ya que el microbús me deja a unas cuantas cuadras de mi casa, sin embargo, eso nunca me ha molestado, porque llegar a mi calle es realmente grato, más cuando veo a doña Martha una viejecilla de 80 años sentada afuera, en su patio, disque tomando el fresco, cuando en realidad sale a observar con una mirada libidinosa a cuanto hombre se le ocurre pasar cerca de la rejilla que adorna su casa. Ciertamente es un hombre en específico, Guillermo, mejor conocido como “el muñeco”, un hombre de 28 años, alto, moreno, fornido, y debo admitir que apuesto, muy apuesto, todas las mujeres de Manzanares babeaban por él, nunca faltaban los coqueteos e incluso los regalitos para amarrarlo.
Pero en fin, continuando con la descripción de aquella noche, no puedo dejar de lado a la principal testigo de un hecho sin duda relevante en mi vida, la ya mencionada Manzanares, y es que esta calle es realmente bella, en toda su longitud hay un sin número de farolillos que por la noche alumbran con gran singularidad y le dan un toque un tanto romántico, llegando a la mitad se encuentra una jardinera, con flores de múltiples colores que esparcen un dulce olor, a su alrededor, están las bancas que acostumbran ser utilizadas por las parejas de jovencitos que juegan a ser adultos, sí, juegan a ser adultos porque ni siquiera saben lo que es el amor y ya están como muéganos pegados haciéndose grandes promesas, siempre que los miro me parecen absurdos, patéticos, pero a veces creo que todo eso en realidad es envidia, no puedo decir que de la buena porque dicen que esa no existe, así que es sólo envidia porque a mis 45 años no he podido consolidar una relación de pareja.
En mi adolescencia tuve un par de noviecillos, entre ellos el ingrato de Pedro, ese sólo quería llevarme a la cama, pero como yo siempre he sido una mujer madura obvio no lo logró, bueno, no lo logró cuando él quiso, pero después solita y sin paracaídas yo me avente al abismo de su desamor, a su falta de romanticismo y a sus enormes ganas de utilizarme sólo como un objeto sexual, me puse de pechito como quien dice y así también fue para mi desgracia, con Luis, Roberto y Andrés.
Nunca había conocido el gran amor, ese donde estúpidamente te sientes en las nubes, donde todo es lindo, tierno, amable, y a su vez seductor, apasionante e intenso, ningún hombre hasta entonces me había satisfecho, todos habían sido como un amasador, porque parecía que fuese yo un pedazo de masa, me sobaban en vez de acariciarme, de disfrutar mi suave piel de una manera tierna, nada había sido romántico ni suficiente para excitarme de manera verdadera, ellos habían sido unos brutos y yo una mujer insatisfecha en el ámbito sexual y emocional.
Pero todo cambió aquella noche, aquella donde inesperadamente se posó frente a mí tremenda figura, aquella donde sentí por primera vez ese nerviosismo que invade todo tu cuerpo y te hace sudar, y es que al caminar como dije, directo a casa, él de golpe se me apareció, al verlo me quedé estupefacta, sólo con el silencio y Manzanares de testigos. Me impresionó sin duda su mirada, nunca antes la había visto así, fijamente, en verdad era cautivadora, fue como si me hipnotizara, porque no pude mover una sola de mis extremidades, cuando de pronto, con una voz seductora me dijo: ¡Buenas noches, hermosa! Yo sin duda me emocioné, pues hace tiempo que un hombre no me llamaba de tal forma, así que le respondí: ¡Buenas noches Memo, que se le ofrece! Sí, efectivamente era el Guillermo aquel, el muñeco, el hombre que para apenas esa mañana me resultaba un vividor. Sin permitirme el paso, se acercó a mi oído y me cuestionó: ¿Ya le habían dicho antes que es usted muy atractiva?, ¿qué tiene un olor tan peculiar que puedo olerlo a metros de distancia? Su voz en mi oído me erizo por completo la piel, me sentí excitada, más cuando al despegarse rozo accidentalmente mi mejilla, yo me encontraba sorprendida pero deseosa, muy deseosa de aquel hombre. Corrí apresuradamente sin mirar a atrás, no le respondí, llegué a mi casa, luego me adentré en mi habitación y me encerré por horas, no daba cuenta de lo que me había sucedido, ¿cómo era posible que a mi edad un muchachito podía agarrarme tan desprevenida?, me había excitado más que en toda un noche completa de sexo con mis anteriores parejas. Lloré, lloré como una niña pequeña, no sé si por la falta de un hombre, o por darme cuenta que dentro de mí yacía una hembra, con fantasías y deseos de aventurarme a una experiencia que me convirtiera en una verdadera mujer, en una mujer en toda la extensión de la palabra.
No dormí en toda la noche, la voz de Memo retumbaba en mis oídos, la sensación de rozar su piel se repetía una y otra, y otra vez. A la mañana siguiente alguien tocó a mi puerta, al abrir descubrí que habían dejado un paquete, no traía remitente, cerré y me dirigí hacia la sala, me senté sobre el sofá, al abrir el misterioso bulto, sorpresivamente descubrí que era una caja de madera, dentro de ésta había una llave con una nota que decía: “Tienes en tus manos la llave que abre mi corazón, ven cuando así lo quieras”. A mi mente llegó Guillermo, tenía la firme convicción que había sido él, no salí en todo el día hasta pasada la medianoche, cuando decidida, salí a averiguar lo que podría abrir aquella llave. Me dirigí a su casa, sí, a la casa de Memo, con profundo miedo vigilé que nadie me mirase, temblorosa, metí la llave en la cerradura, sin esfuerzo alguno entró, no supe qué hacer y cuando estaba a punto de darme la vuelta y retirarme, la puerta se abrió, ahí estaba él, sonriéndome e incitándome con esa mirada a pasar, sin tanto esperar me dijo: ¡Creí que no llegabas linda, pero pasa, que tengo algo preparado para ti! Yo me sonrojé pero no dude en entrar, oportunidades como esa no se daban todos los días.
Al entrar a la casa inmediatamente me percaté que la había aseado, aún podía olerse el penetrante olor del limpia pisos, frente a la puerta se encontraban las escaleras, al mirar hacia arriba podía verse el barandal y uno de los cuartos, aún lado de las escaleras en la pared más próxima, había una pequeña mesa donde se encontraba el teléfono y junto a éste un directorio con un porta plumas, todo estaba perfectamente acomodado. Él sujetó mi mano y me llevó hacia el otro cuarto, ahí estaba la sala, con la mesa de centro adornada con un gran número de velas aromatizantes, había preparado una ensalada, varias brochetas de fruta con chocolate y dos copas listas para servir el vino blanco que reposaba dentro de la cubetera.
Yo no podía creer lo que pasaba, era realmente como estar viviendo un sueño, no entendía cuales eran las verdaderas intenciones de este hombre para conmigo, al principio me porte reacia, pero cuando me invitó a sentarme al ras de la mesa y comenzamos a platicar, mi actitud había cambiado. Mientras cenábamos nunca me atreví a preguntarle el por qué de este suceso, la verdad es que sólo quería disfrutar de su compañía y olvidar por un momento la soledad que por años me había invadido. En el transcurso se rozaron nuestras manos, se cruzaron nuestras miradas, compartimos carcajadas, hasta que inesperadamente me besó, fue realmente lo más delicioso y excitante que me había pasado en toda la vida, tanto que inmediatamente sentí la necesidad de pegar mi cuerpo con el suyo, de frotar mi clítoris con su pene, así que suavemente nos entrelazamos. Él comenzó con besos en la oreja, pasándose al cuello y después a los hombros que lentamente descubrió bajándome la blusa, de pronto mientras él se encontraba sentado en el piso, recargado sobre el sofá, yo con las piernas abiertas me monté en él, me desabotonó la blusa mientras iba besando mis pechos que poco a poco quedaban al descubierto, yo no dejaba de acariciarle la cabeza fuertemente a consecuencia de mi excitación.
Después me tomó por las nalgas y me cargó para así poderme recostar en el sofá, se quitó la camisa, yo enseguida me abalance a besar su pecho, parecía una fiera en celo, se volvió contra mí y me retiró por completo mi sostén, chupaba mis pezones lo que me producían un leve gemido, de pronto, metió su mano bajo mi falda y acarició lentamente mi vulva, comenzaba a humedecerme, quitó por completo mis prendas y se dispuso a desabrocharse el pantalón, al desprenderse de él, vi su pene erecto, grueso, dirigirse hacia mi vagina, sentí primero la punta, empujándolo suavemente lo sentí a la mitad hasta que por fin llegó hasta adentro, me había penetrado, mi vagina se comprimía provocándome mayor deseo, con su mano seguía acariciándome el clítoris, sacó por unos segundos su pene y me hizo voltear, se recostó junto a mí y me hizo alzar mi pierna derecha, tomó su pene y volvió a penetrar mi vagina, yo sentía como su vello púbico rozaba mis nalgas, al cabo de unos minutos, volvió a ponerme de frente, su lengua intentaba introducir mi vagina, luego succionaba mis labios, hasta que logré mojarme, yo me incliné decidida a corresponderle de la misma manera, en mi boca metí y saque su pene, acaricie su glande y después de un rato volvió a penetrarme, fue ahí, dentro de mí donde eyaculó.
Aquel momento indudablemente fue perfecto, después de un par de horas me retiré sin decir una sola palabra, él tampoco habló, me dirigí a mi casa, ni siquiera me acompañó, estaba realmente abrumada, por un lado había experimentado la más grande satisfacción sexual, pero por el otro, en lo emocional, estaba un poco decepcionada, decidí no darle mayor importancia, después de todo qué más daba si no era él, el príncipe azul que alguna vez de adolescente había soñado encontrar, porque sin siquiera habérselo pedido, ya me había hecho sentir realmente una mujer.
Al día siguiente no supe en lo absoluto de él, estaba tan cansada que me la pasé recostada sobre la cama, medio desayuné y comí unos panecillos con jugo mientras seguía descansando, llegó la noche y a la mañana siguiente, ahí estaba, frente a mi puerta con un enorme ramo de flores, tocó y sin nada que hacer, le abrí, no tomé importante el detalle que traía en sus manos, en ese momento, después de reflexionarlo toda la noche, ya no era tan significativo que ese hombre se enamorara de mí, era más significativo que aquella fogosa experiencia se repitiera nuevamente, y para mi suerte, el deseo se me hizo realidad por un par de semanas más.
Un día sin explicación alguna me cambió por Martha, no la viejecita de la que les platiqué al principio, no la que veía con libido a mi muñeco, no, esa no, sino otra Martha, una supuesta cajera del supermercado, igual de mayorcita que yo, pero me percaté que eso no me molestaba, él me había enseñado y brindado ya, ardientes momentos que para mí eran suficientes, fue ahí donde dejé salir mi lado amable, no peleé, las demás mujeres también tenía derecho a experimentar lo que yo había vivido, estaba segura que a esa Martha o a cualquiera otra también las haría dichosas momentos tan placenteros, no me comporté envidiosa, entre más mujeres plenas sexualmente mejor, al fin y al cabo lo que yo gocé nadie podría ya quitármelo.
Hoy daré inicio a contar la corta, pero bien aprovechada aventura que viví hace ya algún tiempo, todo comenzó una noche calurosa, yo me encontraba caminando por la calle Manzanares de la colonia San Gerónimo, iba de regreso del trabajo, todos los días paso por el mismo lugar ya que el microbús me deja a unas cuantas cuadras de mi casa, sin embargo, eso nunca me ha molestado, porque llegar a mi calle es realmente grato, más cuando veo a doña Martha una viejecilla de 80 años sentada afuera, en su patio, disque tomando el fresco, cuando en realidad sale a observar con una mirada libidinosa a cuanto hombre se le ocurre pasar cerca de la rejilla que adorna su casa. Ciertamente es un hombre en específico, Guillermo, mejor conocido como “el muñeco”, un hombre de 28 años, alto, moreno, fornido, y debo admitir que apuesto, muy apuesto, todas las mujeres de Manzanares babeaban por él, nunca faltaban los coqueteos e incluso los regalitos para amarrarlo.
Pero en fin, continuando con la descripción de aquella noche, no puedo dejar de lado a la principal testigo de un hecho sin duda relevante en mi vida, la ya mencionada Manzanares, y es que esta calle es realmente bella, en toda su longitud hay un sin número de farolillos que por la noche alumbran con gran singularidad y le dan un toque un tanto romántico, llegando a la mitad se encuentra una jardinera, con flores de múltiples colores que esparcen un dulce olor, a su alrededor, están las bancas que acostumbran ser utilizadas por las parejas de jovencitos que juegan a ser adultos, sí, juegan a ser adultos porque ni siquiera saben lo que es el amor y ya están como muéganos pegados haciéndose grandes promesas, siempre que los miro me parecen absurdos, patéticos, pero a veces creo que todo eso en realidad es envidia, no puedo decir que de la buena porque dicen que esa no existe, así que es sólo envidia porque a mis 45 años no he podido consolidar una relación de pareja.
En mi adolescencia tuve un par de noviecillos, entre ellos el ingrato de Pedro, ese sólo quería llevarme a la cama, pero como yo siempre he sido una mujer madura obvio no lo logró, bueno, no lo logró cuando él quiso, pero después solita y sin paracaídas yo me avente al abismo de su desamor, a su falta de romanticismo y a sus enormes ganas de utilizarme sólo como un objeto sexual, me puse de pechito como quien dice y así también fue para mi desgracia, con Luis, Roberto y Andrés.
Nunca había conocido el gran amor, ese donde estúpidamente te sientes en las nubes, donde todo es lindo, tierno, amable, y a su vez seductor, apasionante e intenso, ningún hombre hasta entonces me había satisfecho, todos habían sido como un amasador, porque parecía que fuese yo un pedazo de masa, me sobaban en vez de acariciarme, de disfrutar mi suave piel de una manera tierna, nada había sido romántico ni suficiente para excitarme de manera verdadera, ellos habían sido unos brutos y yo una mujer insatisfecha en el ámbito sexual y emocional.
Pero todo cambió aquella noche, aquella donde inesperadamente se posó frente a mí tremenda figura, aquella donde sentí por primera vez ese nerviosismo que invade todo tu cuerpo y te hace sudar, y es que al caminar como dije, directo a casa, él de golpe se me apareció, al verlo me quedé estupefacta, sólo con el silencio y Manzanares de testigos. Me impresionó sin duda su mirada, nunca antes la había visto así, fijamente, en verdad era cautivadora, fue como si me hipnotizara, porque no pude mover una sola de mis extremidades, cuando de pronto, con una voz seductora me dijo: ¡Buenas noches, hermosa! Yo sin duda me emocioné, pues hace tiempo que un hombre no me llamaba de tal forma, así que le respondí: ¡Buenas noches Memo, que se le ofrece! Sí, efectivamente era el Guillermo aquel, el muñeco, el hombre que para apenas esa mañana me resultaba un vividor. Sin permitirme el paso, se acercó a mi oído y me cuestionó: ¿Ya le habían dicho antes que es usted muy atractiva?, ¿qué tiene un olor tan peculiar que puedo olerlo a metros de distancia? Su voz en mi oído me erizo por completo la piel, me sentí excitada, más cuando al despegarse rozo accidentalmente mi mejilla, yo me encontraba sorprendida pero deseosa, muy deseosa de aquel hombre. Corrí apresuradamente sin mirar a atrás, no le respondí, llegué a mi casa, luego me adentré en mi habitación y me encerré por horas, no daba cuenta de lo que me había sucedido, ¿cómo era posible que a mi edad un muchachito podía agarrarme tan desprevenida?, me había excitado más que en toda un noche completa de sexo con mis anteriores parejas. Lloré, lloré como una niña pequeña, no sé si por la falta de un hombre, o por darme cuenta que dentro de mí yacía una hembra, con fantasías y deseos de aventurarme a una experiencia que me convirtiera en una verdadera mujer, en una mujer en toda la extensión de la palabra.
No dormí en toda la noche, la voz de Memo retumbaba en mis oídos, la sensación de rozar su piel se repetía una y otra, y otra vez. A la mañana siguiente alguien tocó a mi puerta, al abrir descubrí que habían dejado un paquete, no traía remitente, cerré y me dirigí hacia la sala, me senté sobre el sofá, al abrir el misterioso bulto, sorpresivamente descubrí que era una caja de madera, dentro de ésta había una llave con una nota que decía: “Tienes en tus manos la llave que abre mi corazón, ven cuando así lo quieras”. A mi mente llegó Guillermo, tenía la firme convicción que había sido él, no salí en todo el día hasta pasada la medianoche, cuando decidida, salí a averiguar lo que podría abrir aquella llave. Me dirigí a su casa, sí, a la casa de Memo, con profundo miedo vigilé que nadie me mirase, temblorosa, metí la llave en la cerradura, sin esfuerzo alguno entró, no supe qué hacer y cuando estaba a punto de darme la vuelta y retirarme, la puerta se abrió, ahí estaba él, sonriéndome e incitándome con esa mirada a pasar, sin tanto esperar me dijo: ¡Creí que no llegabas linda, pero pasa, que tengo algo preparado para ti! Yo me sonrojé pero no dude en entrar, oportunidades como esa no se daban todos los días.
Al entrar a la casa inmediatamente me percaté que la había aseado, aún podía olerse el penetrante olor del limpia pisos, frente a la puerta se encontraban las escaleras, al mirar hacia arriba podía verse el barandal y uno de los cuartos, aún lado de las escaleras en la pared más próxima, había una pequeña mesa donde se encontraba el teléfono y junto a éste un directorio con un porta plumas, todo estaba perfectamente acomodado. Él sujetó mi mano y me llevó hacia el otro cuarto, ahí estaba la sala, con la mesa de centro adornada con un gran número de velas aromatizantes, había preparado una ensalada, varias brochetas de fruta con chocolate y dos copas listas para servir el vino blanco que reposaba dentro de la cubetera.
Yo no podía creer lo que pasaba, era realmente como estar viviendo un sueño, no entendía cuales eran las verdaderas intenciones de este hombre para conmigo, al principio me porte reacia, pero cuando me invitó a sentarme al ras de la mesa y comenzamos a platicar, mi actitud había cambiado. Mientras cenábamos nunca me atreví a preguntarle el por qué de este suceso, la verdad es que sólo quería disfrutar de su compañía y olvidar por un momento la soledad que por años me había invadido. En el transcurso se rozaron nuestras manos, se cruzaron nuestras miradas, compartimos carcajadas, hasta que inesperadamente me besó, fue realmente lo más delicioso y excitante que me había pasado en toda la vida, tanto que inmediatamente sentí la necesidad de pegar mi cuerpo con el suyo, de frotar mi clítoris con su pene, así que suavemente nos entrelazamos. Él comenzó con besos en la oreja, pasándose al cuello y después a los hombros que lentamente descubrió bajándome la blusa, de pronto mientras él se encontraba sentado en el piso, recargado sobre el sofá, yo con las piernas abiertas me monté en él, me desabotonó la blusa mientras iba besando mis pechos que poco a poco quedaban al descubierto, yo no dejaba de acariciarle la cabeza fuertemente a consecuencia de mi excitación.
Después me tomó por las nalgas y me cargó para así poderme recostar en el sofá, se quitó la camisa, yo enseguida me abalance a besar su pecho, parecía una fiera en celo, se volvió contra mí y me retiró por completo mi sostén, chupaba mis pezones lo que me producían un leve gemido, de pronto, metió su mano bajo mi falda y acarició lentamente mi vulva, comenzaba a humedecerme, quitó por completo mis prendas y se dispuso a desabrocharse el pantalón, al desprenderse de él, vi su pene erecto, grueso, dirigirse hacia mi vagina, sentí primero la punta, empujándolo suavemente lo sentí a la mitad hasta que por fin llegó hasta adentro, me había penetrado, mi vagina se comprimía provocándome mayor deseo, con su mano seguía acariciándome el clítoris, sacó por unos segundos su pene y me hizo voltear, se recostó junto a mí y me hizo alzar mi pierna derecha, tomó su pene y volvió a penetrar mi vagina, yo sentía como su vello púbico rozaba mis nalgas, al cabo de unos minutos, volvió a ponerme de frente, su lengua intentaba introducir mi vagina, luego succionaba mis labios, hasta que logré mojarme, yo me incliné decidida a corresponderle de la misma manera, en mi boca metí y saque su pene, acaricie su glande y después de un rato volvió a penetrarme, fue ahí, dentro de mí donde eyaculó.
Aquel momento indudablemente fue perfecto, después de un par de horas me retiré sin decir una sola palabra, él tampoco habló, me dirigí a mi casa, ni siquiera me acompañó, estaba realmente abrumada, por un lado había experimentado la más grande satisfacción sexual, pero por el otro, en lo emocional, estaba un poco decepcionada, decidí no darle mayor importancia, después de todo qué más daba si no era él, el príncipe azul que alguna vez de adolescente había soñado encontrar, porque sin siquiera habérselo pedido, ya me había hecho sentir realmente una mujer.
Al día siguiente no supe en lo absoluto de él, estaba tan cansada que me la pasé recostada sobre la cama, medio desayuné y comí unos panecillos con jugo mientras seguía descansando, llegó la noche y a la mañana siguiente, ahí estaba, frente a mi puerta con un enorme ramo de flores, tocó y sin nada que hacer, le abrí, no tomé importante el detalle que traía en sus manos, en ese momento, después de reflexionarlo toda la noche, ya no era tan significativo que ese hombre se enamorara de mí, era más significativo que aquella fogosa experiencia se repitiera nuevamente, y para mi suerte, el deseo se me hizo realidad por un par de semanas más.
Un día sin explicación alguna me cambió por Martha, no la viejecita de la que les platiqué al principio, no la que veía con libido a mi muñeco, no, esa no, sino otra Martha, una supuesta cajera del supermercado, igual de mayorcita que yo, pero me percaté que eso no me molestaba, él me había enseñado y brindado ya, ardientes momentos que para mí eran suficientes, fue ahí donde dejé salir mi lado amable, no peleé, las demás mujeres también tenía derecho a experimentar lo que yo había vivido, estaba segura que a esa Martha o a cualquiera otra también las haría dichosas momentos tan placenteros, no me comporté envidiosa, entre más mujeres plenas sexualmente mejor, al fin y al cabo lo que yo gocé nadie podría ya quitármelo.
martes, 2 de marzo de 2010
CATORCE DE FEBRERO
Por Yuquiabe Romero
Hoy es catorce de Febrero. Una fecha muy importante para mí y mi familia. No está de más, puesto que hoy celebramos mi boda. El evento se celebrará a las cinco de la tarde, en medio de una inmensa organización que llevó planeando desde hace dos años.
Ulises, está un poco nervioso por la situación. Desde las ocho de la mañana todos estamos vistiéndonos y perfumándonos como si fuera una fiesta de disfraces; y es que nunca he visto a mis familiares tan de gala como hoy. Ni siquiera en los quince años de mi prima “la chule”. No era para más y es que el gobernador de mi entidad fue mi padrino de boda.
Aquel gobernador que es por todos conocidos pero que en pocas ocasiones está dispuesto a colaborar con los eventos sociales, son de esos políticos marros de los que casi ni se ven por el país.
Resultó invitado por que Ulises trabaja como su brazo derecho, va y viene con él, hasta pareciera que es su gato de cuatro patas, sólo que esos gatos tienen más derechos y menos obligaciones.
Mi novio, Ulises, está vestido con un traje al estilo Pachuco negro, y sus zapatos de charol, esto por que resulta ser fan de Germán Valdez y su familia. Sé cómo iba vestido por que aunque esté prohibido ver a la novia o el novio el día de la boda, nos hemos escapado unos minutos para darnos unos pequeños besos, ¿Cómo es posible que nos prohíban tal cosa si lo estaré viendo el resto de mi vida?
En cuanto a mis ropas, sólo es un vestido de novia muy sencillo, pues ante tantos gastos que se hacen, es irónico que se gaste millones de pesos por un vestido que sólo me pondré en una noche y que es seguro que habrá niños que les encanta girar y girar en la pista de baile y que de tanta vuelta, me rompan el vestido tan lujoso que llevo.
Al salir de la iglesia se escucha “Tus besos” de Tin Tan, seguida de la canción de Lennon, “Love”, mientras que todos los presentes nos bañan con arroz, y pétalos de rosa. Unos llorando por la emotividad del día y otros con la cara de envidia.
La boda será transmitida por la televisión local, sólo con la idea propagandística de apoyar al Gobernador por que según esto, se organizó una rifa y cuyo premio sería pagar los gastos de la boda.
El lugar que se eligió para la fiesta fue en un jardín fuera de la ciudad, que tiene aproximadamente media hectárea y con un pequeño lago, y es que según mi padre era una fecha muy especial como para dejarlo en un pequeño salón de fiestas. Además de que se decidió invitar a todo el pelotón que llegó a trabajar con mi padre. El ambiente era tan cálido y enorme que no encuentro por ninguna parte a mi madre por que ella está enojada conmigo. Aún así, todo sale a la perfección.
Al lugar llegaron mariachis y tríos que se dedicaron a cantar “La gloria eres tu”, “Azul”, “Bonita” entre otros. El evento duró aproximadamente ocho horas sin que nadie se pusiera impertinente, como en todas las fiestas.
No era para más pero como la mayoría de los que asistieron a la fiesta eran los “soldaditos de plomo” pues no hubo mucho alcohol.
Cuando mi novio pidió mi mano, fue un relajo, por que mi padre es militar, muy exigente, una persona muy seria y de pocas “pulgas” y mi madre es una señora muy dulce. Pero quién iba a pensar que el que aceptó la relación con Ulises era precisamente mi padre, y en esos momentos la que se puso como ogro fue la más dulce de mi hogar, mientras que Ulises, nervioso, pero seguro de lo que estaba diciendo, tomó de mi mano y nos fuimos de mi casa dos días después.
Quizá a mi padre no le importó tanto por que casi no se encontraba en mi casa, siempre lo mandaban a hacer trabajos fuera del país. Mientras que mi madre ciertamente me consentía, además de ser la única hija.
Los familiares de mi novio eran muy tranquilos, durante mi noviazgo con él nunca llegué a tener problema alguno con ellos, ni con sus siete hermanos. Sus padres para ese entonces ya habían fallecido en un accidente desde hace siete años. Un maniático del volante chocó con el autobús en el que venían de la ciudad para visitar a sus familiares en Puebla.
Sólo nos enteramos de este accidente por que salió en la televisión y aparecieron los objetos personales de mis suegros regados, junto con la bolsa de dulces tradicionales del lugar.
Mi familia siempre pensó que mi matrimonio era desencadenado por un embarazo, pero no era así. Simplemente se dio por que amo a mi pareja y punto. Otros más pensaron que de seguro él se casaba conmigo por la herencia que seguro mi padre dejaría o que se yo, lo cierto es que a Ulises lo veo muy enamorado de mi.
Son ideas muy sosas pero apuesto a que no soy ni seré la única que sufrirá con la manera de pensar de mi familia.
Cada que cumplíamos un año más de noviazgo, Ulises y yo nos íbamos a la playa a contemplar el atardecer, y a tomar un helado, no sin antes haberme regalado un peluche y unos chocolates, que cada año eran más grandes.
Como si cada año me dijera, “come más y más… ocupa tus peluches como almohada para que siempre me recuerdes hasta en tus sueños”.
Sé que era muy común que me diera esos regalos pero siempre se quebraba la cabeza con los detalles, y es que en sí lo que le decía que me gustaba, nada más no le parecía y optaba por comprar otra cosa.
Yo también llegué a ser detallista, pero era más de hacer cosas como playeras, tarjetas, en fin, mi creatividad estaba que daba todo.
Hasta incluso le escribí una canción y él decidió hacerla en música. Así que cada que cumplíamos años de noviazgo, ambos cantábamos esa canción.
La letra de la canción era algo así como Entre Pairos y Derivas de Delgadillo.
Todos decían que nuestro romance no duraría y que en realidad sólo amor de calientes, pero acabamos de demostrarles a todos que se equivocaban.
Nuestros aniversarios justamente eran el catorce de Febrero. Cuando se me declaró fue con todos sus amigos a dejarme una rosa roja y tímidamente me regaló una carta diciendo sólo que le gustaba. Cuando lo tuve frente a mi, le pregunté que era lo que realmente quería de mí, y lo único que hice fue complementar lo que según yo quería que me dijera.
Ahora sólo despierto, veo el amanecer y noto que hoy, es catorce de Febrero y que mi boda es sólo un sueño y que me encuentro sola en una habitación fría.
Que realmente mis padres se han separado y que esa ilusión que tengo sobre mi matrimonio se desmorona.
Bajo las escaleras, me dirijo a la cocina y me preparo un café que desde hace años lo pruebo desabrido por que no tengo amor real.
-¿El catorce de Febrero es una ilusión materialista?, ¿Acaso no existe un príncipe azul real?, me pregunté.
Salgo de mi casa y veo toda la ciudad rodeada de osos de peluche, globos y adornos rojos y no hago más que ver un amanecer amargo.
Hoy es catorce de Febrero. Una fecha muy importante para mí y mi familia. No está de más, puesto que hoy celebramos mi boda. El evento se celebrará a las cinco de la tarde, en medio de una inmensa organización que llevó planeando desde hace dos años.
Ulises, está un poco nervioso por la situación. Desde las ocho de la mañana todos estamos vistiéndonos y perfumándonos como si fuera una fiesta de disfraces; y es que nunca he visto a mis familiares tan de gala como hoy. Ni siquiera en los quince años de mi prima “la chule”. No era para más y es que el gobernador de mi entidad fue mi padrino de boda.
Aquel gobernador que es por todos conocidos pero que en pocas ocasiones está dispuesto a colaborar con los eventos sociales, son de esos políticos marros de los que casi ni se ven por el país.
Resultó invitado por que Ulises trabaja como su brazo derecho, va y viene con él, hasta pareciera que es su gato de cuatro patas, sólo que esos gatos tienen más derechos y menos obligaciones.
Mi novio, Ulises, está vestido con un traje al estilo Pachuco negro, y sus zapatos de charol, esto por que resulta ser fan de Germán Valdez y su familia. Sé cómo iba vestido por que aunque esté prohibido ver a la novia o el novio el día de la boda, nos hemos escapado unos minutos para darnos unos pequeños besos, ¿Cómo es posible que nos prohíban tal cosa si lo estaré viendo el resto de mi vida?
En cuanto a mis ropas, sólo es un vestido de novia muy sencillo, pues ante tantos gastos que se hacen, es irónico que se gaste millones de pesos por un vestido que sólo me pondré en una noche y que es seguro que habrá niños que les encanta girar y girar en la pista de baile y que de tanta vuelta, me rompan el vestido tan lujoso que llevo.
Al salir de la iglesia se escucha “Tus besos” de Tin Tan, seguida de la canción de Lennon, “Love”, mientras que todos los presentes nos bañan con arroz, y pétalos de rosa. Unos llorando por la emotividad del día y otros con la cara de envidia.
La boda será transmitida por la televisión local, sólo con la idea propagandística de apoyar al Gobernador por que según esto, se organizó una rifa y cuyo premio sería pagar los gastos de la boda.
El lugar que se eligió para la fiesta fue en un jardín fuera de la ciudad, que tiene aproximadamente media hectárea y con un pequeño lago, y es que según mi padre era una fecha muy especial como para dejarlo en un pequeño salón de fiestas. Además de que se decidió invitar a todo el pelotón que llegó a trabajar con mi padre. El ambiente era tan cálido y enorme que no encuentro por ninguna parte a mi madre por que ella está enojada conmigo. Aún así, todo sale a la perfección.
Al lugar llegaron mariachis y tríos que se dedicaron a cantar “La gloria eres tu”, “Azul”, “Bonita” entre otros. El evento duró aproximadamente ocho horas sin que nadie se pusiera impertinente, como en todas las fiestas.
No era para más pero como la mayoría de los que asistieron a la fiesta eran los “soldaditos de plomo” pues no hubo mucho alcohol.
Cuando mi novio pidió mi mano, fue un relajo, por que mi padre es militar, muy exigente, una persona muy seria y de pocas “pulgas” y mi madre es una señora muy dulce. Pero quién iba a pensar que el que aceptó la relación con Ulises era precisamente mi padre, y en esos momentos la que se puso como ogro fue la más dulce de mi hogar, mientras que Ulises, nervioso, pero seguro de lo que estaba diciendo, tomó de mi mano y nos fuimos de mi casa dos días después.
Quizá a mi padre no le importó tanto por que casi no se encontraba en mi casa, siempre lo mandaban a hacer trabajos fuera del país. Mientras que mi madre ciertamente me consentía, además de ser la única hija.
Los familiares de mi novio eran muy tranquilos, durante mi noviazgo con él nunca llegué a tener problema alguno con ellos, ni con sus siete hermanos. Sus padres para ese entonces ya habían fallecido en un accidente desde hace siete años. Un maniático del volante chocó con el autobús en el que venían de la ciudad para visitar a sus familiares en Puebla.
Sólo nos enteramos de este accidente por que salió en la televisión y aparecieron los objetos personales de mis suegros regados, junto con la bolsa de dulces tradicionales del lugar.
Mi familia siempre pensó que mi matrimonio era desencadenado por un embarazo, pero no era así. Simplemente se dio por que amo a mi pareja y punto. Otros más pensaron que de seguro él se casaba conmigo por la herencia que seguro mi padre dejaría o que se yo, lo cierto es que a Ulises lo veo muy enamorado de mi.
Son ideas muy sosas pero apuesto a que no soy ni seré la única que sufrirá con la manera de pensar de mi familia.
Cada que cumplíamos un año más de noviazgo, Ulises y yo nos íbamos a la playa a contemplar el atardecer, y a tomar un helado, no sin antes haberme regalado un peluche y unos chocolates, que cada año eran más grandes.
Como si cada año me dijera, “come más y más… ocupa tus peluches como almohada para que siempre me recuerdes hasta en tus sueños”.
Sé que era muy común que me diera esos regalos pero siempre se quebraba la cabeza con los detalles, y es que en sí lo que le decía que me gustaba, nada más no le parecía y optaba por comprar otra cosa.
Yo también llegué a ser detallista, pero era más de hacer cosas como playeras, tarjetas, en fin, mi creatividad estaba que daba todo.
Hasta incluso le escribí una canción y él decidió hacerla en música. Así que cada que cumplíamos años de noviazgo, ambos cantábamos esa canción.
La letra de la canción era algo así como Entre Pairos y Derivas de Delgadillo.
Todos decían que nuestro romance no duraría y que en realidad sólo amor de calientes, pero acabamos de demostrarles a todos que se equivocaban.
Nuestros aniversarios justamente eran el catorce de Febrero. Cuando se me declaró fue con todos sus amigos a dejarme una rosa roja y tímidamente me regaló una carta diciendo sólo que le gustaba. Cuando lo tuve frente a mi, le pregunté que era lo que realmente quería de mí, y lo único que hice fue complementar lo que según yo quería que me dijera.
Ahora sólo despierto, veo el amanecer y noto que hoy, es catorce de Febrero y que mi boda es sólo un sueño y que me encuentro sola en una habitación fría.
Que realmente mis padres se han separado y que esa ilusión que tengo sobre mi matrimonio se desmorona.
Bajo las escaleras, me dirijo a la cocina y me preparo un café que desde hace años lo pruebo desabrido por que no tengo amor real.
-¿El catorce de Febrero es una ilusión materialista?, ¿Acaso no existe un príncipe azul real?, me pregunté.
Salgo de mi casa y veo toda la ciudad rodeada de osos de peluche, globos y adornos rojos y no hago más que ver un amanecer amargo.
jueves, 18 de febrero de 2010
Un viaje Inesperado
Por Graciela Sánchez
-Disculpa, ¿puedo preguntar tu nombre?-
El sonido de la voz cálida mezclada con la cara que estaba frente a mí llena de nervios y de alegría hicieron que me llenar de confianza de aquel chico de jeans y mochila al hombro y que acababa de abordar en la estación del metro y que rompía la rutina de un lunes a las 6.30 rumbo a mi escuela, o tal vez el conjunto de todos estos factores o simplemente la necesidad de platicar con alguien para aligerar el camino, de mas de media hora, hicieron que mi paranoia típica de cualquier citadina como autoprotección de depravados y locos se me fuese olvidando y me atreviera a dirigirle una sonrisa a aquel desconocido que ya se sentaba a mi lado y responderle finalmente:
-Andrea ¿y el tuyo?-
No hubo una declaración temprana de amor, ni acercamiento físico, mucho menos promesas de un futuro compartido , sólo un quinceañero y una niña de doce años, riendo para enmascarar los nervios, y que al llegar a la penúltima estación del recorrido de aquella línea del metro, volvíamos a ser 2 extraños que se despedían.
Vi como las puertas del vagón se cerraban tras él; sentí como mi corazón aún infantil, carente de heridas se enamoraba con aquella facilidad con la que lo hacen los adolescentes.
Todo ese día y la mañana siguiente me preguntaba que tan cierto había sido, si me había dormido como siempre y él era una creación de mi mente.
O si era sólo un chico aburrido que quería dialogar con alguien sin motivo aparente.
La costumbre más que la voluntad me llevaron al metro camino a la escuela nuevamente pensando en la gama de posibilidades de porqué se me había acercado aquel chico, tal vez era un secuestrador, o un pervertido, o…
-¡Hola Andi!
-¿Daniel? , hoo..ola-
Vaya en la misma estación que ayer ¡así que no lo había soñado! Eras tú Daniel, con la misma sonrisa, más llena de tranquilidad, de esperanza, dispuesto a darle color a un día que apenas comenzaba, a llenarlo de risas y anécdotas..
Nuevamente se cortó nuestro pequeño mundo cuando te despediste pocas estaciones antes que yo llegara a mi destino y las puertas se cerraban tras tu espalda.
Al otro día un accidente vehicular parecía amenazar esta historia pues temía que al no verme a la hora de siempre te fueras, creyendo que de mi parte sólo había desinterés.
Sin embargo, 40 minutos más tarde, al pasar por nuestra estación te descubrí buscando con la mirada.
-¿Daniel, sería posible que… me estuvieras esperando?-
Después de días donde no había duda ya de que ambos esperábamos día con día nuestro encuentro, la esperanza de un futuro compartido que poco a poco se empezaba a vislumbrar, de un “ te voy a extrañar” cada viernes y un “ ah, ya quería verte” de los lunes.
Llegó aquel día en el que se abrieron las puertas pero antes de ti entró un amigo mío, acababa de mudarse cerca de nuestra estación y con esa alegría que trae los cambios y el ver una cara conocida en medio de tantas cosas nuevas. Llegó a abrazarme, a tu parecer muy efusivamente pues entraste tras él pero nunca llegó tu dulce saludo; te sentaste en el asiento de enfrente y sólo veía como se endurecía tu semblante y desviabas tu mirada de mis ojos confundidos y llenos de duda.
Bajaste sin voltear siquiera a verme y sin saberlo, las puertas cerradas nos dividieron para siempre.
Creí que jamás te volvería a ver pero a la semana te descubrí viéndome desde el cristal de vagón continuo, y así fue durante un año, siempre con tu mirada triste y acusadora, a la cuál yo respondía con la mía llena de confusión, anhelo y dolor…
-Disculpa, ¿puedo preguntar tu nombre?-
El sonido de la voz cálida mezclada con la cara que estaba frente a mí llena de nervios y de alegría hicieron que me llenar de confianza de aquel chico de jeans y mochila al hombro y que acababa de abordar en la estación del metro y que rompía la rutina de un lunes a las 6.30 rumbo a mi escuela, o tal vez el conjunto de todos estos factores o simplemente la necesidad de platicar con alguien para aligerar el camino, de mas de media hora, hicieron que mi paranoia típica de cualquier citadina como autoprotección de depravados y locos se me fuese olvidando y me atreviera a dirigirle una sonrisa a aquel desconocido que ya se sentaba a mi lado y responderle finalmente:
-Andrea ¿y el tuyo?-
No hubo una declaración temprana de amor, ni acercamiento físico, mucho menos promesas de un futuro compartido , sólo un quinceañero y una niña de doce años, riendo para enmascarar los nervios, y que al llegar a la penúltima estación del recorrido de aquella línea del metro, volvíamos a ser 2 extraños que se despedían.
Vi como las puertas del vagón se cerraban tras él; sentí como mi corazón aún infantil, carente de heridas se enamoraba con aquella facilidad con la que lo hacen los adolescentes.
Todo ese día y la mañana siguiente me preguntaba que tan cierto había sido, si me había dormido como siempre y él era una creación de mi mente.
O si era sólo un chico aburrido que quería dialogar con alguien sin motivo aparente.
La costumbre más que la voluntad me llevaron al metro camino a la escuela nuevamente pensando en la gama de posibilidades de porqué se me había acercado aquel chico, tal vez era un secuestrador, o un pervertido, o…
-¡Hola Andi!
-¿Daniel? , hoo..ola-
Vaya en la misma estación que ayer ¡así que no lo había soñado! Eras tú Daniel, con la misma sonrisa, más llena de tranquilidad, de esperanza, dispuesto a darle color a un día que apenas comenzaba, a llenarlo de risas y anécdotas..
Segunda parte
Nuestra historia y nuestra estación
Nuevamente se cortó nuestro pequeño mundo cuando te despediste pocas estaciones antes que yo llegara a mi destino y las puertas se cerraban tras tu espalda.
Al otro día un accidente vehicular parecía amenazar esta historia pues temía que al no verme a la hora de siempre te fueras, creyendo que de mi parte sólo había desinterés.
Sin embargo, 40 minutos más tarde, al pasar por nuestra estación te descubrí buscando con la mirada.
-¿Daniel, sería posible que… me estuvieras esperando?-
Después de días donde no había duda ya de que ambos esperábamos día con día nuestro encuentro, la esperanza de un futuro compartido que poco a poco se empezaba a vislumbrar, de un “ te voy a extrañar” cada viernes y un “ ah, ya quería verte” de los lunes.
Llegó aquel día en el que se abrieron las puertas pero antes de ti entró un amigo mío, acababa de mudarse cerca de nuestra estación y con esa alegría que trae los cambios y el ver una cara conocida en medio de tantas cosas nuevas. Llegó a abrazarme, a tu parecer muy efusivamente pues entraste tras él pero nunca llegó tu dulce saludo; te sentaste en el asiento de enfrente y sólo veía como se endurecía tu semblante y desviabas tu mirada de mis ojos confundidos y llenos de duda.
Bajaste sin voltear siquiera a verme y sin saberlo, las puertas cerradas nos dividieron para siempre.
Creí que jamás te volvería a ver pero a la semana te descubrí viéndome desde el cristal de vagón continuo, y así fue durante un año, siempre con tu mirada triste y acusadora, a la cuál yo respondía con la mía llena de confusión, anhelo y dolor…
lunes, 2 de noviembre de 2009
EL PERRO FANTASMA RUFO
por FAMOREZ
A las 12:00 pm todas las noches, en la esquina de sur 147 y oriente 112, en la colonia de la Ramos Millán, en el Distrito Federal, se aparecía un perro esquelético llamado Rufo, muerto desde hace más de 10 años.
El 2 de noviembre del 2009, la noche más fría que se pueda recordar, a las 19:00 horas, apareció Rufo, ese perro fantasma, ahora con un aspecto aterrador, adornado por sus carnes pútridas, el hocico babeante, entre mezcla de baba y sangre, los ojos rojizos, empezó a aullar, era tan agudo y lastimero, que hizo temblar hasta el más valiente de los humanos.
Ante el llamado que generó Rufo, a los demás perros fantasmas y vivos, corrieron hacia él, una vez todos reunidos,caminaron a toda prisa sobre la calle sur 147 hasta la explanada de la delegación Iztacalco, la gente que estaba reunida en ese lugar, no daba crédito a lo que veía, todos empezaron a gritar, otros se atropellaban en su correr.
Rufo dio una orden: matar. Todos los perros se fueron sobre la gente, niños inocentes, mujeres, ancianas y hombres que trataban de detener esa masacre. Pero fue inútil, todos acabaron muertos, la escena era desgarradora, los perros como llegaron se fueron sin camino fijo, sólo desaparecieron.
Al otro día, en las noticias mundiales, salió lo sucedido, se creía que era una broma; sin embargo, los ataúdes llevados a los diferentes cementerios fueron la evidencia de la matanza del 2 de noviembre del 2009 por Rufo, más de trescientas personas murieron, bajo un fenómeno que al día de hoy, no tiene explicación.
lunes, 21 de septiembre de 2009
Talismán
Por Lorena Soto
En una era antigua, que con el tiempo ya ha desaparecido, donde la magia predominaba y a pesar de ser un misterio no lo consideraban una locura, existió un talismán cuyo poder era tan grande que podía corromper a cualquier persona que lo tocara o incluso sólo tuviera la oportunidad de verlo, ya que su brillante color azul deslumbraba a todas las personas, incluso podía decirse que opacaba el oro si éste llegase a estar a su lado.
El enorme poder que el Talismán Sagrado dejaba huellas imborrables en los corazones de los mortales incluso después de la desaparición del ser poseso. Sin embargo, no era la maldad de la magia que el Talismán emanaba la que causaba destrucción o desdicha, sino la maldad e impureza de los corazones que lograban apoderarse de él.
Por tales circunstancias, las naciones de Gaia decidieron resguardarlo en un templo subterráneo que yacía en monumentales ruinas bajo un lago del que, a pesar que todos sabían su ubicación, nadie se atrevía a ir en busca de la joya.
La entrada del pasaje era custodiada por la deidad del agua, la cual era representada por una estatua majestuosa de una serpiente de agua, pero para llegar a aquel sitio, necesitaban cruzar el Bosque del Olvido que estaba a las afueras de Moran.
En esa época el dominio de la tierra se dividía en cuatro reinos, Moran, el lugar del oro y la abundancia, Cinna, sitio de lagunas y estrellas, Geo, donde la tierra era lo más importante y Hole, el lugar más frío.
Sibyl, era la única hija del soberano de Moran, era una joven muy rebelde, empero no podía ser heredera legítima de la corona por su sexo, podía llevar mejor el reino de su padre, esto por la gran interacción que tenía con los aldeanos. Era rebelde, pero de carácter noble y aventurero. Ya estaba por cumplir los 17 años y su deseo de cada uno de ellos fue atravesar el Bosque del Olvido y ver con sus propios ojos lo que al pueblo tenía tan intrigado: la existencia del Talismán Sagrado.
Aquel bosque se encontraba fuera de los límites y el dominio de cualquier reino, estaba exactamente en el centro de Gaia, donde la espesa niebla y las leyendas que acosaban el lugar habían provocado temor entre la gente y por ello era un territorio inconquistable, además de que se decía que aquel que entraba entre esas tinieblas jamás encontraría el camino de regreso a casa.
Desde que Sibyl era una niña se hizo amiga de un trabajador del circo que rondaba la ciudad cada año, por fortuna, a las vísperas del cumpleaños de la princesa. Aquella carpa se posaba en una plaza localizada en el centro del pueblo. Desde que Sibyl conocía Zaid jamás faltaba a ninguno de los eventos, sin embargo, a pesar de ser los mejores amigos, tenían personalidades muy distintas, Zaid era un muchacho muy introvertido, amable y serio.
En ese año, Sibyl ya había decidido cruzar ese bosque sin que nadie lo impidiera. Había esperado como cada año la aparición del circo para ver al joven Zaid y poder despedirse. No obstante, tenía una dificultad, nadie debía enterarse o sospechar de lo que tenía entre manos, incluso de la visita a su joven amigo, de lo contrario, sería enviada de regreso a casa sin siquiera haber comenzado el viaje.
Con esto, venía su primer obstáculo, entrar en el circo en el que todos sus actores eran hombres a los cuales no se les estaba permitido tener contacto con los espectadores antes, entre e incluso después de las funciones mientras estuviese en los límites de la plaza. De hecho, fue la coincidencia o más bien el destino, lo que influyó para que ellos pudieran conocerse en aquella noche fría y lluviosa, que aunque por distintas razones, ambos caminaban por el mismo lugar en el exacto momento.
Esta vez tenía que camuflajearse dentro del circo para contárselo, ya que tal vez no podría tener alguna otra oportunidad y ahí era el lugar ideal para lograr su fin, empero lo único que encontró para disfrazarse fue una caja con unas patillas, un sobrero y un paraguas.
- !Que suerte tuve¡ - pensaba Sibyl mientras caminaba y a la vez rodeaba el lugar con la mirada. Indagó dentro y fuera de la colorida carpa sin encontrar a su introvertido amigo.
Ella entristeció, ya que partiría esa misma noche antes de su cumpleaños hacia un lugar desconocido sin saber si regresaría y no lamentaba no poder despedirse de él. Finalmente, cuando regresaba por las calles iluminadas por la enorme luna y luces de las lámparas de gas ya dándose por vencida, pudo verlo caminando del otro lado de la calle. La expresión de ella cambió de repente y corrió de inmediato hacia donde él estaba.
Antes de partir, Sibyl paso por la plaza central, donde estaba una gran fuente, ese era el lugar en el que se conocieron, después de un momento parada ahí, sorpresivamente se le iluminó la cara al ver a Zaid a lo lejos y sin decir nada sólo la siguió. De ahí emprendieron su viaje al caminar toda la noche sin descanso hasta las afueras de Moran.
Al amanecer se detuvieron un poco para descansar, en el punto donde ya no había regreso ni pudieran seguirlos para enviarlos de vuelta.Horas después continuaron, y al llegar a la entrada del bosque ella dudó por el temor a las leyendas del pueblo acerca del bosque. Se decía que aquel que entrara encontraría ahí sus más temibles sueños, pues eras un lugar enigmático y engañoso, sin embargo, al ver a Zaid a su lado no tuvo más miedo y entraron.
¿A qué podía temerle Sibyl, si la persona más importante para ella estaba ahí? Caminaron entre la espesa niebla por un rato con dificultad para ver y a medida que iban avanzando la visibilidad también era menor, provocando que caminaran a ciegas un largo tramo. Cuando ella se percató de que su amigo no estaba entre la niebla, comenzó a llamar a su amigo, pero él no contestó, entonces pudo contestar a su pregunta, a lo que más podía temerle era quedarse sola.
Continuó llamándolo y él seguía sin contestar. La desesperación comenzó a invadirla sin que pudiera pensar claramente. En ese momento entendió que la locura la cegaría más que la niebla a su alrededor, así que secó las lagrimas en sus ojos y siguió caminando con los brazos extendidos con la esperanza de poder toparse con su amigo.
Repentinamente la niebla comenzó a disiparse y a lo lejos pudo ver una silueta oscura que se aproximaba y sin temor alguno caminó hacia ella también. Entre más cerca la silueta iba tomando una forma más definida, hasta que se aclaró por completo. Corrió con los brazos extendidos al notar que era Zaid a quién le pertenecía esa sombra.
Entonces pudo apreciar mucho más la presencia del joven, pues estando a su lado se sentía tan fuerte como para enfrentar cualquier adversidad. Por otro lado, aunque la situación de Zaid había sido la misma, ya que al parecer ambos tenían el mismo miedo, él se notaba más preocupado por lo que pudiera pasarle a Sibyl, pues la consideraba como una persona muy importante en su vida. Anduvieron aproximadamente dos días buscando la entrada del templo con la única dificultad de la neblina que seguía entorpeciendo su visibilidad. Notaron el momento en el que llegaron cuando el piso comenzó a tener una consistencia diferente y el aire tomó un olor a tierra mojada.
Vieron la imponente figura de piedra de Leviatán, la deidad del agua. Se acercaron a examinar la gran roca, según la leyenda la entrada se encontraba detrás de ella. Sin embargo sólo podían ver un enorme lago. Empero al rodearla y mirarla más detenidamente, se percataron que debajo de una de sus garras había algo brillante parecido a una llave, pero su diseño era algo fuera de lo convencional.
Movieron cuidadosamente la garra para sacar la llave y al momento se percataron que el piso detrás de la estatua era diferente, como si estuviese hueco¸ removieron un poco de tierra con lodo y encontraron algo parecido a una compuerta, era la entrada secreta al templo en ruinas que literalmente se encontraba bajo el lago.
Abrieron la puerta con la llave y bajaron por unas escaleras oxidadas hasta que llegaron a un túnel. Se adentraron durante una hora hasta que se encontraron con un gran espejo que bloqueaba el camino. El marco de piedra dejaba ver unas viejas inscripciones en el lenguaje antiguo de Gaia y por sus conocimientos Zaid pudo leerlos.
PUERTA DEL JUICIO: “EL ESPEJO ACUSADOR REVELARÁ LO QUE HAY EN EL CORAZÓN DE QUIÉN INTENTE ATRAVESARLO. SI SUS INTENCIONES SON BUENAS Y SU CORAZÓN ES PURO PODRÁ LLEGAR HASTA EL TALISMÁN, DE NO SER ASÍ SE PERDERÁ EN EL ABISMO DE MENTE Y JAMÁS SALDRÁ DEL LIMBO”.
Ambos estaban seguros que podían atravesar, pues sus intenciones no eran otras que comprobar la existencia del Talismán Sagrado. Atravesaron el espejo con éxito y a lo lejos pudieron ver un resplandor azul asomándose por las orillas de un muro de piedra en medio del camino, lucía más bien como una puerta.
Mientras caminaban Sibyl lo tomo fuerte de la mano y él la miró para empezar a correr hacia el muro. Llegaron hasta donde emanaba aquella luz y se dieron cuenta de que el muro tenía en su centro la silueta de un gran número cero, sin embargo no parecía haber indicios de que el muro pudiera abrirse. Zaid golpeó lentamente la puerta en repetidas ocasiones esperando encontrar como mover la pared, pero no tuvo resultado alguno.
Mientras que como por inercia Sibyl se echó hacia atrás algunos pasos y se percató que en el centro de aquel número había otra silueta más tenue casi imposible de percibir a simple vista; la vio con detenimiento perpleja, y Zaid se volvió hacia ella mirándola con extrañeza, se detuvo y siguió viéndola. Sibyl se acercó lentamente y posó su palma contra la pared, en medio de ella.
De repente la luz comenzó a emanar de su palma y se volvió más intensa al mismo tiempo que la pared empezó a moverse, esto ameritó que por primera vez, por iniciativa propia, Zaid tomara la mano de Sibyl. Al abrirse completamente la cámara la luz se volvió lentamente más tenue hasta que pudieron ver con claridad, que en medio de la habitación, se encontraba un pequeño cristal suspendido en el aire, cual era la fuente de tan radiante y cálida luz.
Sibyl miró fijamente el legendario Talismán, se acercó y sintió una serenidad inmensa. Pudo percibir que la calidez del cristal se sentía como el palpitar de un corazón vivo. Los ojos de Sibyl tomaron un brillo extraño mientras que la mirada de Zaid era de preocupación, ya que la dulce mirada de la chica cambiaba por una de ambición. Él se dio cuenta que ella se acercaba como hipnotizada, mientras extendía su mano, parecía que tenía la intensión de tomarlo y por un momento él tuvo miedo, ya que el viaje que Sibyl había emprendido era sólo por la curiosidad de ver la leyenda con sus propios ojos.
Sin en cambio, a pesar de que por un momento Sibyl lo pensó, volvió en sí de repente y por ella misma decidió que de ninguna manera tocaría el cristal, pues pudo ver claro nuevamente la razón por la que habían hecho ese viaje. Bajó su mano, dio la vuelta y caminó de regreso sin decir una palabra, Zaid la siguió también sin decir nada.
Cuando llegaron a la puerta del templo Sibyl miró a Zaid y le preguntó -¿Te quedarás conmigo hasta el final?-, él la miró fijo y sin contestar aún la abrazó fuertemente. -No hasta el final, SIEMPRE-.
Lagrimas corrieron por las mejillas de Sibyl, pero no podía dejar de preguntar algo que desde que iniciaron el viaje tenía en mente -¿por qué viniste?-. Él se despego de ella y le tomo de los hombros, la miró fijo y contestó -Porque dijiste que te ibas-.
Después de todo, ella encontró más de lo que iba a buscar, y aunque aparentemente no se había llevado consigo el talismán, sabía que no regresaría a Moran con las manos vacías.
En una era antigua, que con el tiempo ya ha desaparecido, donde la magia predominaba y a pesar de ser un misterio no lo consideraban una locura, existió un talismán cuyo poder era tan grande que podía corromper a cualquier persona que lo tocara o incluso sólo tuviera la oportunidad de verlo, ya que su brillante color azul deslumbraba a todas las personas, incluso podía decirse que opacaba el oro si éste llegase a estar a su lado.
El enorme poder que el Talismán Sagrado dejaba huellas imborrables en los corazones de los mortales incluso después de la desaparición del ser poseso. Sin embargo, no era la maldad de la magia que el Talismán emanaba la que causaba destrucción o desdicha, sino la maldad e impureza de los corazones que lograban apoderarse de él.
Por tales circunstancias, las naciones de Gaia decidieron resguardarlo en un templo subterráneo que yacía en monumentales ruinas bajo un lago del que, a pesar que todos sabían su ubicación, nadie se atrevía a ir en busca de la joya.
La entrada del pasaje era custodiada por la deidad del agua, la cual era representada por una estatua majestuosa de una serpiente de agua, pero para llegar a aquel sitio, necesitaban cruzar el Bosque del Olvido que estaba a las afueras de Moran.
En esa época el dominio de la tierra se dividía en cuatro reinos, Moran, el lugar del oro y la abundancia, Cinna, sitio de lagunas y estrellas, Geo, donde la tierra era lo más importante y Hole, el lugar más frío.
Sibyl, era la única hija del soberano de Moran, era una joven muy rebelde, empero no podía ser heredera legítima de la corona por su sexo, podía llevar mejor el reino de su padre, esto por la gran interacción que tenía con los aldeanos. Era rebelde, pero de carácter noble y aventurero. Ya estaba por cumplir los 17 años y su deseo de cada uno de ellos fue atravesar el Bosque del Olvido y ver con sus propios ojos lo que al pueblo tenía tan intrigado: la existencia del Talismán Sagrado.
Aquel bosque se encontraba fuera de los límites y el dominio de cualquier reino, estaba exactamente en el centro de Gaia, donde la espesa niebla y las leyendas que acosaban el lugar habían provocado temor entre la gente y por ello era un territorio inconquistable, además de que se decía que aquel que entraba entre esas tinieblas jamás encontraría el camino de regreso a casa.
Desde que Sibyl era una niña se hizo amiga de un trabajador del circo que rondaba la ciudad cada año, por fortuna, a las vísperas del cumpleaños de la princesa. Aquella carpa se posaba en una plaza localizada en el centro del pueblo. Desde que Sibyl conocía Zaid jamás faltaba a ninguno de los eventos, sin embargo, a pesar de ser los mejores amigos, tenían personalidades muy distintas, Zaid era un muchacho muy introvertido, amable y serio.
En ese año, Sibyl ya había decidido cruzar ese bosque sin que nadie lo impidiera. Había esperado como cada año la aparición del circo para ver al joven Zaid y poder despedirse. No obstante, tenía una dificultad, nadie debía enterarse o sospechar de lo que tenía entre manos, incluso de la visita a su joven amigo, de lo contrario, sería enviada de regreso a casa sin siquiera haber comenzado el viaje.
Con esto, venía su primer obstáculo, entrar en el circo en el que todos sus actores eran hombres a los cuales no se les estaba permitido tener contacto con los espectadores antes, entre e incluso después de las funciones mientras estuviese en los límites de la plaza. De hecho, fue la coincidencia o más bien el destino, lo que influyó para que ellos pudieran conocerse en aquella noche fría y lluviosa, que aunque por distintas razones, ambos caminaban por el mismo lugar en el exacto momento.
Esta vez tenía que camuflajearse dentro del circo para contárselo, ya que tal vez no podría tener alguna otra oportunidad y ahí era el lugar ideal para lograr su fin, empero lo único que encontró para disfrazarse fue una caja con unas patillas, un sobrero y un paraguas.
- !Que suerte tuve¡ - pensaba Sibyl mientras caminaba y a la vez rodeaba el lugar con la mirada. Indagó dentro y fuera de la colorida carpa sin encontrar a su introvertido amigo.
Ella entristeció, ya que partiría esa misma noche antes de su cumpleaños hacia un lugar desconocido sin saber si regresaría y no lamentaba no poder despedirse de él. Finalmente, cuando regresaba por las calles iluminadas por la enorme luna y luces de las lámparas de gas ya dándose por vencida, pudo verlo caminando del otro lado de la calle. La expresión de ella cambió de repente y corrió de inmediato hacia donde él estaba.
Antes de partir, Sibyl paso por la plaza central, donde estaba una gran fuente, ese era el lugar en el que se conocieron, después de un momento parada ahí, sorpresivamente se le iluminó la cara al ver a Zaid a lo lejos y sin decir nada sólo la siguió. De ahí emprendieron su viaje al caminar toda la noche sin descanso hasta las afueras de Moran.
Al amanecer se detuvieron un poco para descansar, en el punto donde ya no había regreso ni pudieran seguirlos para enviarlos de vuelta.Horas después continuaron, y al llegar a la entrada del bosque ella dudó por el temor a las leyendas del pueblo acerca del bosque. Se decía que aquel que entrara encontraría ahí sus más temibles sueños, pues eras un lugar enigmático y engañoso, sin embargo, al ver a Zaid a su lado no tuvo más miedo y entraron.
¿A qué podía temerle Sibyl, si la persona más importante para ella estaba ahí? Caminaron entre la espesa niebla por un rato con dificultad para ver y a medida que iban avanzando la visibilidad también era menor, provocando que caminaran a ciegas un largo tramo. Cuando ella se percató de que su amigo no estaba entre la niebla, comenzó a llamar a su amigo, pero él no contestó, entonces pudo contestar a su pregunta, a lo que más podía temerle era quedarse sola.
Continuó llamándolo y él seguía sin contestar. La desesperación comenzó a invadirla sin que pudiera pensar claramente. En ese momento entendió que la locura la cegaría más que la niebla a su alrededor, así que secó las lagrimas en sus ojos y siguió caminando con los brazos extendidos con la esperanza de poder toparse con su amigo.
Repentinamente la niebla comenzó a disiparse y a lo lejos pudo ver una silueta oscura que se aproximaba y sin temor alguno caminó hacia ella también. Entre más cerca la silueta iba tomando una forma más definida, hasta que se aclaró por completo. Corrió con los brazos extendidos al notar que era Zaid a quién le pertenecía esa sombra.
Entonces pudo apreciar mucho más la presencia del joven, pues estando a su lado se sentía tan fuerte como para enfrentar cualquier adversidad. Por otro lado, aunque la situación de Zaid había sido la misma, ya que al parecer ambos tenían el mismo miedo, él se notaba más preocupado por lo que pudiera pasarle a Sibyl, pues la consideraba como una persona muy importante en su vida. Anduvieron aproximadamente dos días buscando la entrada del templo con la única dificultad de la neblina que seguía entorpeciendo su visibilidad. Notaron el momento en el que llegaron cuando el piso comenzó a tener una consistencia diferente y el aire tomó un olor a tierra mojada.
Vieron la imponente figura de piedra de Leviatán, la deidad del agua. Se acercaron a examinar la gran roca, según la leyenda la entrada se encontraba detrás de ella. Sin embargo sólo podían ver un enorme lago. Empero al rodearla y mirarla más detenidamente, se percataron que debajo de una de sus garras había algo brillante parecido a una llave, pero su diseño era algo fuera de lo convencional.
Movieron cuidadosamente la garra para sacar la llave y al momento se percataron que el piso detrás de la estatua era diferente, como si estuviese hueco¸ removieron un poco de tierra con lodo y encontraron algo parecido a una compuerta, era la entrada secreta al templo en ruinas que literalmente se encontraba bajo el lago.
Abrieron la puerta con la llave y bajaron por unas escaleras oxidadas hasta que llegaron a un túnel. Se adentraron durante una hora hasta que se encontraron con un gran espejo que bloqueaba el camino. El marco de piedra dejaba ver unas viejas inscripciones en el lenguaje antiguo de Gaia y por sus conocimientos Zaid pudo leerlos.
PUERTA DEL JUICIO: “EL ESPEJO ACUSADOR REVELARÁ LO QUE HAY EN EL CORAZÓN DE QUIÉN INTENTE ATRAVESARLO. SI SUS INTENCIONES SON BUENAS Y SU CORAZÓN ES PURO PODRÁ LLEGAR HASTA EL TALISMÁN, DE NO SER ASÍ SE PERDERÁ EN EL ABISMO DE MENTE Y JAMÁS SALDRÁ DEL LIMBO”.
Ambos estaban seguros que podían atravesar, pues sus intenciones no eran otras que comprobar la existencia del Talismán Sagrado. Atravesaron el espejo con éxito y a lo lejos pudieron ver un resplandor azul asomándose por las orillas de un muro de piedra en medio del camino, lucía más bien como una puerta.
Mientras caminaban Sibyl lo tomo fuerte de la mano y él la miró para empezar a correr hacia el muro. Llegaron hasta donde emanaba aquella luz y se dieron cuenta de que el muro tenía en su centro la silueta de un gran número cero, sin embargo no parecía haber indicios de que el muro pudiera abrirse. Zaid golpeó lentamente la puerta en repetidas ocasiones esperando encontrar como mover la pared, pero no tuvo resultado alguno.
Mientras que como por inercia Sibyl se echó hacia atrás algunos pasos y se percató que en el centro de aquel número había otra silueta más tenue casi imposible de percibir a simple vista; la vio con detenimiento perpleja, y Zaid se volvió hacia ella mirándola con extrañeza, se detuvo y siguió viéndola. Sibyl se acercó lentamente y posó su palma contra la pared, en medio de ella.
De repente la luz comenzó a emanar de su palma y se volvió más intensa al mismo tiempo que la pared empezó a moverse, esto ameritó que por primera vez, por iniciativa propia, Zaid tomara la mano de Sibyl. Al abrirse completamente la cámara la luz se volvió lentamente más tenue hasta que pudieron ver con claridad, que en medio de la habitación, se encontraba un pequeño cristal suspendido en el aire, cual era la fuente de tan radiante y cálida luz.
Sibyl miró fijamente el legendario Talismán, se acercó y sintió una serenidad inmensa. Pudo percibir que la calidez del cristal se sentía como el palpitar de un corazón vivo. Los ojos de Sibyl tomaron un brillo extraño mientras que la mirada de Zaid era de preocupación, ya que la dulce mirada de la chica cambiaba por una de ambición. Él se dio cuenta que ella se acercaba como hipnotizada, mientras extendía su mano, parecía que tenía la intensión de tomarlo y por un momento él tuvo miedo, ya que el viaje que Sibyl había emprendido era sólo por la curiosidad de ver la leyenda con sus propios ojos.
Sin en cambio, a pesar de que por un momento Sibyl lo pensó, volvió en sí de repente y por ella misma decidió que de ninguna manera tocaría el cristal, pues pudo ver claro nuevamente la razón por la que habían hecho ese viaje. Bajó su mano, dio la vuelta y caminó de regreso sin decir una palabra, Zaid la siguió también sin decir nada.
Cuando llegaron a la puerta del templo Sibyl miró a Zaid y le preguntó -¿Te quedarás conmigo hasta el final?-, él la miró fijo y sin contestar aún la abrazó fuertemente. -No hasta el final, SIEMPRE-.
Lagrimas corrieron por las mejillas de Sibyl, pero no podía dejar de preguntar algo que desde que iniciaron el viaje tenía en mente -¿por qué viniste?-. Él se despego de ella y le tomo de los hombros, la miró fijo y contestó -Porque dijiste que te ibas-.
Después de todo, ella encontró más de lo que iba a buscar, y aunque aparentemente no se había llevado consigo el talismán, sabía que no regresaría a Moran con las manos vacías.
domingo, 23 de agosto de 2009
REMEMBRANZA
Por Yuquiabe Romero
Hoy he despertado en un viejo catre en la colonia Morelos, con tal crudeza en mi cabeza, imaginándome qué hubiese pasado si cambio mi vida en un 100 por ciento.
Qué pasaría si no fuera un alcohólico sarcástico y patético al que todo mundo le huye por la apariencia de mis ropas; que con tanto trabajar para el alcohol, mis perfumes son de aquel mezcal de la semana pasada.
Lo cierto es que no sé que es de la vida, hace mucho que no me inspiro. En mis buenos momentos era un escritor aclamado por todos y deseado por todas, en aquellos momentos era lo que se le conocía un sex simbol. Aún recuerdo cuando mi mente conciente admiraba aquel nocturno de Juan Ramón Jiménez, ¡ah! valla, las cosas que me hacía recordar.
Desde que nací era ya un niño problema, por que al momento de mi nacimiento estuve a punto de morir por falta de oxigeno a mis pulmones, pero los doctores me empujaron a esta desdichada vida. La verdad era lo que menos me importaba en ese entonces, simplemente quería vivir.
Era el hijo más chico, mis hermanos se llamaban Elizabeth y José, a mi hermana le pusieron ese nombre por que mi madre era fiel admiradora de Elizabeth Taylor.
Mi relación con ellos era básicamente normal, con algo de pleitos caseros.
A los cuatro años si no mal recuerdo, Elizabeth se llegó a pelear con mi hermano, éste problema llegó a tal grado que mi hermana se fue de la casa toda llena de sangre por que se había cortado con el cuchillo que José tenía en la mano.
Nunca conocí a mi padre, pues mi madre siempre me decía pestes sobre él, sobre todo que era un mujeriego que no valía la pena conocer. Lo que mi madre no veía era que yo sólo quería un padre para mí.
Mi infancia era peculiar, nunca tuve grandes amigos por que mi madre me adoraba, ella no comprendía que tenía que emprender el vuelo alguna vez, sólo se me viene a la memoria a aquel amigo Jorge que vivía del otro lado de mi cuadra.
A Jorge lo conocí en la escuela, estudiábamos en el mismo salón de clases; realmente yo era muy callado, y casi no le hablaba a nadie pero me llamaba la atención la actitud de Jorge por que aparentaba ser muy extrovertido; además todas las viejas querían con él y yo quería aprender a ligar y a coger mucho mejor que él.
No era para más, Jorge siempre procuraba vestirse bien; sus peinados aunque a veces anticuados, le hacían lucir un “bonito cabello” según las habladurías de las chicas, procuraba hacer ejercicio, fumaba a madres y era un relajo.
Simplemente era especial y carismático. Dentro de mí quería ser libre, o al menos por un momento, así que decidí hacerme amigo de él, y tratar de ser algo parecido.
Al principio me costó trabajo hacerme amigo de él, pero un día lo vi saliendo a prisa de la casa de mi vecina La Gorda, y lo cierto es que no estaba gorda, de hecho se encontraba muy buena.
A Jorge lo vi medio desnudo saliendo con sus ropas en la mano mientras se veía desde mi sala que el marido de la gorda iba llegando a casa, y fue entonces que encontré la oportunidad de hacerme su amigo al ofrecerle mi casa para su escondite.
Ese día mi madre se había ido al mercado por que iban a preparar un banquete por que más tarde venía mi abuelo, y una vez que Jorge se tranquilizaba de lo excitado que estaba, fuimos por una cerveza y un cigarro; posteriormente fuimos a su casa y me invitó un poco de marihuana.
Le comenté a Jorge que me moría de ganas por una niña de mi salón, que yo era tímido en eso, su nombre era Gaby.
Y es que para mi era la chica más guapa que había visto, se veía bastante crecidita y por cierto tenía unos ojos tan profundos que me seducían y me hacían pensar demasiado en ella.
Fue entonces que empecé a tratarlo. Al pasar del tiempo él me mostró como ligarse a una vieja; en ese entonces sólo fuimos unos niños. Mi madre intervenía en nuestra amistad aunque eso en realidad era insignificante para mí.
Ella pensaba que Jorge era mala influencia; lo cierto es que me estaba enseñando a vivir con intensidad.
A mis catorce años empecé a conocer la belleza del sexo, actos inolvidables que me hacían encenderme cada día más, tomar un trago de aire en un momento de ocio, en el que no importaba el tiempo que estuviera ahí.
A esta edad empecé a escribir mis vivencias imaginarias, simplemente me gustaba, hasta que un buen día conocí a Alfredo, que era un afamado editor en sus buenos tiempos y por casualidad leyó mis diarios.
Alfredo resultaba ser el tío de Jorge, y esa ocasión fue de visita a su casa y es que era navidad, ese día mi madre se molestó conmigo por que no lo pase con ella.
Alfredo se metió a la habitación de Jorge por que estaba buscando el baño, y le llamó la atención mis diarios que estaban sobre el taburete de Jorge, ya que se los había prestado para que me diera su opinión y por cierto a Jorge le parecieron bastante buenos.
Al momento de verlos le fascinó y me invitó a trabajar para él, así que dejé la escuela y me dediqué a trabajar con lo único que sabía hacer: escribir.
Desde entonces tuve un gran éxito, fui galardonado con varios premios importantes y fotografiado por la prensa millones de veces.
La primera vez que me fui de casa fue para aventurarme a conocer el mundo, esa parte de mi vida, no la cambiaría por nada ya que tuve la oportunidad de vivir varias experiencias desagradables y por su puesto también agradables.
Tenía tantos fans de mis lecturas que una ocasión resultó que quedé perdido en alguna parte del mundo y sin dinero por haber ingerido tanto alcohol y una de mis fans me levantó y me apoyó para poder llegar a mi destino.
No toda mi vida era desgraciada, de tan bien que me iba doné algunos millones para la caridad. Fue un momento maravilloso por que uno de esos niños al que ayudé me agradeció con una mirada tierna e inocente y me tomó de la mano.
Recuerdo mi primer viaje a la vieja Cuba, lleno de pasión y de locura. Al momento de cruzar el puerto, me encontré a muchas chicas que sin duda alguna me hacían vivir con intensidad, lo extraño de esto es que sabiendo el interés monetario que tenían hacia mi persona, no me importaba, ¡era genial¡
De la que más hago memoria en ese viaje era a la bella Rossana, que sin duda con su carisma y simpatía me hacía querer estar con ella mucho más tiempo que con las demás.
Rossana tenía el cabello más oscuro que había visto en mi vida, su piel era color canela, su aroma era muy parecido a la brisa del mar y sus labios eran tan gruesos que me invitaban a besarla cada que la veía.
Sé que muy en el fondo le gustaba a Rossana, pero ella no se atrevía a decirlo por la cantidad de clientes que la frecuentaban, ya que ella era deseada por todos, e incluso llegué a sentir celos por ella.
Una tarde de aquellas acostumbradas en Cuba, de esas que parece que el sol no quiere ocultarse, la invité a salir, aclarándole que mis intenciones no eran de negocios.
Ella con gusto aceptó, y se decidió partir al malecón a tomar una copa y a charlar, ella, radiante como siempre, y su atuendo sensual pero elegante para mis ojos, comenzó a reír y al hacerlo no me interesaba nada más.
Aquella mujer que me amó de verdad, aquella que no comprendió mi necesidad bohemia, aquella que veía que mis amantes eran sólo sombra para mi, y que ella era especial para mi.
Mis deslices eran sólo para experimentar, pues lo único que quería hacer era vivir para inspirarme de aquella desdicha y lujuria que me incitaba en ese entonces la vida.
Estuve saliendo con la bella Rossana por largo tiempo, hasta que después de tres años que para mi fueron maravillosos, ella me dijo que ya no sentía lo mismo y que me dejaba por otro.
Ese día para mí fue el ocaso y el infierno, así que decidí regresar a mi ciudad natal, con una profunda tristeza, continué escribiendo, pero no sé si a través de mi depresión lo único que provoqué fue que mis escritos ya no estuviesen tan buenos como antes.
Así que como todo en la vida, llegó la decadencia, me despidieron de la editorial, me drogué y me alcoholicé tanto que ni Jorge me reconoció, ni yo a mi gran amigo de todos los tiempos que me fue fiel y muy paciente; en un momento de histeria y ceguera mental, no me di cuenta de lo que hice hasta que decidí llamarlo a su casa después de una semana, fue cuando su familia me comentó que sólo sabían que un maldito drogadicto y alcohólico lo había apuñalado más de 20 veces sólo por querer ayudarlo, y que aquel asesino le quitó sus pertenecías y se fue corriendo como vil rata que era.
Por eso a mis escasos 35 años, que estoy tumbado sobre un catre en la colonia Morelos sólo sabrán de mi cuando me encuentre la vieja casera de la vecindad en espera de que le pague los seis meses de renta, me encontrará aún más putrefacto que ahora que he muerto hace dos semanas por mi culpabilidad y mi tristeza por mi asquerosa vida que no me permitió respirar, pero estoy feliz por que en donde me encuentro ahora, no hago más que ser libre y volar como siempre quise.
Hoy he despertado en un viejo catre en la colonia Morelos, con tal crudeza en mi cabeza, imaginándome qué hubiese pasado si cambio mi vida en un 100 por ciento.
Qué pasaría si no fuera un alcohólico sarcástico y patético al que todo mundo le huye por la apariencia de mis ropas; que con tanto trabajar para el alcohol, mis perfumes son de aquel mezcal de la semana pasada.
Lo cierto es que no sé que es de la vida, hace mucho que no me inspiro. En mis buenos momentos era un escritor aclamado por todos y deseado por todas, en aquellos momentos era lo que se le conocía un sex simbol. Aún recuerdo cuando mi mente conciente admiraba aquel nocturno de Juan Ramón Jiménez, ¡ah! valla, las cosas que me hacía recordar.
Desde que nací era ya un niño problema, por que al momento de mi nacimiento estuve a punto de morir por falta de oxigeno a mis pulmones, pero los doctores me empujaron a esta desdichada vida. La verdad era lo que menos me importaba en ese entonces, simplemente quería vivir.
Era el hijo más chico, mis hermanos se llamaban Elizabeth y José, a mi hermana le pusieron ese nombre por que mi madre era fiel admiradora de Elizabeth Taylor.
Mi relación con ellos era básicamente normal, con algo de pleitos caseros.
A los cuatro años si no mal recuerdo, Elizabeth se llegó a pelear con mi hermano, éste problema llegó a tal grado que mi hermana se fue de la casa toda llena de sangre por que se había cortado con el cuchillo que José tenía en la mano.
Nunca conocí a mi padre, pues mi madre siempre me decía pestes sobre él, sobre todo que era un mujeriego que no valía la pena conocer. Lo que mi madre no veía era que yo sólo quería un padre para mí.
Mi infancia era peculiar, nunca tuve grandes amigos por que mi madre me adoraba, ella no comprendía que tenía que emprender el vuelo alguna vez, sólo se me viene a la memoria a aquel amigo Jorge que vivía del otro lado de mi cuadra.
A Jorge lo conocí en la escuela, estudiábamos en el mismo salón de clases; realmente yo era muy callado, y casi no le hablaba a nadie pero me llamaba la atención la actitud de Jorge por que aparentaba ser muy extrovertido; además todas las viejas querían con él y yo quería aprender a ligar y a coger mucho mejor que él.
No era para más, Jorge siempre procuraba vestirse bien; sus peinados aunque a veces anticuados, le hacían lucir un “bonito cabello” según las habladurías de las chicas, procuraba hacer ejercicio, fumaba a madres y era un relajo.
Simplemente era especial y carismático. Dentro de mí quería ser libre, o al menos por un momento, así que decidí hacerme amigo de él, y tratar de ser algo parecido.
Al principio me costó trabajo hacerme amigo de él, pero un día lo vi saliendo a prisa de la casa de mi vecina La Gorda, y lo cierto es que no estaba gorda, de hecho se encontraba muy buena.
A Jorge lo vi medio desnudo saliendo con sus ropas en la mano mientras se veía desde mi sala que el marido de la gorda iba llegando a casa, y fue entonces que encontré la oportunidad de hacerme su amigo al ofrecerle mi casa para su escondite.
Ese día mi madre se había ido al mercado por que iban a preparar un banquete por que más tarde venía mi abuelo, y una vez que Jorge se tranquilizaba de lo excitado que estaba, fuimos por una cerveza y un cigarro; posteriormente fuimos a su casa y me invitó un poco de marihuana.
Le comenté a Jorge que me moría de ganas por una niña de mi salón, que yo era tímido en eso, su nombre era Gaby.
Y es que para mi era la chica más guapa que había visto, se veía bastante crecidita y por cierto tenía unos ojos tan profundos que me seducían y me hacían pensar demasiado en ella.
Fue entonces que empecé a tratarlo. Al pasar del tiempo él me mostró como ligarse a una vieja; en ese entonces sólo fuimos unos niños. Mi madre intervenía en nuestra amistad aunque eso en realidad era insignificante para mí.
Ella pensaba que Jorge era mala influencia; lo cierto es que me estaba enseñando a vivir con intensidad.
A mis catorce años empecé a conocer la belleza del sexo, actos inolvidables que me hacían encenderme cada día más, tomar un trago de aire en un momento de ocio, en el que no importaba el tiempo que estuviera ahí.
A esta edad empecé a escribir mis vivencias imaginarias, simplemente me gustaba, hasta que un buen día conocí a Alfredo, que era un afamado editor en sus buenos tiempos y por casualidad leyó mis diarios.
Alfredo resultaba ser el tío de Jorge, y esa ocasión fue de visita a su casa y es que era navidad, ese día mi madre se molestó conmigo por que no lo pase con ella.
Alfredo se metió a la habitación de Jorge por que estaba buscando el baño, y le llamó la atención mis diarios que estaban sobre el taburete de Jorge, ya que se los había prestado para que me diera su opinión y por cierto a Jorge le parecieron bastante buenos.
Al momento de verlos le fascinó y me invitó a trabajar para él, así que dejé la escuela y me dediqué a trabajar con lo único que sabía hacer: escribir.
Desde entonces tuve un gran éxito, fui galardonado con varios premios importantes y fotografiado por la prensa millones de veces.
La primera vez que me fui de casa fue para aventurarme a conocer el mundo, esa parte de mi vida, no la cambiaría por nada ya que tuve la oportunidad de vivir varias experiencias desagradables y por su puesto también agradables.
Tenía tantos fans de mis lecturas que una ocasión resultó que quedé perdido en alguna parte del mundo y sin dinero por haber ingerido tanto alcohol y una de mis fans me levantó y me apoyó para poder llegar a mi destino.
No toda mi vida era desgraciada, de tan bien que me iba doné algunos millones para la caridad. Fue un momento maravilloso por que uno de esos niños al que ayudé me agradeció con una mirada tierna e inocente y me tomó de la mano.
Recuerdo mi primer viaje a la vieja Cuba, lleno de pasión y de locura. Al momento de cruzar el puerto, me encontré a muchas chicas que sin duda alguna me hacían vivir con intensidad, lo extraño de esto es que sabiendo el interés monetario que tenían hacia mi persona, no me importaba, ¡era genial¡
De la que más hago memoria en ese viaje era a la bella Rossana, que sin duda con su carisma y simpatía me hacía querer estar con ella mucho más tiempo que con las demás.
Rossana tenía el cabello más oscuro que había visto en mi vida, su piel era color canela, su aroma era muy parecido a la brisa del mar y sus labios eran tan gruesos que me invitaban a besarla cada que la veía.
Sé que muy en el fondo le gustaba a Rossana, pero ella no se atrevía a decirlo por la cantidad de clientes que la frecuentaban, ya que ella era deseada por todos, e incluso llegué a sentir celos por ella.
Una tarde de aquellas acostumbradas en Cuba, de esas que parece que el sol no quiere ocultarse, la invité a salir, aclarándole que mis intenciones no eran de negocios.
Ella con gusto aceptó, y se decidió partir al malecón a tomar una copa y a charlar, ella, radiante como siempre, y su atuendo sensual pero elegante para mis ojos, comenzó a reír y al hacerlo no me interesaba nada más.
Aquella mujer que me amó de verdad, aquella que no comprendió mi necesidad bohemia, aquella que veía que mis amantes eran sólo sombra para mi, y que ella era especial para mi.
Mis deslices eran sólo para experimentar, pues lo único que quería hacer era vivir para inspirarme de aquella desdicha y lujuria que me incitaba en ese entonces la vida.
Estuve saliendo con la bella Rossana por largo tiempo, hasta que después de tres años que para mi fueron maravillosos, ella me dijo que ya no sentía lo mismo y que me dejaba por otro.
Ese día para mí fue el ocaso y el infierno, así que decidí regresar a mi ciudad natal, con una profunda tristeza, continué escribiendo, pero no sé si a través de mi depresión lo único que provoqué fue que mis escritos ya no estuviesen tan buenos como antes.
Así que como todo en la vida, llegó la decadencia, me despidieron de la editorial, me drogué y me alcoholicé tanto que ni Jorge me reconoció, ni yo a mi gran amigo de todos los tiempos que me fue fiel y muy paciente; en un momento de histeria y ceguera mental, no me di cuenta de lo que hice hasta que decidí llamarlo a su casa después de una semana, fue cuando su familia me comentó que sólo sabían que un maldito drogadicto y alcohólico lo había apuñalado más de 20 veces sólo por querer ayudarlo, y que aquel asesino le quitó sus pertenecías y se fue corriendo como vil rata que era.
Por eso a mis escasos 35 años, que estoy tumbado sobre un catre en la colonia Morelos sólo sabrán de mi cuando me encuentre la vieja casera de la vecindad en espera de que le pague los seis meses de renta, me encontrará aún más putrefacto que ahora que he muerto hace dos semanas por mi culpabilidad y mi tristeza por mi asquerosa vida que no me permitió respirar, pero estoy feliz por que en donde me encuentro ahora, no hago más que ser libre y volar como siempre quise.
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martes, 27 de septiembre de 2011
El amor de mi vida
Por Yuquiabe Romero
Una noche lluviosa, me acercó a tus ojos, te tocó el rostro con tal sutileza que al hacerlo me provoca un éxtasis que llena todo mi cuerpo, es una sensación irrevocable, y que sólo el sentir tu respiración justo en mi cuello, quisiera no desear nada más en este mundo.
Los gráficos estruendosos de la inmensa noche lluviosa, no me ciegan al ver tu perfección hecha mujer. Los senos despiertan en mi ser, la inexplicable imagen de colocarte frente a mí y acercar lentamente sobre mi falo y hacerte el amor lo más animal posible, desgarrar tus ropas, y menearte de tal manera que el Olimpo se extrañe de este acto.
Quizá unos me llamen loco, otros perverso, en realidad qué más da, lo importante es el hecho de sentirme a gusto al degustarte como si fueras el exquisito chocolate que permite incluso derretirse en mi boca, tan sólo al percibir tu aroma, que es deseado por todos, y hasta muchos dirían que se trata la envidia de todos.
Lo importante de esto es que perteneces a la persona más interesante que jamás podrás conocer, que decidiste estar conmigo a pesar de mis vicios cotidianos. Como el impulso que tengo de querer siempre más dinero en mi bolsa, no me interesa ser un abusivo con los demás, no me interesa demostrar algo que no soy, en realidad, antes que nada necesito ver por mí, pero después de mi, estarás en mi pensamiento carnal.
Cada vez que me dedico a observar a mí alrededor, podría estar seguro de que me siento desahuciado al no poder tener al momento lo que necesito, aunque muchos me critiquen y se hayan atrevido a culparme de envidioso.
Lo que no entienden es que lo que necesito me ha costado trabajo al soportar encañonadas de armas, ráfagas de balas e incluso madrazos y la misma libertad por setenta y dos horas; tiempo suficiente para escaparme de la cárcel. El punto es que siempre querré más.
Hubo un tiempo en el que a mis amigos les costaba trabajo sacarme de mi casa, e incluso ni siquiera me movía del viejo sillón en el que hasta el perro se adueñaba de una parte de él cubriéndome los cayos de mis pies descalzos. Me dijeron que el no moverme del sillón implicaría serias consecuencias, pero es algo que no me interesa, en lo absoluto. Hay que entender que hay momentos en los que uno tiene que detenerse a pensar por largo, largo tiempo y el estar en el sillón me permitía ese magnífico momento, sobre todo por que me permitía pensar en ti, y en todo lo que representas en mi ser. Sin ti, pierde sentido la forma de mi vida y de mi ser en general.
Tengo tanta esperanza de pensar que nunca me dejarás por que mutuamente nos necesitamos, a tal grado de que parecemos locos besándonos apasionadamente cada vez q te tengo frente a mí, y hasta en mis recuerdos más íntimos. Por eso cuando te pienso, creo aún más que te seré fiel hasta el momento en que muera, y sé que tú harás justamente lo mismo... bellísima soberbia.
Una noche lluviosa, me acercó a tus ojos, te tocó el rostro con tal sutileza que al hacerlo me provoca un éxtasis que llena todo mi cuerpo, es una sensación irrevocable, y que sólo el sentir tu respiración justo en mi cuello, quisiera no desear nada más en este mundo.
Los gráficos estruendosos de la inmensa noche lluviosa, no me ciegan al ver tu perfección hecha mujer. Los senos despiertan en mi ser, la inexplicable imagen de colocarte frente a mí y acercar lentamente sobre mi falo y hacerte el amor lo más animal posible, desgarrar tus ropas, y menearte de tal manera que el Olimpo se extrañe de este acto.
Quizá unos me llamen loco, otros perverso, en realidad qué más da, lo importante es el hecho de sentirme a gusto al degustarte como si fueras el exquisito chocolate que permite incluso derretirse en mi boca, tan sólo al percibir tu aroma, que es deseado por todos, y hasta muchos dirían que se trata la envidia de todos.
Lo importante de esto es que perteneces a la persona más interesante que jamás podrás conocer, que decidiste estar conmigo a pesar de mis vicios cotidianos. Como el impulso que tengo de querer siempre más dinero en mi bolsa, no me interesa ser un abusivo con los demás, no me interesa demostrar algo que no soy, en realidad, antes que nada necesito ver por mí, pero después de mi, estarás en mi pensamiento carnal.
Cada vez que me dedico a observar a mí alrededor, podría estar seguro de que me siento desahuciado al no poder tener al momento lo que necesito, aunque muchos me critiquen y se hayan atrevido a culparme de envidioso.
Lo que no entienden es que lo que necesito me ha costado trabajo al soportar encañonadas de armas, ráfagas de balas e incluso madrazos y la misma libertad por setenta y dos horas; tiempo suficiente para escaparme de la cárcel. El punto es que siempre querré más.
Hubo un tiempo en el que a mis amigos les costaba trabajo sacarme de mi casa, e incluso ni siquiera me movía del viejo sillón en el que hasta el perro se adueñaba de una parte de él cubriéndome los cayos de mis pies descalzos. Me dijeron que el no moverme del sillón implicaría serias consecuencias, pero es algo que no me interesa, en lo absoluto. Hay que entender que hay momentos en los que uno tiene que detenerse a pensar por largo, largo tiempo y el estar en el sillón me permitía ese magnífico momento, sobre todo por que me permitía pensar en ti, y en todo lo que representas en mi ser. Sin ti, pierde sentido la forma de mi vida y de mi ser en general.
Tengo tanta esperanza de pensar que nunca me dejarás por que mutuamente nos necesitamos, a tal grado de que parecemos locos besándonos apasionadamente cada vez q te tengo frente a mí, y hasta en mis recuerdos más íntimos. Por eso cuando te pienso, creo aún más que te seré fiel hasta el momento en que muera, y sé que tú harás justamente lo mismo... bellísima soberbia.
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miércoles, 24 de noviembre de 2010
La rosa del amor
Por Adonay E. Romero
Era un día nublado con probabilidades de lluvia, mi nombre es Emerson estaba redactando mi último reporte, hace dos meses estaba investigando el robo de una joya llamada: la rosa del amor; un diamante en forma de una rosa con un valor incalculable, pero con una maldición; la cual decían que aquel que la tuviera en su poder, en caso de ser hombre; tenia la desgracia de morir en un accidente, pero si la dueña era una mujer, tenía la capacidad de encontrar el verdadero amor, por tal motivo era la joya más cotizada del establecimiento Harry Winston en Paris...
Estaba tras la pista del ladrón, o mejor dicho la ladrona, una mujer como ninguna, su nombre era Teresa, mi primer contacto fue inolvidable, fue precisamente la noche del robo a la joyería, cuando después de un día duro de trabajo, acudí a un bar por unas copas de vino, cuando la vi por primera vez, vestía un vestido negro de salón, escotado y con una ranura en la pierna derecha que hacía que se viera su muslo, tenía una muy hermosa figura, no se me hacía extraño que varios hombres estuvieran tratando de charlar con ella, todos con vanos esfuerzos, después de tomar su primer trago, fui hasta ella, y le pronuncié en su oído con un tono suave y rosando el contorno de su oreja, si le interesaría tomar una copa y tener una conversación interesante, acerca del brazalete egipcio que llevaba en su brazo izquierdo llamada ANGUIS DE CLEOPATRA.
A Teresa se le hizo interesante conversar conmigo porque parecía inteligente, debido que nadie se había percatado de su joya y mucho menos saber la procedencia y nombre del brazalete. Iniciamos una pequeña charla acerca de la procedencia de tal reliquia; sin embargo me sentía más atraído por ella, la manera en que se reía, su voz, sus labios carnosos en un tono rojo intenso, incluso cuando cruzó la pierna y dejó ver su pantaleta, fue un momento muy excitante. Ella al percatarse de esto me susurro al oído rozando la entre pierna; - eres muy guapo e inteligente cualidades raras en un hombre, sin embargo es hora de mi retirada-. Se levantó, me beso justamente a la mitad de los labios, y se fue dejando detrás el olor de su perfume.
A la mañana siguiente, me despierto con las noticias del famoso robo de la rosa del amor. Acudí a la escena del crimen, confirmé que fue un robo sin igual, no hay candados forzados, ventanas rotas incluso el sistema de seguridad no fue saboteado, solo había una extraña nota que decía: “sin sacrificio, no hay victoria”.
Al inicio de la investigación todo era confuso, no sabía por dónde empezar, y esa frase me tenía confundido más y más, porque la frase era mía, siempre la utilizaba como sello personal, sabía que estaba relacionado conmigo, me estaban retando y tenía que descubrir quién era, la nota no tenía huellas digitales pero la tinta era especial, provenía de Egipto, está compuesta con veneno de cobra; una tinta muy cara, si se tiene mucho contacto con la tinta puede provocarte una parálisis por días.
El transcurrir de los días, era insoportable hasta que descubrí el proveedor de la tinta, llamada ANGUIS (serpiente en latín), la pista me llevó a un barrio de París llamado El callejón del cráneo, era un lugar donde conseguías los venenos y pociones más peligrosos. Pregunté por un tipo llamado: Romeo. Quien al detectar que era detective, se mostró muy reacio a contestar; sin embargo ya contaba con esa situación, por lo que sacó el revolver Magnun , sacó todas las balas con excepción de una, giro el cartucho, apuntó a Romeo y jaló del gatillo, oyéndose un chasquido hueco, Romeo asustado hasta la médula, contó todo lo que sabía;
-- Una chica muy guapa, entró un día a mi tienda solicitando un frasco de tinta de ANGUIS, le mencioné que no tenía, y que era muy difícil encontrar, la chica no se inmuto, solo sacó un fajo de billetes, los depositó en el aparador, y mencionó que venía en dos días. A los dos días se presentó y se llevó la tinta….
--Emerson--- se que no vendes esa clase de frascos sin investigar quién es esa persona, para cuidar tu inversion, dime ¿en dónde la encuentro?—apretó una vez más el gatillo; ¡click!
-- Romeo-- ok.. ok. Amigo, no te enojes, podrías quitar…. Tu arma.. está bien.. de lo diré; esta hospedada en el hotel Florencia, habitación 21…
-- Emerson—Gracias, no fue tan difícil, verdad--- PUM .!! La bala paso rosando por la oreja de Romeo y estalló en una jarra por detrás del vendedor—si me mientes, volveré.
Acudí sin demora al hotel Florencia, preguntando por la habitación, para su sorpresa si habían rentado esa habitación pero nadie había dormido en ella. No había rastro de esa extraña mujer. Salí del vestíbulo, pasando por la alberca del hotel, cuando la ví. Estaba espectacular, era Teresa, con su traje de baño de dos piezas, estaba platicando acaloradamente con dos hombres de traje, se veía molesta, por que los encaraba, los caballeros se veían muy sorprendidos y molestos, se notaba que ambos tenían armas, incluso había otros dos poniendo la misma atención a esa platica, seguramente eran guarda espaldas, estaban protegiendo a los que estaban charlando con Teresa.
Una vez concluida la plática, con una sonrisa se metió en la piscina, los hombres se dieron la vuelta y procedieron a retirarse, cuando uno de ellos lo reconocí, era un maleante, compraba joyas y las revendía, tenía nexos con los políticos del país. Lo apodaban; El gargantilla, porque ahorcaba a sus víctimas.
Me acerqué a la alberca y extendí mi mano, para ayudar a salir de la alberca a Teresa, cuando salió la jalé hacia mi cuerpo estrechando mi pecho contra sus senos firmes y húmedos, sintió mi erección y la bese. En ese instante la tomé y le pregunté por su habitación, ella únicamente me tomo de la mano y me llevó al ascensor, donde no pude contenerme y le robe otro beso, bajé un poco el brasier descubriendo un pezón besando y chupándolo, acomodé su traje de baño y salimos en dirección hacia la habitación. Una vez dentro dimos rienda suelta a nuestra pasión, seduciéndonos, acariciando, besando le retirè el traje de baño, cuando retirè la parte baja del traje introduje mi dedo en su vagina para excitarla aún mas, respondió frenéticamente arrancándome mi corbata con camisa, dándome una mordida en el pecho, la estreché entre mis brazos, después la arrojé a la cama, donde recorrí su cuerpo con mis manos, y mi barba sin afeitar, gimió de placer, me saco el pene empezándolo a besar poco a poco, me miro y dijo: penétrame y hazme tuya. La penetré despacio cuidando en todo momento no lastimarla, humedecí un poco su vagina para posterior aumentar la penetración, nos tomamos con tal fuerza que nuestras espaldas sentíamos el apretón de nuestros abrazos, probamos muchas posturas, cada una con un éxtasis diferente. Toda la tarde nos la pasamos haciendo el amor.
Tendido a un lado completamente desnudos contemplé lo hermosa que se veía dormida junto a mí, me levanté despacio he indagué por la habitación, buscando algo que la relacionara, tenía el raro presentimiento que ella estaba involucrada, cuando en uno de los cajones encontré un sobre; dentro estaba la foto de la joya; LA ROSA DEL AMOR, con instrucciones y claves de acceso, también tenía fotos de mí, me estaba investigando, tenía mis horarios y casos que llevaba en el trabajo, no era una casualidad que me encontrara con ella, sabía que incluso el sabor de mis bebidas…
Voltee despacio, sabía que tenía un arma en las manos, la vi desnuda con mi magnun, desee volver a poseerla, cuando dijo:
--- Me descubriste, sabía que lo harías, eres un tipo muy inteligente, aunque tardaste un poco en encontrarme, no lo tomes personal, únicamente es trabajo, decían que eres el mejor, me pagaron para dejarte en ridículo e involucrarte en el robo, siempre te estás metiendo en lo que no te importa. Pronto encontrarán pruebas en tu casa, les envié a la policía una pista falsa que te vinculara.
-- No importa, saldré de esto, y te atraparé a ti y a tus cómplices, pero puedo ser indulgente contigo si te entregas y me das información de quien te contrato.
-- Crees que soy tonta? Jamás me atraparán, acabo de vender la joya y me voy del país, nunca más nos volveremos a ver.
-- Estas tratando con tipos muy peligrosos – se acerca, y pone el revólver en mi abdomen – puedo sacarte de todo esto.
--No mi amor, hasta la vista…. – me inyecta un sedante, se vuelve todo obscuro……………
Después del tercer día de la inyección.
…. Al despertar me encuentro en un hospital, sujeto a la cama, me percato que hay oficiales afuera de la sala, hay mucho movimiento….. Me sigo sintiendo mal……. La obscuridad me envuelve una vez más…….
Sexto día en el hospital
….. Sigo en cama, ¿por qué? Todo es confuso, esta un lado una enfermera, trato de hablarle, pero no me escucha, siento los ojos pesados……..
Octavo día.
Por fin puedo comer alimentos sólidos, me explica el médico, que me suministraron un veneno, es una suerte que sobreviví. Menciona el médico que oficialmente morí unos cuantos segundos, pero me revivieron y de una forma anónima les llego el antídoto. Alguien me salvó la vida, ¿habrá sido Teresa?, pero ¿por qué?. Ella fue quien me suministro el veneno, porque me salvo?.
Era un día nublado con probabilidades de lluvia, mi nombre es Emerson estaba redactando mi último reporte, hace dos meses estaba investigando el robo de una joya llamada: la rosa del amor; un diamante en forma de una rosa con un valor incalculable, pero con una maldición; la cual decían que aquel que la tuviera en su poder, en caso de ser hombre; tenia la desgracia de morir en un accidente, pero si la dueña era una mujer, tenía la capacidad de encontrar el verdadero amor, por tal motivo era la joya más cotizada del establecimiento Harry Winston en Paris...
Estaba tras la pista del ladrón, o mejor dicho la ladrona, una mujer como ninguna, su nombre era Teresa, mi primer contacto fue inolvidable, fue precisamente la noche del robo a la joyería, cuando después de un día duro de trabajo, acudí a un bar por unas copas de vino, cuando la vi por primera vez, vestía un vestido negro de salón, escotado y con una ranura en la pierna derecha que hacía que se viera su muslo, tenía una muy hermosa figura, no se me hacía extraño que varios hombres estuvieran tratando de charlar con ella, todos con vanos esfuerzos, después de tomar su primer trago, fui hasta ella, y le pronuncié en su oído con un tono suave y rosando el contorno de su oreja, si le interesaría tomar una copa y tener una conversación interesante, acerca del brazalete egipcio que llevaba en su brazo izquierdo llamada ANGUIS DE CLEOPATRA.
A Teresa se le hizo interesante conversar conmigo porque parecía inteligente, debido que nadie se había percatado de su joya y mucho menos saber la procedencia y nombre del brazalete. Iniciamos una pequeña charla acerca de la procedencia de tal reliquia; sin embargo me sentía más atraído por ella, la manera en que se reía, su voz, sus labios carnosos en un tono rojo intenso, incluso cuando cruzó la pierna y dejó ver su pantaleta, fue un momento muy excitante. Ella al percatarse de esto me susurro al oído rozando la entre pierna; - eres muy guapo e inteligente cualidades raras en un hombre, sin embargo es hora de mi retirada-. Se levantó, me beso justamente a la mitad de los labios, y se fue dejando detrás el olor de su perfume.
A la mañana siguiente, me despierto con las noticias del famoso robo de la rosa del amor. Acudí a la escena del crimen, confirmé que fue un robo sin igual, no hay candados forzados, ventanas rotas incluso el sistema de seguridad no fue saboteado, solo había una extraña nota que decía: “sin sacrificio, no hay victoria”.
Al inicio de la investigación todo era confuso, no sabía por dónde empezar, y esa frase me tenía confundido más y más, porque la frase era mía, siempre la utilizaba como sello personal, sabía que estaba relacionado conmigo, me estaban retando y tenía que descubrir quién era, la nota no tenía huellas digitales pero la tinta era especial, provenía de Egipto, está compuesta con veneno de cobra; una tinta muy cara, si se tiene mucho contacto con la tinta puede provocarte una parálisis por días.
El transcurrir de los días, era insoportable hasta que descubrí el proveedor de la tinta, llamada ANGUIS (serpiente en latín), la pista me llevó a un barrio de París llamado El callejón del cráneo, era un lugar donde conseguías los venenos y pociones más peligrosos. Pregunté por un tipo llamado: Romeo. Quien al detectar que era detective, se mostró muy reacio a contestar; sin embargo ya contaba con esa situación, por lo que sacó el revolver Magnun , sacó todas las balas con excepción de una, giro el cartucho, apuntó a Romeo y jaló del gatillo, oyéndose un chasquido hueco, Romeo asustado hasta la médula, contó todo lo que sabía;
-- Una chica muy guapa, entró un día a mi tienda solicitando un frasco de tinta de ANGUIS, le mencioné que no tenía, y que era muy difícil encontrar, la chica no se inmuto, solo sacó un fajo de billetes, los depositó en el aparador, y mencionó que venía en dos días. A los dos días se presentó y se llevó la tinta….
--Emerson--- se que no vendes esa clase de frascos sin investigar quién es esa persona, para cuidar tu inversion, dime ¿en dónde la encuentro?—apretó una vez más el gatillo; ¡click!
-- Romeo-- ok.. ok. Amigo, no te enojes, podrías quitar…. Tu arma.. está bien.. de lo diré; esta hospedada en el hotel Florencia, habitación 21…
-- Emerson—Gracias, no fue tan difícil, verdad--- PUM .!! La bala paso rosando por la oreja de Romeo y estalló en una jarra por detrás del vendedor—si me mientes, volveré.
Acudí sin demora al hotel Florencia, preguntando por la habitación, para su sorpresa si habían rentado esa habitación pero nadie había dormido en ella. No había rastro de esa extraña mujer. Salí del vestíbulo, pasando por la alberca del hotel, cuando la ví. Estaba espectacular, era Teresa, con su traje de baño de dos piezas, estaba platicando acaloradamente con dos hombres de traje, se veía molesta, por que los encaraba, los caballeros se veían muy sorprendidos y molestos, se notaba que ambos tenían armas, incluso había otros dos poniendo la misma atención a esa platica, seguramente eran guarda espaldas, estaban protegiendo a los que estaban charlando con Teresa.
Una vez concluida la plática, con una sonrisa se metió en la piscina, los hombres se dieron la vuelta y procedieron a retirarse, cuando uno de ellos lo reconocí, era un maleante, compraba joyas y las revendía, tenía nexos con los políticos del país. Lo apodaban; El gargantilla, porque ahorcaba a sus víctimas.
Me acerqué a la alberca y extendí mi mano, para ayudar a salir de la alberca a Teresa, cuando salió la jalé hacia mi cuerpo estrechando mi pecho contra sus senos firmes y húmedos, sintió mi erección y la bese. En ese instante la tomé y le pregunté por su habitación, ella únicamente me tomo de la mano y me llevó al ascensor, donde no pude contenerme y le robe otro beso, bajé un poco el brasier descubriendo un pezón besando y chupándolo, acomodé su traje de baño y salimos en dirección hacia la habitación. Una vez dentro dimos rienda suelta a nuestra pasión, seduciéndonos, acariciando, besando le retirè el traje de baño, cuando retirè la parte baja del traje introduje mi dedo en su vagina para excitarla aún mas, respondió frenéticamente arrancándome mi corbata con camisa, dándome una mordida en el pecho, la estreché entre mis brazos, después la arrojé a la cama, donde recorrí su cuerpo con mis manos, y mi barba sin afeitar, gimió de placer, me saco el pene empezándolo a besar poco a poco, me miro y dijo: penétrame y hazme tuya. La penetré despacio cuidando en todo momento no lastimarla, humedecí un poco su vagina para posterior aumentar la penetración, nos tomamos con tal fuerza que nuestras espaldas sentíamos el apretón de nuestros abrazos, probamos muchas posturas, cada una con un éxtasis diferente. Toda la tarde nos la pasamos haciendo el amor.
Tendido a un lado completamente desnudos contemplé lo hermosa que se veía dormida junto a mí, me levanté despacio he indagué por la habitación, buscando algo que la relacionara, tenía el raro presentimiento que ella estaba involucrada, cuando en uno de los cajones encontré un sobre; dentro estaba la foto de la joya; LA ROSA DEL AMOR, con instrucciones y claves de acceso, también tenía fotos de mí, me estaba investigando, tenía mis horarios y casos que llevaba en el trabajo, no era una casualidad que me encontrara con ella, sabía que incluso el sabor de mis bebidas…
Voltee despacio, sabía que tenía un arma en las manos, la vi desnuda con mi magnun, desee volver a poseerla, cuando dijo:
--- Me descubriste, sabía que lo harías, eres un tipo muy inteligente, aunque tardaste un poco en encontrarme, no lo tomes personal, únicamente es trabajo, decían que eres el mejor, me pagaron para dejarte en ridículo e involucrarte en el robo, siempre te estás metiendo en lo que no te importa. Pronto encontrarán pruebas en tu casa, les envié a la policía una pista falsa que te vinculara.
-- No importa, saldré de esto, y te atraparé a ti y a tus cómplices, pero puedo ser indulgente contigo si te entregas y me das información de quien te contrato.
-- Crees que soy tonta? Jamás me atraparán, acabo de vender la joya y me voy del país, nunca más nos volveremos a ver.
-- Estas tratando con tipos muy peligrosos – se acerca, y pone el revólver en mi abdomen – puedo sacarte de todo esto.
--No mi amor, hasta la vista…. – me inyecta un sedante, se vuelve todo obscuro……………
Después del tercer día de la inyección.
…. Al despertar me encuentro en un hospital, sujeto a la cama, me percato que hay oficiales afuera de la sala, hay mucho movimiento….. Me sigo sintiendo mal……. La obscuridad me envuelve una vez más…….
Sexto día en el hospital
….. Sigo en cama, ¿por qué? Todo es confuso, esta un lado una enfermera, trato de hablarle, pero no me escucha, siento los ojos pesados……..
Octavo día.
Por fin puedo comer alimentos sólidos, me explica el médico, que me suministraron un veneno, es una suerte que sobreviví. Menciona el médico que oficialmente morí unos cuantos segundos, pero me revivieron y de una forma anónima les llego el antídoto. Alguien me salvó la vida, ¿habrá sido Teresa?, pero ¿por qué?. Ella fue quien me suministro el veneno, porque me salvo?.
Continuara………..
domingo, 7 de noviembre de 2010
Ya estoy de Vuelta mi amado Popocatépetl
Por Lorena Soto
Silvia siempre había escuchado muchas historias acerca de ese volcán, las leyendas le gustaban mucho, pero la que más le gustaba era la que hablaba del guerrero Popocatépetl, que se enamoraba de la princesa Iztacíhuatl, pero que a su padre Tezozómoc no le agradaba tal amorío, entonces los enamorados deciden escapar, sin embargo Iztacíhuatl es alcanzada por una flecha que causa su muerte y queda como dormida, entonces Popocatépetl promete que la va a cuidar hasta que regrese.
A Silvia le gustaba mucho esta leyenda desde que era una niña, y siempre pensó en hacer un viaje algún día para ir al volcán lleno de nieve en los límites de Puebla y el Estado de México, después de todo no estaba tan cerca y podría ser una buena aventura, de esas que perduran por toda la vida en nuestras mentes.
Al transcurso de los años, se fue olvidando de aquella emoción e inquietud que sentía cada vez que escuchaba la historia en voz de su bisabuela, ya que ella soñaba cada día con ser la princesa Iztacíhuatl y que Popocatépetl fuera por ella para llevarla a un lugar lejos de ahí.
Silvia nunca tuvo el afecto de sus padres, para ellos era más importante pelear todo el tiempo por el bienestar de su hija, que ver por ella, la mayor parte del tiempo Silvia estaba sola, pues sus padres trabajaban todo el día, salvo los fines de semana, que la llevaban con la bisabuela hasta el domingo que pasaban por ella ya muy tarde.
Ya cuando iba a entrar a la universidad, Silvia fue invitada por algunos de sus amigos a un campamento, precisamente en las faldas del volcán, ella lo pensó por un momento, pero en el fondo sabía que deseaba con fuerza ir al lugar; así que decidió que así sería. Lo haría aunque sus papás no se lo permitieran, y como eso sucedía muy a menudo, pues pensó en no comentarles nada, a fin de cuentas, sólo serían una par de noches, tal vez ni siquiera notarían su presencia, ya que después de la muerte de su bisabuela, ellos seguían saliendo los fines de semana cada quién por su lado y la dejaban sola en casa.
Aceptó entonces ir con sus amigos. La caminata fue larga a través del monte y el frío se hacía cada vez más intenso. Llegaron ya hasta donde nevaba y decidieron acampar ahí, pero a medida en que Silvia se iba acercando, la invadía una ansiedad terrible, sentía nostalgia al ver ese gran monte cubierto por la nieve.
Antes de comenzar a subir, muchos lugareños les advirtieron no sólo del frío, sino de las tremendas tormentas que en las noches ocurrían, les recomendaron que siempre estuvieran juntos por si acaso, porque era muy peligroso andar de noche por esos rumbos. Era un lugar muy concurrido pero no lo suficiente como para que se realizaran búsquedas exhaustivas por las personas desaparecidas.
No obstante a Silvia siempre le intrigó eso de ver los cráteres de los volcanes, “¿se verá así la lava y todo?” se preguntaba. De pronto, ella recordó las leyendas que su abuela le contaba de ese volcán. Realmente toda su niñez vivió enamorada del guerrero Popocatépetl.
Espero a que todos durmieran y pensó “¿tormenta, cuál tormenta?, si no pasa nada, ni que me fuera yo a perder” Caminó mucho tiempo y el frío ya le helaba hasta los huesos, pero cuando se disponía a regresar vio a lo lejos una silueta, la silueta de un hombre con varias pieles encima cubriéndolo del frío, se dispuso a acercarse y le llamó “¡Oye tú, qué haces aquí tan tarde!” supuso que era un hombre, por la espalda ancha que se le veía desde lejos, así que continuó acercándose.
Siguió gritándole pero no volteaba a verla, como si no la escuchara, entonces se acercó más y más hasta que lo tuvo casi en frente “Me llamo Silvia ¿tú qué haces tan tarde aquí, acaso estás buscando a Iztacíhuatl?” dijo ella con un tono burlón. En cuanto terminó de mencionar el nombre, el volteó a mirarla, la vio a los ojos y dijo algo extraño, en una lengua que ella no entendía, pensó entonces que él era uno de los lugareños que le estaba jugando una broma, pero entonces el joven la abrazó y siguió hablando en una lengua extraña. Perpleja Silvia sólo se quedó pasmada y no reprochó nada, pues de alguna manera sentía cierta nostalgia y una calidez extraña al estar cerca de este hombre.
El la abrazaba con tanta fuerza que ella no podía ni separarlo un poco de su cuerpo, de repente, sintió que él la tomó de los hombros y la alejó un poco para ver su rostro. Al verlo, sintió un alivio y una paz inmensa, como si le hubiesen quitado un peso de encima, algunas lágrimas brotaron de sus ojos y ella sonrió. Hacía frío, pero ella ya no lo sentía. Él volvió a decir unas palabras, ella sabía que era un lenguaje que jamás había escuchado en su vida, pero por algún motivo supo a qué se refería, ella entendió lo que él le dijo. Silvia suspiró y con una sonrisa en sus labios dijo “Ya estoy de Vuelta mi amado Popocatépetl”
Silvia siempre había escuchado muchas historias acerca de ese volcán, las leyendas le gustaban mucho, pero la que más le gustaba era la que hablaba del guerrero Popocatépetl, que se enamoraba de la princesa Iztacíhuatl, pero que a su padre Tezozómoc no le agradaba tal amorío, entonces los enamorados deciden escapar, sin embargo Iztacíhuatl es alcanzada por una flecha que causa su muerte y queda como dormida, entonces Popocatépetl promete que la va a cuidar hasta que regrese.
A Silvia le gustaba mucho esta leyenda desde que era una niña, y siempre pensó en hacer un viaje algún día para ir al volcán lleno de nieve en los límites de Puebla y el Estado de México, después de todo no estaba tan cerca y podría ser una buena aventura, de esas que perduran por toda la vida en nuestras mentes.
Al transcurso de los años, se fue olvidando de aquella emoción e inquietud que sentía cada vez que escuchaba la historia en voz de su bisabuela, ya que ella soñaba cada día con ser la princesa Iztacíhuatl y que Popocatépetl fuera por ella para llevarla a un lugar lejos de ahí.
Silvia nunca tuvo el afecto de sus padres, para ellos era más importante pelear todo el tiempo por el bienestar de su hija, que ver por ella, la mayor parte del tiempo Silvia estaba sola, pues sus padres trabajaban todo el día, salvo los fines de semana, que la llevaban con la bisabuela hasta el domingo que pasaban por ella ya muy tarde.
Ya cuando iba a entrar a la universidad, Silvia fue invitada por algunos de sus amigos a un campamento, precisamente en las faldas del volcán, ella lo pensó por un momento, pero en el fondo sabía que deseaba con fuerza ir al lugar; así que decidió que así sería. Lo haría aunque sus papás no se lo permitieran, y como eso sucedía muy a menudo, pues pensó en no comentarles nada, a fin de cuentas, sólo serían una par de noches, tal vez ni siquiera notarían su presencia, ya que después de la muerte de su bisabuela, ellos seguían saliendo los fines de semana cada quién por su lado y la dejaban sola en casa.
Aceptó entonces ir con sus amigos. La caminata fue larga a través del monte y el frío se hacía cada vez más intenso. Llegaron ya hasta donde nevaba y decidieron acampar ahí, pero a medida en que Silvia se iba acercando, la invadía una ansiedad terrible, sentía nostalgia al ver ese gran monte cubierto por la nieve.
Antes de comenzar a subir, muchos lugareños les advirtieron no sólo del frío, sino de las tremendas tormentas que en las noches ocurrían, les recomendaron que siempre estuvieran juntos por si acaso, porque era muy peligroso andar de noche por esos rumbos. Era un lugar muy concurrido pero no lo suficiente como para que se realizaran búsquedas exhaustivas por las personas desaparecidas.
No obstante a Silvia siempre le intrigó eso de ver los cráteres de los volcanes, “¿se verá así la lava y todo?” se preguntaba. De pronto, ella recordó las leyendas que su abuela le contaba de ese volcán. Realmente toda su niñez vivió enamorada del guerrero Popocatépetl.
Espero a que todos durmieran y pensó “¿tormenta, cuál tormenta?, si no pasa nada, ni que me fuera yo a perder” Caminó mucho tiempo y el frío ya le helaba hasta los huesos, pero cuando se disponía a regresar vio a lo lejos una silueta, la silueta de un hombre con varias pieles encima cubriéndolo del frío, se dispuso a acercarse y le llamó “¡Oye tú, qué haces aquí tan tarde!” supuso que era un hombre, por la espalda ancha que se le veía desde lejos, así que continuó acercándose.
Siguió gritándole pero no volteaba a verla, como si no la escuchara, entonces se acercó más y más hasta que lo tuvo casi en frente “Me llamo Silvia ¿tú qué haces tan tarde aquí, acaso estás buscando a Iztacíhuatl?” dijo ella con un tono burlón. En cuanto terminó de mencionar el nombre, el volteó a mirarla, la vio a los ojos y dijo algo extraño, en una lengua que ella no entendía, pensó entonces que él era uno de los lugareños que le estaba jugando una broma, pero entonces el joven la abrazó y siguió hablando en una lengua extraña. Perpleja Silvia sólo se quedó pasmada y no reprochó nada, pues de alguna manera sentía cierta nostalgia y una calidez extraña al estar cerca de este hombre.
El la abrazaba con tanta fuerza que ella no podía ni separarlo un poco de su cuerpo, de repente, sintió que él la tomó de los hombros y la alejó un poco para ver su rostro. Al verlo, sintió un alivio y una paz inmensa, como si le hubiesen quitado un peso de encima, algunas lágrimas brotaron de sus ojos y ella sonrió. Hacía frío, pero ella ya no lo sentía. Él volvió a decir unas palabras, ella sabía que era un lenguaje que jamás había escuchado en su vida, pero por algún motivo supo a qué se refería, ella entendió lo que él le dijo. Silvia suspiró y con una sonrisa en sus labios dijo “Ya estoy de Vuelta mi amado Popocatépetl”
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miércoles, 11 de agosto de 2010
La promesa
Por Yuquiabe Romero
Y sigo esperándote sentada en la vieja silla mirando hacia el mar…
Y sigo esperándote sentada en la vieja silla mirando hacia el mar…
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domingo, 23 de mayo de 2010
La promesa
Mario Alavez
Quisiera no poder contar esta historia. Quisiera no haber buscado esa entrevista, como tantas otras veces, quisiera que nunca hubiera pasado.
El momento de mi titulación se acercaba, estaba nervioso, pues tenía que presentar mi examen profesional y porque no tenía idea de qué quería hacer de mi vida, estaba repasando mentalmente el tema de mi tesis, la mente del psicópata, revisando uno a uno los momentos que pasé con el psicólogo especializado en diagnóstico de esquizofrenia, que era lo más común en los psicópatas, eso y el delirio de persecución.
¡Tienes que estar loco para querer hacer esto! Me dijeron una y otra vez mis asesores, mi madre y mi hermano, pero era necesario, tenía que encontrar a un psicópata controlado por los medicamentos, conocerlo, saber de él, entenderlo y pasar tiempo con el. Eso le daría a mi tesis un toque más realista.
Lo hice, encontré a Víctor Hernández, uno de los más crueles asesinos de la historia.
No estaba asustado, los médicos me habían asegurado que no había peligro, que con los tratamientos era suficiente para que no reincidiera.
Me encontré con el, en su muy modesto apartamento, apenas tenía una cama, una mesa con dos sillas, un sofá y una televisión de 14 pulgadas, las paredes estaban descuidadas, pero todo el lugar parecía estar perfectamente organizado, extrañamente abundaban libros que estaban en un estricto orden alfabético.
Gracias por recibirme Víctor, dije extendiendo mi mano a la diminuta mano del asesino. El gusto es mío, no pensé que nadie quisiera estar cerca de mí después de lo que hice, estoy arrepentido, las medicinas me hay ayudado mucho.
Espero que no te moleste el motivo de mi visita, le respondí tímidamente.
No te preocupes, no sirve de nada negar lo hecho, lo importante es que ya está superado. ¿Por dónde empezamos?
¿Qué te parece si me dices cómo era tu vida antes de… bueno…
Los asesinatos, completó mi frase sin titubear o mostrar un asomo de pena o enojo.
Si, por favor, le dije mientras ponía mi grabadora sobre la mesa y la activaba.
Pues verás, era un tanto tímido, mi tamaño no me ayuda- apenas medía 1.58- pero era exitoso, trabajaba como administrador de una empresa mediana que comercializaba plásticos, no me podía quejar, ganaba veinticinco mil pesos más prestaciones y utilidades. Siempre fui muy trabajador y evitaba los conflictos a toda costa, en las crisis de la empresa, siempre tenía la cabeza clara cuando todos gritaban, no por nada fui el mejor de mi generación.
¿Entonces, qué sucedió? ¿Qué te hizo cambiar del administrador tímido al…
Asesino, volvió a completar. Si. Se nota que no eres periodista, dijo mientras sonreía, extrañamente era una sonrisa relajada, llena de paz. Verás, iba caminando por la calle y empecé a escuchar una voz en mi cabeza, que ignoré, pero me causó un escalofrío espeluznante, era un susurro reclamante que exigía no fuera tan pusilánime, sabía que no lo era, pero me lo reclamaba. Me decía que debía poner las cosas en su lugar, hacer respetar mi inteligencia, mi superioridad. Entonces corrí a mi departamento, que no se parece en nada al que tengo hoy, quería dormir, pues el temor se convirtió en pavor.
La voz desapareció durante meses, pero vino una nueva crisis en la empresa y esta era bastante severa, la compañía estaba a punto de quebrar y todos gritaban, exigían una solución, golpeaban en mi escritorio… por primera vez en mi vida no sabía que hacer. Entonces la voz volvió a surgir, que dejen de gritar, no eres su gato, si esta empresa les ha dado tanto es gracias a ti, cállalos, cállalos, cállalos…. Y a cada repetición los ojos miel del asesino se abrían más, mientras su voz crecía en volumen.
Entonces, siguió Víctor, les pedí a mis jefes que me dieran un momento a solas para poder pensar con una voz apagada, incluso para mí.
Los ejecutivos se fueron, no sin antes decirme que querían una respuesta para el día siguiente y la merecían, después de todo ese era mi trabajo.
Pero esta vez la voz no desapareció, ahora se había apoderado de mí, no he podido entender por qué, pero así fue. Me volví un zombi, me ordenó que saliera a la calle, lo hice, me ordenó que citara a los jefes a las 10 de la mañana del día siguiente, que ya tenía una solución.
Nunca pude retomar el control de la situación, ya tenía todo listo, predispuesto para que no se interrumpiera la junta hasta que todos salieran.
Me encargué de preparar café con Valium, de meter en mi portafolio hojas de bisturí, una pistola con un silenciador, trapos, encendedores, gasolina, cuerda.
Empecé a establecer una táctica, que ahora que lo pienso era una solución muy buena, mientras ellos le daban sorbos largos de café a sus tazas y me miraban con incredulidad, la solución era extremadamente viable y funcional y aunque no lo fuera, ellos simplemente no lo sabrían.
El sueño comenzó a apoderarse de ellos, todos cayeron dormidos casi al mismo tiempo, sólo el más voluminoso de ellos pudo resistir un par de minutos más, pero desafortunadamente para ellos era el que estaba sentado hasta el frente y por tanto no pudo ver lo que sucedía con los demás.
Ya perdidos, los amarré y amordacé. Comencé a hacer pequeñas incisiones para despertarlos, cada uno quiso gritar, pero no podían. Les perforé el abdomen, lo suficiente como para poder ver el estómago de los 5 ejecutivos. Después metí la mano en las cavidades de cada uno para mantenerlos despiertos y perforé sus estómagos, dejando que los jugos gástricos comenzaran a lacerar sus intestinos, el proceso iba a tardar mucho tiempo, tenía media hora para hacerlos plañir, incluso más de lo que ya lo estaban haciendo.
Los jugos iba a destruir sus intestinos, pero eso no los mataría, tampoco la peritonitis, sino el ácido que lograra llegar a sus pulmones, pues los iba a hacer morir asfixiados, provocando que sus extremidades se gangrenaran, por la falta de oxigenación de la sangre.
Mientras eso sucedía, y yo buscaba mis encendedores, les decía: Ojalá hayan entendido que lo que yo hago aquí vale más que sus vidas. Si tienen dinero es gracias a mí, no a su inversión, yo soy Dios y como tal he decidido quitarles la vida.
Humedecí los trapos con la gasolina y me acerqué a ellos mientras los prendía.
Puse el fuego en cada uno de los ojos de los jefes, haciéndolos explotar al instante y de inmediato cauterizando con el mismo ardor.
Cuando empezaron a tener dificultades para respirar, terminé con mi obra, les disparé en el pecho, recogí mis cosas y salí como si nada.
Ese sólo fue el comienzo de los 25 asesinatos que cometí, todos iguales, bastaba una mirada lasciva o un empujón en la calle para que surgiera la voz.
Finalmente me atraparon y me encerraron, me declararon mentalmente inestable y me dieron las medicinas, desde entonces la voz desapareció y trece años después me liberaron del manicomio.
Estaba helado, no sabía que decir, que hacer, quería correr.
Tranquilo, eso es el pasado, me dijo para calmarme ¿Quieres un café?
No, grité inconscientemente. No te preocupes, no tengo Valium.
Perdón, dije apenado, pero creo que me quedé con la impresión del relato, si por favor, sin azúcar estaría bien.
Platicamos un rato más y me despedí con la promesa de volver a visitarlo.
Pero estaba vuelto loco con el servicio social, el final de mi tesis y los exámenes finales y no pude volver, sinceramente había olvidado la promesa.
Llegó el gran día, estaba en la facultad, las manos me sudaban, tenía la cara igual de a perlada que las manos, fui al baño a mojarme la cara, eso siempre me había funcionado.
La lógica de los nervios me obligó a detenerme primero en los mingitorios, después a los lavabos. Mojé mis manos haciendo pocito con ellas y humedecí mi cara, dejándola cubierta durante un rato.
Me sequé la frente, las mejillas y una gota me entró al ojo obligándome a cerrarlo y tallarlo desesperadamente, mientras bajaba la cara maldiciendo.
Cuando levanté el rostro en el espejo había un pequeño hombre detrás de mí.
Un pañuelo me cubrió nariz y boca, el hombrecillo me jaló hacia el.
La voz ha vuelto, me susurró al oído.
Cuando desperté ya estaba aquí, en el mismo departamento en el que hice aquella entrevista, un dolor intenso en el abdomen me despertó, pero no veía a nadie.
Veo que olvidas fácilmente las promesas, me dijo Víctor, que estaba sentado a mi espalda…
Quisiera no poder contar esta historia. Quisiera no haber buscado esa entrevista, como tantas otras veces, quisiera que nunca hubiera pasado.
El momento de mi titulación se acercaba, estaba nervioso, pues tenía que presentar mi examen profesional y porque no tenía idea de qué quería hacer de mi vida, estaba repasando mentalmente el tema de mi tesis, la mente del psicópata, revisando uno a uno los momentos que pasé con el psicólogo especializado en diagnóstico de esquizofrenia, que era lo más común en los psicópatas, eso y el delirio de persecución.
¡Tienes que estar loco para querer hacer esto! Me dijeron una y otra vez mis asesores, mi madre y mi hermano, pero era necesario, tenía que encontrar a un psicópata controlado por los medicamentos, conocerlo, saber de él, entenderlo y pasar tiempo con el. Eso le daría a mi tesis un toque más realista.
Lo hice, encontré a Víctor Hernández, uno de los más crueles asesinos de la historia.
No estaba asustado, los médicos me habían asegurado que no había peligro, que con los tratamientos era suficiente para que no reincidiera.
Me encontré con el, en su muy modesto apartamento, apenas tenía una cama, una mesa con dos sillas, un sofá y una televisión de 14 pulgadas, las paredes estaban descuidadas, pero todo el lugar parecía estar perfectamente organizado, extrañamente abundaban libros que estaban en un estricto orden alfabético.
Gracias por recibirme Víctor, dije extendiendo mi mano a la diminuta mano del asesino. El gusto es mío, no pensé que nadie quisiera estar cerca de mí después de lo que hice, estoy arrepentido, las medicinas me hay ayudado mucho.
Espero que no te moleste el motivo de mi visita, le respondí tímidamente.
No te preocupes, no sirve de nada negar lo hecho, lo importante es que ya está superado. ¿Por dónde empezamos?
¿Qué te parece si me dices cómo era tu vida antes de… bueno…
Los asesinatos, completó mi frase sin titubear o mostrar un asomo de pena o enojo.
Si, por favor, le dije mientras ponía mi grabadora sobre la mesa y la activaba.
Pues verás, era un tanto tímido, mi tamaño no me ayuda- apenas medía 1.58- pero era exitoso, trabajaba como administrador de una empresa mediana que comercializaba plásticos, no me podía quejar, ganaba veinticinco mil pesos más prestaciones y utilidades. Siempre fui muy trabajador y evitaba los conflictos a toda costa, en las crisis de la empresa, siempre tenía la cabeza clara cuando todos gritaban, no por nada fui el mejor de mi generación.
¿Entonces, qué sucedió? ¿Qué te hizo cambiar del administrador tímido al…
Asesino, volvió a completar. Si. Se nota que no eres periodista, dijo mientras sonreía, extrañamente era una sonrisa relajada, llena de paz. Verás, iba caminando por la calle y empecé a escuchar una voz en mi cabeza, que ignoré, pero me causó un escalofrío espeluznante, era un susurro reclamante que exigía no fuera tan pusilánime, sabía que no lo era, pero me lo reclamaba. Me decía que debía poner las cosas en su lugar, hacer respetar mi inteligencia, mi superioridad. Entonces corrí a mi departamento, que no se parece en nada al que tengo hoy, quería dormir, pues el temor se convirtió en pavor.
La voz desapareció durante meses, pero vino una nueva crisis en la empresa y esta era bastante severa, la compañía estaba a punto de quebrar y todos gritaban, exigían una solución, golpeaban en mi escritorio… por primera vez en mi vida no sabía que hacer. Entonces la voz volvió a surgir, que dejen de gritar, no eres su gato, si esta empresa les ha dado tanto es gracias a ti, cállalos, cállalos, cállalos…. Y a cada repetición los ojos miel del asesino se abrían más, mientras su voz crecía en volumen.
Entonces, siguió Víctor, les pedí a mis jefes que me dieran un momento a solas para poder pensar con una voz apagada, incluso para mí.
Los ejecutivos se fueron, no sin antes decirme que querían una respuesta para el día siguiente y la merecían, después de todo ese era mi trabajo.
Pero esta vez la voz no desapareció, ahora se había apoderado de mí, no he podido entender por qué, pero así fue. Me volví un zombi, me ordenó que saliera a la calle, lo hice, me ordenó que citara a los jefes a las 10 de la mañana del día siguiente, que ya tenía una solución.
Nunca pude retomar el control de la situación, ya tenía todo listo, predispuesto para que no se interrumpiera la junta hasta que todos salieran.
Me encargué de preparar café con Valium, de meter en mi portafolio hojas de bisturí, una pistola con un silenciador, trapos, encendedores, gasolina, cuerda.
Empecé a establecer una táctica, que ahora que lo pienso era una solución muy buena, mientras ellos le daban sorbos largos de café a sus tazas y me miraban con incredulidad, la solución era extremadamente viable y funcional y aunque no lo fuera, ellos simplemente no lo sabrían.
El sueño comenzó a apoderarse de ellos, todos cayeron dormidos casi al mismo tiempo, sólo el más voluminoso de ellos pudo resistir un par de minutos más, pero desafortunadamente para ellos era el que estaba sentado hasta el frente y por tanto no pudo ver lo que sucedía con los demás.
Ya perdidos, los amarré y amordacé. Comencé a hacer pequeñas incisiones para despertarlos, cada uno quiso gritar, pero no podían. Les perforé el abdomen, lo suficiente como para poder ver el estómago de los 5 ejecutivos. Después metí la mano en las cavidades de cada uno para mantenerlos despiertos y perforé sus estómagos, dejando que los jugos gástricos comenzaran a lacerar sus intestinos, el proceso iba a tardar mucho tiempo, tenía media hora para hacerlos plañir, incluso más de lo que ya lo estaban haciendo.
Los jugos iba a destruir sus intestinos, pero eso no los mataría, tampoco la peritonitis, sino el ácido que lograra llegar a sus pulmones, pues los iba a hacer morir asfixiados, provocando que sus extremidades se gangrenaran, por la falta de oxigenación de la sangre.
Mientras eso sucedía, y yo buscaba mis encendedores, les decía: Ojalá hayan entendido que lo que yo hago aquí vale más que sus vidas. Si tienen dinero es gracias a mí, no a su inversión, yo soy Dios y como tal he decidido quitarles la vida.
Humedecí los trapos con la gasolina y me acerqué a ellos mientras los prendía.
Puse el fuego en cada uno de los ojos de los jefes, haciéndolos explotar al instante y de inmediato cauterizando con el mismo ardor.
Cuando empezaron a tener dificultades para respirar, terminé con mi obra, les disparé en el pecho, recogí mis cosas y salí como si nada.
Ese sólo fue el comienzo de los 25 asesinatos que cometí, todos iguales, bastaba una mirada lasciva o un empujón en la calle para que surgiera la voz.
Finalmente me atraparon y me encerraron, me declararon mentalmente inestable y me dieron las medicinas, desde entonces la voz desapareció y trece años después me liberaron del manicomio.
Estaba helado, no sabía que decir, que hacer, quería correr.
Tranquilo, eso es el pasado, me dijo para calmarme ¿Quieres un café?
No, grité inconscientemente. No te preocupes, no tengo Valium.
Perdón, dije apenado, pero creo que me quedé con la impresión del relato, si por favor, sin azúcar estaría bien.
Platicamos un rato más y me despedí con la promesa de volver a visitarlo.
Pero estaba vuelto loco con el servicio social, el final de mi tesis y los exámenes finales y no pude volver, sinceramente había olvidado la promesa.
Llegó el gran día, estaba en la facultad, las manos me sudaban, tenía la cara igual de a perlada que las manos, fui al baño a mojarme la cara, eso siempre me había funcionado.
La lógica de los nervios me obligó a detenerme primero en los mingitorios, después a los lavabos. Mojé mis manos haciendo pocito con ellas y humedecí mi cara, dejándola cubierta durante un rato.
Me sequé la frente, las mejillas y una gota me entró al ojo obligándome a cerrarlo y tallarlo desesperadamente, mientras bajaba la cara maldiciendo.
Cuando levanté el rostro en el espejo había un pequeño hombre detrás de mí.
Un pañuelo me cubrió nariz y boca, el hombrecillo me jaló hacia el.
La voz ha vuelto, me susurró al oído.
Cuando desperté ya estaba aquí, en el mismo departamento en el que hice aquella entrevista, un dolor intenso en el abdomen me despertó, pero no veía a nadie.
Veo que olvidas fácilmente las promesas, me dijo Víctor, que estaba sentado a mi espalda…
sábado, 15 de mayo de 2010
Todo pasa
Yuquiabe Romero
Mario Alavez
El antro estaba atestado de gente, las luces intermitentes y la música a todo volumen, hacía un ambiente perfecto para mí, perdido en el anonimato, caminando sin detenerme entre la gente, siendo golpeado sin intención, derramando charquitos de vodka por todo el lugar.
Quería perderme en alcohol, quería dejar de saber de mi vida, al menos por el fin de semana, no tenía idea de cómo regresaría a mi casa, no sabía siquiera si podía dejar de beber.
La noche transcurría entre fantasmas multicolor, gente que bailaba, que ligaba, entraban y salían del baño, gente con los ojos perdidos, medianamente ebrios, que balbuceaban, peleaban con el aire o reían sin razón alguna.
El aire comenzaba a ser vicioso. Otro más. ¿cuántos van? Ya no sé, todo se nubla, los fantasmas ahora son amorfos, las luces son más intensas y más veloces, siento nauseas.
¿Sigues conmigo? Me preguntó Julio, el confidente desconocido detrás de la barra, el que sabe todas las historias, el psicólogo que se conforma con cien pesos de propina.
Si, si, dije manoteando torpemente, mientras hacía la seña de que me sirviera otro, mientras él se negaba yo insistí y le puse el dinero en la mesa, lo tomó y me sirvió el trago siguiente.
Me estaba gastando la mitad de mi liquidación en alcohol y no era siquiera la una de la mañana, estaba desesperado, abandonado, ni siquiera podía llorar, me sentía vacío.
Tuvieron que sacarme a rastras del bar, entre el suelo mojado, el mismo Julio me pidió un taxi.
Pasó más de media hora y por fin se detuvo uno, en el que por su apariencia, un carro casi destartalado, un Sedán de esos que ahora escasean en la Ciudad de México, pero que aún seguía andante, a paso lento pero constante.
El buen amigo Julio ayuda a subirme, mientras que yo, un poco inconsciente, me aferro a no abordarlo, sin embargo a Julio no le cuesta tanto trabajo; será por que no soy el primer borracho que se le cruza en su camino, por lo que la fuerza de sus brazos hacían constar esta afirmación.
El taxista, un hombre canoso, delgado, cuyo rostro pareciera estar atento a la situación, así mismo demostraba ser una persona muy preocupada; esperaba a que abordara el transporte muy paciente. Sólo nos observaba a detalle hasta que se cierra la puerta del auto, y el chofer hacer avanzarlo.
-A donde lo llevo joven - Inicia la conversación el taxista.
-A la perdición,¡¡ Lléveme al carajo!! – le respondo
Al fondo de esta conversación sólo se escucha la canción del Trío los Panchos Sin ti.
-Joven, ¿en dónde es su casa? – Insiste el viejo
-Mi casa, mi casa, mi jodida casa está en la Nueva Atzacoalco – le respondo al viejo mientras que mi cabeza se tambalea de uno a otro lado.
Me asomo a ver la ventana, y miro todo mi borroso alrededor, en el que siendo casi las dos de la mañana según mi reloj, la vida nocturna de esta ciudad.
-Pues el camino es largo joven, ¿qué lo tiene así?
-Su pinche música de anciano- le espeté, aunque la música me importaba un carajo, necesitaba desquitar el doble coraje, el dolor provocado por la más perra de las zorras que puede haber en este mundo y por la falta de alcohol.
-Ya, ya. ¿Qué le hizo?
-¿Que qué me hizo?- dije mientras me limpiaba a medias la baba que había salido como un hilillo que mojó toda la solapa del smoking
- No es lo que me hizo- dije mientras el grito se convertía en sollozo- es todo lo que me ha pasado.
Por principio de cuentas perdí mi trabajo hace una semana, sin razón la compañía quebró y estoy engrosando las putas filas del desempleo del pinche presidente disque del empleo.
-Pues yo tengo otro taxi, por si le interesa.
No escuché eso, estaba demasiado inmerso en el recuerdo, no me interesaba en lo más mínimo lo que dijera el taxista.
-Después ella llegó, tarde, pero llegó, todo iba bien, normal, como se puede esperar. Nos juramos amor eterno, nos besamos y siguieron las pendejadas de las fotos. Nos fuimos a la fiesta y ella se desapareció después del brindis, no la encontraba por ningún lado y fui a buscarla.
-Fue entonces cuando entré al vestidor del salón, ahí estaba, prensada de sus brazos, la muy puta.
-Uy, joven. ¡que mala mujer!
-No, más bien ¡que poca madre!
-Tiene razón, mire que engañarlo el día de su boda, creo que sería mejor mentársela. Si mi esposa me engañara después de mis horarios, digo, la entendería, me enojaría y le rompería la cara, pero la entendería, aguantar veinte años al mismo hombre, no debe ser fácil.
-Es que eso es lo peor.
-¿A qué se refiere, joven?
-A que me engañó con sangre de mi sangre… nunca me imaginé que pudieran ser tan mierdas.
-¿Y qué hizo cuando vio lo que pasaba?
-Me salí del vestidor y corrí al baño, no lo podía creer, ¡era imposible! ¡Después de toda la pinche faramalla hacer esas mamadas!
-¿Y luego, qué pasó?
-Pues me tranquilicé y decidí matarla.
Las manos volvieron a palpitarme como en el momento en el que veía sus ojos suplicantes, después de que le pedí un momento a solas para hablar, nos salimos del salón y le pedí que me acompañara a fumar un cigarro, ella aceptó sin decir nada, no se imaginaba que sabía.
-Entonces le dije que la había visto, mi hermana no atinó a decir nada sólo tartamudeaba una disculpa, la tomé por el cuello y la estrangulé, disfruté ver sus ojos mientras moría.
-¿Y no los buscaron cuando se tardaron?
-¿Por qué habrían de buscarnos? Finalmente era normal el desaparecer en las bodas, después de un rato nadie sabe donde anda uno
- Cuando sucedió todo pensé “Esto no está pasando, ¡no mames! Estoy hablando conmigo, pero tú tienes veinte años más que yo, seguro son las copas y el elefante blanco que ha de existir, es un sueño.”
-Sólo en la noche de bodas… un poco de sexo para intentar explicarme lo que había sucedido, pero no podías dejar de pensar en la situación, por que mi hermana se cogió a mi esposa por tan sólo unas copas de vino, ¡¡que va!! ¡Todo quedó en familia! de pronto me golpeo en la cabeza y quedé inconsciente, desperté en una ambulancia.
-Pero… despierto y pareciera no tener ningún golpe… Una semana en el hospital a causa de un traumatismo provocado por mi inconsciente.
-Interesante historia joven- responde sarcásticamente
-¡Claro que no! Bueno no del todo, mi vida es una vasca, ya no sé que hacer de ella, no me puedo perdonar-. Una risa macabra me hizo estremecer.
- Pues, en eso tienes razón, Carlos, es un poco difícil… pero no hay nada que no se pueda en esta vida, verás que encontrarás un buen motivo de vida, aunque nadie se haya percatado de que asesinaste a tu hermana y mataste a tu recién esposa, en el hotel antes de cogértela.
-¿Cómo sabe mi nombre? ¿Cómo sabe todo eso?- Observo al viejo del volante sorprendido y pienso que es un desvarío de mi parte, y que seguro es por las copas de Anís Mico que me he aventado durante todo el día.
- Mira mi tarjetón de taxista- me responde seguida de una risa tan convincente.
Mi visibilidad no era tan buena, por sobre todo el llanto que sostuve mientras platicaba con el bar tender, pero lo que vi no lo podía creer, era mi nombre, mis ojos oscuros, era yo, sólo esas arrugas, esos consejos me los estaba dando yo.
-Todo pasa, incluso el remordimiento de matar a tu propia hermana por haber enamorado a tu mujer- Responde con una sonrisa amigable, mientras que me deja a mi lugar de destino, lugar que nunca comenté a donde ir, pero que sabía en qué momento llegar.
Mario Alavez
El antro estaba atestado de gente, las luces intermitentes y la música a todo volumen, hacía un ambiente perfecto para mí, perdido en el anonimato, caminando sin detenerme entre la gente, siendo golpeado sin intención, derramando charquitos de vodka por todo el lugar.
Quería perderme en alcohol, quería dejar de saber de mi vida, al menos por el fin de semana, no tenía idea de cómo regresaría a mi casa, no sabía siquiera si podía dejar de beber.
La noche transcurría entre fantasmas multicolor, gente que bailaba, que ligaba, entraban y salían del baño, gente con los ojos perdidos, medianamente ebrios, que balbuceaban, peleaban con el aire o reían sin razón alguna.
El aire comenzaba a ser vicioso. Otro más. ¿cuántos van? Ya no sé, todo se nubla, los fantasmas ahora son amorfos, las luces son más intensas y más veloces, siento nauseas.
¿Sigues conmigo? Me preguntó Julio, el confidente desconocido detrás de la barra, el que sabe todas las historias, el psicólogo que se conforma con cien pesos de propina.
Si, si, dije manoteando torpemente, mientras hacía la seña de que me sirviera otro, mientras él se negaba yo insistí y le puse el dinero en la mesa, lo tomó y me sirvió el trago siguiente.
Me estaba gastando la mitad de mi liquidación en alcohol y no era siquiera la una de la mañana, estaba desesperado, abandonado, ni siquiera podía llorar, me sentía vacío.
Tuvieron que sacarme a rastras del bar, entre el suelo mojado, el mismo Julio me pidió un taxi.
Pasó más de media hora y por fin se detuvo uno, en el que por su apariencia, un carro casi destartalado, un Sedán de esos que ahora escasean en la Ciudad de México, pero que aún seguía andante, a paso lento pero constante.
El buen amigo Julio ayuda a subirme, mientras que yo, un poco inconsciente, me aferro a no abordarlo, sin embargo a Julio no le cuesta tanto trabajo; será por que no soy el primer borracho que se le cruza en su camino, por lo que la fuerza de sus brazos hacían constar esta afirmación.
El taxista, un hombre canoso, delgado, cuyo rostro pareciera estar atento a la situación, así mismo demostraba ser una persona muy preocupada; esperaba a que abordara el transporte muy paciente. Sólo nos observaba a detalle hasta que se cierra la puerta del auto, y el chofer hacer avanzarlo.
-A donde lo llevo joven - Inicia la conversación el taxista.
-A la perdición,¡¡ Lléveme al carajo!! – le respondo
Al fondo de esta conversación sólo se escucha la canción del Trío los Panchos Sin ti.
-Joven, ¿en dónde es su casa? – Insiste el viejo
-Mi casa, mi casa, mi jodida casa está en la Nueva Atzacoalco – le respondo al viejo mientras que mi cabeza se tambalea de uno a otro lado.
Me asomo a ver la ventana, y miro todo mi borroso alrededor, en el que siendo casi las dos de la mañana según mi reloj, la vida nocturna de esta ciudad.
-Pues el camino es largo joven, ¿qué lo tiene así?
-Su pinche música de anciano- le espeté, aunque la música me importaba un carajo, necesitaba desquitar el doble coraje, el dolor provocado por la más perra de las zorras que puede haber en este mundo y por la falta de alcohol.
-Ya, ya. ¿Qué le hizo?
-¿Que qué me hizo?- dije mientras me limpiaba a medias la baba que había salido como un hilillo que mojó toda la solapa del smoking
- No es lo que me hizo- dije mientras el grito se convertía en sollozo- es todo lo que me ha pasado.
Por principio de cuentas perdí mi trabajo hace una semana, sin razón la compañía quebró y estoy engrosando las putas filas del desempleo del pinche presidente disque del empleo.
-Pues yo tengo otro taxi, por si le interesa.
No escuché eso, estaba demasiado inmerso en el recuerdo, no me interesaba en lo más mínimo lo que dijera el taxista.
-Después ella llegó, tarde, pero llegó, todo iba bien, normal, como se puede esperar. Nos juramos amor eterno, nos besamos y siguieron las pendejadas de las fotos. Nos fuimos a la fiesta y ella se desapareció después del brindis, no la encontraba por ningún lado y fui a buscarla.
-Fue entonces cuando entré al vestidor del salón, ahí estaba, prensada de sus brazos, la muy puta.
-Uy, joven. ¡que mala mujer!
-No, más bien ¡que poca madre!
-Tiene razón, mire que engañarlo el día de su boda, creo que sería mejor mentársela. Si mi esposa me engañara después de mis horarios, digo, la entendería, me enojaría y le rompería la cara, pero la entendería, aguantar veinte años al mismo hombre, no debe ser fácil.
-Es que eso es lo peor.
-¿A qué se refiere, joven?
-A que me engañó con sangre de mi sangre… nunca me imaginé que pudieran ser tan mierdas.
-¿Y qué hizo cuando vio lo que pasaba?
-Me salí del vestidor y corrí al baño, no lo podía creer, ¡era imposible! ¡Después de toda la pinche faramalla hacer esas mamadas!
-¿Y luego, qué pasó?
-Pues me tranquilicé y decidí matarla.
Las manos volvieron a palpitarme como en el momento en el que veía sus ojos suplicantes, después de que le pedí un momento a solas para hablar, nos salimos del salón y le pedí que me acompañara a fumar un cigarro, ella aceptó sin decir nada, no se imaginaba que sabía.
-Entonces le dije que la había visto, mi hermana no atinó a decir nada sólo tartamudeaba una disculpa, la tomé por el cuello y la estrangulé, disfruté ver sus ojos mientras moría.
-¿Y no los buscaron cuando se tardaron?
-¿Por qué habrían de buscarnos? Finalmente era normal el desaparecer en las bodas, después de un rato nadie sabe donde anda uno
- Cuando sucedió todo pensé “Esto no está pasando, ¡no mames! Estoy hablando conmigo, pero tú tienes veinte años más que yo, seguro son las copas y el elefante blanco que ha de existir, es un sueño.”
-Sólo en la noche de bodas… un poco de sexo para intentar explicarme lo que había sucedido, pero no podías dejar de pensar en la situación, por que mi hermana se cogió a mi esposa por tan sólo unas copas de vino, ¡¡que va!! ¡Todo quedó en familia! de pronto me golpeo en la cabeza y quedé inconsciente, desperté en una ambulancia.
-Pero… despierto y pareciera no tener ningún golpe… Una semana en el hospital a causa de un traumatismo provocado por mi inconsciente.
-Interesante historia joven- responde sarcásticamente
-¡Claro que no! Bueno no del todo, mi vida es una vasca, ya no sé que hacer de ella, no me puedo perdonar-. Una risa macabra me hizo estremecer.
- Pues, en eso tienes razón, Carlos, es un poco difícil… pero no hay nada que no se pueda en esta vida, verás que encontrarás un buen motivo de vida, aunque nadie se haya percatado de que asesinaste a tu hermana y mataste a tu recién esposa, en el hotel antes de cogértela.
-¿Cómo sabe mi nombre? ¿Cómo sabe todo eso?- Observo al viejo del volante sorprendido y pienso que es un desvarío de mi parte, y que seguro es por las copas de Anís Mico que me he aventado durante todo el día.
- Mira mi tarjetón de taxista- me responde seguida de una risa tan convincente.
Mi visibilidad no era tan buena, por sobre todo el llanto que sostuve mientras platicaba con el bar tender, pero lo que vi no lo podía creer, era mi nombre, mis ojos oscuros, era yo, sólo esas arrugas, esos consejos me los estaba dando yo.
-Todo pasa, incluso el remordimiento de matar a tu propia hermana por haber enamorado a tu mujer- Responde con una sonrisa amigable, mientras que me deja a mi lugar de destino, lugar que nunca comenté a donde ir, pero que sabía en qué momento llegar.
lunes, 10 de mayo de 2010
¿Sexo ó amor?... ¡sexo!
Por: Tikis
Hoy daré inicio a contar la corta, pero bien aprovechada aventura que viví hace ya algún tiempo, todo comenzó una noche calurosa, yo me encontraba caminando por la calle Manzanares de la colonia San Gerónimo, iba de regreso del trabajo, todos los días paso por el mismo lugar ya que el microbús me deja a unas cuantas cuadras de mi casa, sin embargo, eso nunca me ha molestado, porque llegar a mi calle es realmente grato, más cuando veo a doña Martha una viejecilla de 80 años sentada afuera, en su patio, disque tomando el fresco, cuando en realidad sale a observar con una mirada libidinosa a cuanto hombre se le ocurre pasar cerca de la rejilla que adorna su casa. Ciertamente es un hombre en específico, Guillermo, mejor conocido como “el muñeco”, un hombre de 28 años, alto, moreno, fornido, y debo admitir que apuesto, muy apuesto, todas las mujeres de Manzanares babeaban por él, nunca faltaban los coqueteos e incluso los regalitos para amarrarlo.
Pero en fin, continuando con la descripción de aquella noche, no puedo dejar de lado a la principal testigo de un hecho sin duda relevante en mi vida, la ya mencionada Manzanares, y es que esta calle es realmente bella, en toda su longitud hay un sin número de farolillos que por la noche alumbran con gran singularidad y le dan un toque un tanto romántico, llegando a la mitad se encuentra una jardinera, con flores de múltiples colores que esparcen un dulce olor, a su alrededor, están las bancas que acostumbran ser utilizadas por las parejas de jovencitos que juegan a ser adultos, sí, juegan a ser adultos porque ni siquiera saben lo que es el amor y ya están como muéganos pegados haciéndose grandes promesas, siempre que los miro me parecen absurdos, patéticos, pero a veces creo que todo eso en realidad es envidia, no puedo decir que de la buena porque dicen que esa no existe, así que es sólo envidia porque a mis 45 años no he podido consolidar una relación de pareja.
En mi adolescencia tuve un par de noviecillos, entre ellos el ingrato de Pedro, ese sólo quería llevarme a la cama, pero como yo siempre he sido una mujer madura obvio no lo logró, bueno, no lo logró cuando él quiso, pero después solita y sin paracaídas yo me avente al abismo de su desamor, a su falta de romanticismo y a sus enormes ganas de utilizarme sólo como un objeto sexual, me puse de pechito como quien dice y así también fue para mi desgracia, con Luis, Roberto y Andrés.
Nunca había conocido el gran amor, ese donde estúpidamente te sientes en las nubes, donde todo es lindo, tierno, amable, y a su vez seductor, apasionante e intenso, ningún hombre hasta entonces me había satisfecho, todos habían sido como un amasador, porque parecía que fuese yo un pedazo de masa, me sobaban en vez de acariciarme, de disfrutar mi suave piel de una manera tierna, nada había sido romántico ni suficiente para excitarme de manera verdadera, ellos habían sido unos brutos y yo una mujer insatisfecha en el ámbito sexual y emocional.
Pero todo cambió aquella noche, aquella donde inesperadamente se posó frente a mí tremenda figura, aquella donde sentí por primera vez ese nerviosismo que invade todo tu cuerpo y te hace sudar, y es que al caminar como dije, directo a casa, él de golpe se me apareció, al verlo me quedé estupefacta, sólo con el silencio y Manzanares de testigos. Me impresionó sin duda su mirada, nunca antes la había visto así, fijamente, en verdad era cautivadora, fue como si me hipnotizara, porque no pude mover una sola de mis extremidades, cuando de pronto, con una voz seductora me dijo: ¡Buenas noches, hermosa! Yo sin duda me emocioné, pues hace tiempo que un hombre no me llamaba de tal forma, así que le respondí: ¡Buenas noches Memo, que se le ofrece! Sí, efectivamente era el Guillermo aquel, el muñeco, el hombre que para apenas esa mañana me resultaba un vividor. Sin permitirme el paso, se acercó a mi oído y me cuestionó: ¿Ya le habían dicho antes que es usted muy atractiva?, ¿qué tiene un olor tan peculiar que puedo olerlo a metros de distancia? Su voz en mi oído me erizo por completo la piel, me sentí excitada, más cuando al despegarse rozo accidentalmente mi mejilla, yo me encontraba sorprendida pero deseosa, muy deseosa de aquel hombre. Corrí apresuradamente sin mirar a atrás, no le respondí, llegué a mi casa, luego me adentré en mi habitación y me encerré por horas, no daba cuenta de lo que me había sucedido, ¿cómo era posible que a mi edad un muchachito podía agarrarme tan desprevenida?, me había excitado más que en toda un noche completa de sexo con mis anteriores parejas. Lloré, lloré como una niña pequeña, no sé si por la falta de un hombre, o por darme cuenta que dentro de mí yacía una hembra, con fantasías y deseos de aventurarme a una experiencia que me convirtiera en una verdadera mujer, en una mujer en toda la extensión de la palabra.
No dormí en toda la noche, la voz de Memo retumbaba en mis oídos, la sensación de rozar su piel se repetía una y otra, y otra vez. A la mañana siguiente alguien tocó a mi puerta, al abrir descubrí que habían dejado un paquete, no traía remitente, cerré y me dirigí hacia la sala, me senté sobre el sofá, al abrir el misterioso bulto, sorpresivamente descubrí que era una caja de madera, dentro de ésta había una llave con una nota que decía: “Tienes en tus manos la llave que abre mi corazón, ven cuando así lo quieras”. A mi mente llegó Guillermo, tenía la firme convicción que había sido él, no salí en todo el día hasta pasada la medianoche, cuando decidida, salí a averiguar lo que podría abrir aquella llave. Me dirigí a su casa, sí, a la casa de Memo, con profundo miedo vigilé que nadie me mirase, temblorosa, metí la llave en la cerradura, sin esfuerzo alguno entró, no supe qué hacer y cuando estaba a punto de darme la vuelta y retirarme, la puerta se abrió, ahí estaba él, sonriéndome e incitándome con esa mirada a pasar, sin tanto esperar me dijo: ¡Creí que no llegabas linda, pero pasa, que tengo algo preparado para ti! Yo me sonrojé pero no dude en entrar, oportunidades como esa no se daban todos los días.
Al entrar a la casa inmediatamente me percaté que la había aseado, aún podía olerse el penetrante olor del limpia pisos, frente a la puerta se encontraban las escaleras, al mirar hacia arriba podía verse el barandal y uno de los cuartos, aún lado de las escaleras en la pared más próxima, había una pequeña mesa donde se encontraba el teléfono y junto a éste un directorio con un porta plumas, todo estaba perfectamente acomodado. Él sujetó mi mano y me llevó hacia el otro cuarto, ahí estaba la sala, con la mesa de centro adornada con un gran número de velas aromatizantes, había preparado una ensalada, varias brochetas de fruta con chocolate y dos copas listas para servir el vino blanco que reposaba dentro de la cubetera.
Yo no podía creer lo que pasaba, era realmente como estar viviendo un sueño, no entendía cuales eran las verdaderas intenciones de este hombre para conmigo, al principio me porte reacia, pero cuando me invitó a sentarme al ras de la mesa y comenzamos a platicar, mi actitud había cambiado. Mientras cenábamos nunca me atreví a preguntarle el por qué de este suceso, la verdad es que sólo quería disfrutar de su compañía y olvidar por un momento la soledad que por años me había invadido. En el transcurso se rozaron nuestras manos, se cruzaron nuestras miradas, compartimos carcajadas, hasta que inesperadamente me besó, fue realmente lo más delicioso y excitante que me había pasado en toda la vida, tanto que inmediatamente sentí la necesidad de pegar mi cuerpo con el suyo, de frotar mi clítoris con su pene, así que suavemente nos entrelazamos. Él comenzó con besos en la oreja, pasándose al cuello y después a los hombros que lentamente descubrió bajándome la blusa, de pronto mientras él se encontraba sentado en el piso, recargado sobre el sofá, yo con las piernas abiertas me monté en él, me desabotonó la blusa mientras iba besando mis pechos que poco a poco quedaban al descubierto, yo no dejaba de acariciarle la cabeza fuertemente a consecuencia de mi excitación.
Después me tomó por las nalgas y me cargó para así poderme recostar en el sofá, se quitó la camisa, yo enseguida me abalance a besar su pecho, parecía una fiera en celo, se volvió contra mí y me retiró por completo mi sostén, chupaba mis pezones lo que me producían un leve gemido, de pronto, metió su mano bajo mi falda y acarició lentamente mi vulva, comenzaba a humedecerme, quitó por completo mis prendas y se dispuso a desabrocharse el pantalón, al desprenderse de él, vi su pene erecto, grueso, dirigirse hacia mi vagina, sentí primero la punta, empujándolo suavemente lo sentí a la mitad hasta que por fin llegó hasta adentro, me había penetrado, mi vagina se comprimía provocándome mayor deseo, con su mano seguía acariciándome el clítoris, sacó por unos segundos su pene y me hizo voltear, se recostó junto a mí y me hizo alzar mi pierna derecha, tomó su pene y volvió a penetrar mi vagina, yo sentía como su vello púbico rozaba mis nalgas, al cabo de unos minutos, volvió a ponerme de frente, su lengua intentaba introducir mi vagina, luego succionaba mis labios, hasta que logré mojarme, yo me incliné decidida a corresponderle de la misma manera, en mi boca metí y saque su pene, acaricie su glande y después de un rato volvió a penetrarme, fue ahí, dentro de mí donde eyaculó.
Aquel momento indudablemente fue perfecto, después de un par de horas me retiré sin decir una sola palabra, él tampoco habló, me dirigí a mi casa, ni siquiera me acompañó, estaba realmente abrumada, por un lado había experimentado la más grande satisfacción sexual, pero por el otro, en lo emocional, estaba un poco decepcionada, decidí no darle mayor importancia, después de todo qué más daba si no era él, el príncipe azul que alguna vez de adolescente había soñado encontrar, porque sin siquiera habérselo pedido, ya me había hecho sentir realmente una mujer.
Al día siguiente no supe en lo absoluto de él, estaba tan cansada que me la pasé recostada sobre la cama, medio desayuné y comí unos panecillos con jugo mientras seguía descansando, llegó la noche y a la mañana siguiente, ahí estaba, frente a mi puerta con un enorme ramo de flores, tocó y sin nada que hacer, le abrí, no tomé importante el detalle que traía en sus manos, en ese momento, después de reflexionarlo toda la noche, ya no era tan significativo que ese hombre se enamorara de mí, era más significativo que aquella fogosa experiencia se repitiera nuevamente, y para mi suerte, el deseo se me hizo realidad por un par de semanas más.
Un día sin explicación alguna me cambió por Martha, no la viejecita de la que les platiqué al principio, no la que veía con libido a mi muñeco, no, esa no, sino otra Martha, una supuesta cajera del supermercado, igual de mayorcita que yo, pero me percaté que eso no me molestaba, él me había enseñado y brindado ya, ardientes momentos que para mí eran suficientes, fue ahí donde dejé salir mi lado amable, no peleé, las demás mujeres también tenía derecho a experimentar lo que yo había vivido, estaba segura que a esa Martha o a cualquiera otra también las haría dichosas momentos tan placenteros, no me comporté envidiosa, entre más mujeres plenas sexualmente mejor, al fin y al cabo lo que yo gocé nadie podría ya quitármelo.
Hoy daré inicio a contar la corta, pero bien aprovechada aventura que viví hace ya algún tiempo, todo comenzó una noche calurosa, yo me encontraba caminando por la calle Manzanares de la colonia San Gerónimo, iba de regreso del trabajo, todos los días paso por el mismo lugar ya que el microbús me deja a unas cuantas cuadras de mi casa, sin embargo, eso nunca me ha molestado, porque llegar a mi calle es realmente grato, más cuando veo a doña Martha una viejecilla de 80 años sentada afuera, en su patio, disque tomando el fresco, cuando en realidad sale a observar con una mirada libidinosa a cuanto hombre se le ocurre pasar cerca de la rejilla que adorna su casa. Ciertamente es un hombre en específico, Guillermo, mejor conocido como “el muñeco”, un hombre de 28 años, alto, moreno, fornido, y debo admitir que apuesto, muy apuesto, todas las mujeres de Manzanares babeaban por él, nunca faltaban los coqueteos e incluso los regalitos para amarrarlo.
Pero en fin, continuando con la descripción de aquella noche, no puedo dejar de lado a la principal testigo de un hecho sin duda relevante en mi vida, la ya mencionada Manzanares, y es que esta calle es realmente bella, en toda su longitud hay un sin número de farolillos que por la noche alumbran con gran singularidad y le dan un toque un tanto romántico, llegando a la mitad se encuentra una jardinera, con flores de múltiples colores que esparcen un dulce olor, a su alrededor, están las bancas que acostumbran ser utilizadas por las parejas de jovencitos que juegan a ser adultos, sí, juegan a ser adultos porque ni siquiera saben lo que es el amor y ya están como muéganos pegados haciéndose grandes promesas, siempre que los miro me parecen absurdos, patéticos, pero a veces creo que todo eso en realidad es envidia, no puedo decir que de la buena porque dicen que esa no existe, así que es sólo envidia porque a mis 45 años no he podido consolidar una relación de pareja.
En mi adolescencia tuve un par de noviecillos, entre ellos el ingrato de Pedro, ese sólo quería llevarme a la cama, pero como yo siempre he sido una mujer madura obvio no lo logró, bueno, no lo logró cuando él quiso, pero después solita y sin paracaídas yo me avente al abismo de su desamor, a su falta de romanticismo y a sus enormes ganas de utilizarme sólo como un objeto sexual, me puse de pechito como quien dice y así también fue para mi desgracia, con Luis, Roberto y Andrés.
Nunca había conocido el gran amor, ese donde estúpidamente te sientes en las nubes, donde todo es lindo, tierno, amable, y a su vez seductor, apasionante e intenso, ningún hombre hasta entonces me había satisfecho, todos habían sido como un amasador, porque parecía que fuese yo un pedazo de masa, me sobaban en vez de acariciarme, de disfrutar mi suave piel de una manera tierna, nada había sido romántico ni suficiente para excitarme de manera verdadera, ellos habían sido unos brutos y yo una mujer insatisfecha en el ámbito sexual y emocional.
Pero todo cambió aquella noche, aquella donde inesperadamente se posó frente a mí tremenda figura, aquella donde sentí por primera vez ese nerviosismo que invade todo tu cuerpo y te hace sudar, y es que al caminar como dije, directo a casa, él de golpe se me apareció, al verlo me quedé estupefacta, sólo con el silencio y Manzanares de testigos. Me impresionó sin duda su mirada, nunca antes la había visto así, fijamente, en verdad era cautivadora, fue como si me hipnotizara, porque no pude mover una sola de mis extremidades, cuando de pronto, con una voz seductora me dijo: ¡Buenas noches, hermosa! Yo sin duda me emocioné, pues hace tiempo que un hombre no me llamaba de tal forma, así que le respondí: ¡Buenas noches Memo, que se le ofrece! Sí, efectivamente era el Guillermo aquel, el muñeco, el hombre que para apenas esa mañana me resultaba un vividor. Sin permitirme el paso, se acercó a mi oído y me cuestionó: ¿Ya le habían dicho antes que es usted muy atractiva?, ¿qué tiene un olor tan peculiar que puedo olerlo a metros de distancia? Su voz en mi oído me erizo por completo la piel, me sentí excitada, más cuando al despegarse rozo accidentalmente mi mejilla, yo me encontraba sorprendida pero deseosa, muy deseosa de aquel hombre. Corrí apresuradamente sin mirar a atrás, no le respondí, llegué a mi casa, luego me adentré en mi habitación y me encerré por horas, no daba cuenta de lo que me había sucedido, ¿cómo era posible que a mi edad un muchachito podía agarrarme tan desprevenida?, me había excitado más que en toda un noche completa de sexo con mis anteriores parejas. Lloré, lloré como una niña pequeña, no sé si por la falta de un hombre, o por darme cuenta que dentro de mí yacía una hembra, con fantasías y deseos de aventurarme a una experiencia que me convirtiera en una verdadera mujer, en una mujer en toda la extensión de la palabra.
No dormí en toda la noche, la voz de Memo retumbaba en mis oídos, la sensación de rozar su piel se repetía una y otra, y otra vez. A la mañana siguiente alguien tocó a mi puerta, al abrir descubrí que habían dejado un paquete, no traía remitente, cerré y me dirigí hacia la sala, me senté sobre el sofá, al abrir el misterioso bulto, sorpresivamente descubrí que era una caja de madera, dentro de ésta había una llave con una nota que decía: “Tienes en tus manos la llave que abre mi corazón, ven cuando así lo quieras”. A mi mente llegó Guillermo, tenía la firme convicción que había sido él, no salí en todo el día hasta pasada la medianoche, cuando decidida, salí a averiguar lo que podría abrir aquella llave. Me dirigí a su casa, sí, a la casa de Memo, con profundo miedo vigilé que nadie me mirase, temblorosa, metí la llave en la cerradura, sin esfuerzo alguno entró, no supe qué hacer y cuando estaba a punto de darme la vuelta y retirarme, la puerta se abrió, ahí estaba él, sonriéndome e incitándome con esa mirada a pasar, sin tanto esperar me dijo: ¡Creí que no llegabas linda, pero pasa, que tengo algo preparado para ti! Yo me sonrojé pero no dude en entrar, oportunidades como esa no se daban todos los días.
Al entrar a la casa inmediatamente me percaté que la había aseado, aún podía olerse el penetrante olor del limpia pisos, frente a la puerta se encontraban las escaleras, al mirar hacia arriba podía verse el barandal y uno de los cuartos, aún lado de las escaleras en la pared más próxima, había una pequeña mesa donde se encontraba el teléfono y junto a éste un directorio con un porta plumas, todo estaba perfectamente acomodado. Él sujetó mi mano y me llevó hacia el otro cuarto, ahí estaba la sala, con la mesa de centro adornada con un gran número de velas aromatizantes, había preparado una ensalada, varias brochetas de fruta con chocolate y dos copas listas para servir el vino blanco que reposaba dentro de la cubetera.
Yo no podía creer lo que pasaba, era realmente como estar viviendo un sueño, no entendía cuales eran las verdaderas intenciones de este hombre para conmigo, al principio me porte reacia, pero cuando me invitó a sentarme al ras de la mesa y comenzamos a platicar, mi actitud había cambiado. Mientras cenábamos nunca me atreví a preguntarle el por qué de este suceso, la verdad es que sólo quería disfrutar de su compañía y olvidar por un momento la soledad que por años me había invadido. En el transcurso se rozaron nuestras manos, se cruzaron nuestras miradas, compartimos carcajadas, hasta que inesperadamente me besó, fue realmente lo más delicioso y excitante que me había pasado en toda la vida, tanto que inmediatamente sentí la necesidad de pegar mi cuerpo con el suyo, de frotar mi clítoris con su pene, así que suavemente nos entrelazamos. Él comenzó con besos en la oreja, pasándose al cuello y después a los hombros que lentamente descubrió bajándome la blusa, de pronto mientras él se encontraba sentado en el piso, recargado sobre el sofá, yo con las piernas abiertas me monté en él, me desabotonó la blusa mientras iba besando mis pechos que poco a poco quedaban al descubierto, yo no dejaba de acariciarle la cabeza fuertemente a consecuencia de mi excitación.
Después me tomó por las nalgas y me cargó para así poderme recostar en el sofá, se quitó la camisa, yo enseguida me abalance a besar su pecho, parecía una fiera en celo, se volvió contra mí y me retiró por completo mi sostén, chupaba mis pezones lo que me producían un leve gemido, de pronto, metió su mano bajo mi falda y acarició lentamente mi vulva, comenzaba a humedecerme, quitó por completo mis prendas y se dispuso a desabrocharse el pantalón, al desprenderse de él, vi su pene erecto, grueso, dirigirse hacia mi vagina, sentí primero la punta, empujándolo suavemente lo sentí a la mitad hasta que por fin llegó hasta adentro, me había penetrado, mi vagina se comprimía provocándome mayor deseo, con su mano seguía acariciándome el clítoris, sacó por unos segundos su pene y me hizo voltear, se recostó junto a mí y me hizo alzar mi pierna derecha, tomó su pene y volvió a penetrar mi vagina, yo sentía como su vello púbico rozaba mis nalgas, al cabo de unos minutos, volvió a ponerme de frente, su lengua intentaba introducir mi vagina, luego succionaba mis labios, hasta que logré mojarme, yo me incliné decidida a corresponderle de la misma manera, en mi boca metí y saque su pene, acaricie su glande y después de un rato volvió a penetrarme, fue ahí, dentro de mí donde eyaculó.
Aquel momento indudablemente fue perfecto, después de un par de horas me retiré sin decir una sola palabra, él tampoco habló, me dirigí a mi casa, ni siquiera me acompañó, estaba realmente abrumada, por un lado había experimentado la más grande satisfacción sexual, pero por el otro, en lo emocional, estaba un poco decepcionada, decidí no darle mayor importancia, después de todo qué más daba si no era él, el príncipe azul que alguna vez de adolescente había soñado encontrar, porque sin siquiera habérselo pedido, ya me había hecho sentir realmente una mujer.
Al día siguiente no supe en lo absoluto de él, estaba tan cansada que me la pasé recostada sobre la cama, medio desayuné y comí unos panecillos con jugo mientras seguía descansando, llegó la noche y a la mañana siguiente, ahí estaba, frente a mi puerta con un enorme ramo de flores, tocó y sin nada que hacer, le abrí, no tomé importante el detalle que traía en sus manos, en ese momento, después de reflexionarlo toda la noche, ya no era tan significativo que ese hombre se enamorara de mí, era más significativo que aquella fogosa experiencia se repitiera nuevamente, y para mi suerte, el deseo se me hizo realidad por un par de semanas más.
Un día sin explicación alguna me cambió por Martha, no la viejecita de la que les platiqué al principio, no la que veía con libido a mi muñeco, no, esa no, sino otra Martha, una supuesta cajera del supermercado, igual de mayorcita que yo, pero me percaté que eso no me molestaba, él me había enseñado y brindado ya, ardientes momentos que para mí eran suficientes, fue ahí donde dejé salir mi lado amable, no peleé, las demás mujeres también tenía derecho a experimentar lo que yo había vivido, estaba segura que a esa Martha o a cualquiera otra también las haría dichosas momentos tan placenteros, no me comporté envidiosa, entre más mujeres plenas sexualmente mejor, al fin y al cabo lo que yo gocé nadie podría ya quitármelo.
martes, 2 de marzo de 2010
CATORCE DE FEBRERO
Por Yuquiabe Romero
Hoy es catorce de Febrero. Una fecha muy importante para mí y mi familia. No está de más, puesto que hoy celebramos mi boda. El evento se celebrará a las cinco de la tarde, en medio de una inmensa organización que llevó planeando desde hace dos años.
Ulises, está un poco nervioso por la situación. Desde las ocho de la mañana todos estamos vistiéndonos y perfumándonos como si fuera una fiesta de disfraces; y es que nunca he visto a mis familiares tan de gala como hoy. Ni siquiera en los quince años de mi prima “la chule”. No era para más y es que el gobernador de mi entidad fue mi padrino de boda.
Aquel gobernador que es por todos conocidos pero que en pocas ocasiones está dispuesto a colaborar con los eventos sociales, son de esos políticos marros de los que casi ni se ven por el país.
Resultó invitado por que Ulises trabaja como su brazo derecho, va y viene con él, hasta pareciera que es su gato de cuatro patas, sólo que esos gatos tienen más derechos y menos obligaciones.
Mi novio, Ulises, está vestido con un traje al estilo Pachuco negro, y sus zapatos de charol, esto por que resulta ser fan de Germán Valdez y su familia. Sé cómo iba vestido por que aunque esté prohibido ver a la novia o el novio el día de la boda, nos hemos escapado unos minutos para darnos unos pequeños besos, ¿Cómo es posible que nos prohíban tal cosa si lo estaré viendo el resto de mi vida?
En cuanto a mis ropas, sólo es un vestido de novia muy sencillo, pues ante tantos gastos que se hacen, es irónico que se gaste millones de pesos por un vestido que sólo me pondré en una noche y que es seguro que habrá niños que les encanta girar y girar en la pista de baile y que de tanta vuelta, me rompan el vestido tan lujoso que llevo.
Al salir de la iglesia se escucha “Tus besos” de Tin Tan, seguida de la canción de Lennon, “Love”, mientras que todos los presentes nos bañan con arroz, y pétalos de rosa. Unos llorando por la emotividad del día y otros con la cara de envidia.
La boda será transmitida por la televisión local, sólo con la idea propagandística de apoyar al Gobernador por que según esto, se organizó una rifa y cuyo premio sería pagar los gastos de la boda.
El lugar que se eligió para la fiesta fue en un jardín fuera de la ciudad, que tiene aproximadamente media hectárea y con un pequeño lago, y es que según mi padre era una fecha muy especial como para dejarlo en un pequeño salón de fiestas. Además de que se decidió invitar a todo el pelotón que llegó a trabajar con mi padre. El ambiente era tan cálido y enorme que no encuentro por ninguna parte a mi madre por que ella está enojada conmigo. Aún así, todo sale a la perfección.
Al lugar llegaron mariachis y tríos que se dedicaron a cantar “La gloria eres tu”, “Azul”, “Bonita” entre otros. El evento duró aproximadamente ocho horas sin que nadie se pusiera impertinente, como en todas las fiestas.
No era para más pero como la mayoría de los que asistieron a la fiesta eran los “soldaditos de plomo” pues no hubo mucho alcohol.
Cuando mi novio pidió mi mano, fue un relajo, por que mi padre es militar, muy exigente, una persona muy seria y de pocas “pulgas” y mi madre es una señora muy dulce. Pero quién iba a pensar que el que aceptó la relación con Ulises era precisamente mi padre, y en esos momentos la que se puso como ogro fue la más dulce de mi hogar, mientras que Ulises, nervioso, pero seguro de lo que estaba diciendo, tomó de mi mano y nos fuimos de mi casa dos días después.
Quizá a mi padre no le importó tanto por que casi no se encontraba en mi casa, siempre lo mandaban a hacer trabajos fuera del país. Mientras que mi madre ciertamente me consentía, además de ser la única hija.
Los familiares de mi novio eran muy tranquilos, durante mi noviazgo con él nunca llegué a tener problema alguno con ellos, ni con sus siete hermanos. Sus padres para ese entonces ya habían fallecido en un accidente desde hace siete años. Un maniático del volante chocó con el autobús en el que venían de la ciudad para visitar a sus familiares en Puebla.
Sólo nos enteramos de este accidente por que salió en la televisión y aparecieron los objetos personales de mis suegros regados, junto con la bolsa de dulces tradicionales del lugar.
Mi familia siempre pensó que mi matrimonio era desencadenado por un embarazo, pero no era así. Simplemente se dio por que amo a mi pareja y punto. Otros más pensaron que de seguro él se casaba conmigo por la herencia que seguro mi padre dejaría o que se yo, lo cierto es que a Ulises lo veo muy enamorado de mi.
Son ideas muy sosas pero apuesto a que no soy ni seré la única que sufrirá con la manera de pensar de mi familia.
Cada que cumplíamos un año más de noviazgo, Ulises y yo nos íbamos a la playa a contemplar el atardecer, y a tomar un helado, no sin antes haberme regalado un peluche y unos chocolates, que cada año eran más grandes.
Como si cada año me dijera, “come más y más… ocupa tus peluches como almohada para que siempre me recuerdes hasta en tus sueños”.
Sé que era muy común que me diera esos regalos pero siempre se quebraba la cabeza con los detalles, y es que en sí lo que le decía que me gustaba, nada más no le parecía y optaba por comprar otra cosa.
Yo también llegué a ser detallista, pero era más de hacer cosas como playeras, tarjetas, en fin, mi creatividad estaba que daba todo.
Hasta incluso le escribí una canción y él decidió hacerla en música. Así que cada que cumplíamos años de noviazgo, ambos cantábamos esa canción.
La letra de la canción era algo así como Entre Pairos y Derivas de Delgadillo.
Todos decían que nuestro romance no duraría y que en realidad sólo amor de calientes, pero acabamos de demostrarles a todos que se equivocaban.
Nuestros aniversarios justamente eran el catorce de Febrero. Cuando se me declaró fue con todos sus amigos a dejarme una rosa roja y tímidamente me regaló una carta diciendo sólo que le gustaba. Cuando lo tuve frente a mi, le pregunté que era lo que realmente quería de mí, y lo único que hice fue complementar lo que según yo quería que me dijera.
Ahora sólo despierto, veo el amanecer y noto que hoy, es catorce de Febrero y que mi boda es sólo un sueño y que me encuentro sola en una habitación fría.
Que realmente mis padres se han separado y que esa ilusión que tengo sobre mi matrimonio se desmorona.
Bajo las escaleras, me dirijo a la cocina y me preparo un café que desde hace años lo pruebo desabrido por que no tengo amor real.
-¿El catorce de Febrero es una ilusión materialista?, ¿Acaso no existe un príncipe azul real?, me pregunté.
Salgo de mi casa y veo toda la ciudad rodeada de osos de peluche, globos y adornos rojos y no hago más que ver un amanecer amargo.
Hoy es catorce de Febrero. Una fecha muy importante para mí y mi familia. No está de más, puesto que hoy celebramos mi boda. El evento se celebrará a las cinco de la tarde, en medio de una inmensa organización que llevó planeando desde hace dos años.
Ulises, está un poco nervioso por la situación. Desde las ocho de la mañana todos estamos vistiéndonos y perfumándonos como si fuera una fiesta de disfraces; y es que nunca he visto a mis familiares tan de gala como hoy. Ni siquiera en los quince años de mi prima “la chule”. No era para más y es que el gobernador de mi entidad fue mi padrino de boda.
Aquel gobernador que es por todos conocidos pero que en pocas ocasiones está dispuesto a colaborar con los eventos sociales, son de esos políticos marros de los que casi ni se ven por el país.
Resultó invitado por que Ulises trabaja como su brazo derecho, va y viene con él, hasta pareciera que es su gato de cuatro patas, sólo que esos gatos tienen más derechos y menos obligaciones.
Mi novio, Ulises, está vestido con un traje al estilo Pachuco negro, y sus zapatos de charol, esto por que resulta ser fan de Germán Valdez y su familia. Sé cómo iba vestido por que aunque esté prohibido ver a la novia o el novio el día de la boda, nos hemos escapado unos minutos para darnos unos pequeños besos, ¿Cómo es posible que nos prohíban tal cosa si lo estaré viendo el resto de mi vida?
En cuanto a mis ropas, sólo es un vestido de novia muy sencillo, pues ante tantos gastos que se hacen, es irónico que se gaste millones de pesos por un vestido que sólo me pondré en una noche y que es seguro que habrá niños que les encanta girar y girar en la pista de baile y que de tanta vuelta, me rompan el vestido tan lujoso que llevo.
Al salir de la iglesia se escucha “Tus besos” de Tin Tan, seguida de la canción de Lennon, “Love”, mientras que todos los presentes nos bañan con arroz, y pétalos de rosa. Unos llorando por la emotividad del día y otros con la cara de envidia.
La boda será transmitida por la televisión local, sólo con la idea propagandística de apoyar al Gobernador por que según esto, se organizó una rifa y cuyo premio sería pagar los gastos de la boda.
El lugar que se eligió para la fiesta fue en un jardín fuera de la ciudad, que tiene aproximadamente media hectárea y con un pequeño lago, y es que según mi padre era una fecha muy especial como para dejarlo en un pequeño salón de fiestas. Además de que se decidió invitar a todo el pelotón que llegó a trabajar con mi padre. El ambiente era tan cálido y enorme que no encuentro por ninguna parte a mi madre por que ella está enojada conmigo. Aún así, todo sale a la perfección.
Al lugar llegaron mariachis y tríos que se dedicaron a cantar “La gloria eres tu”, “Azul”, “Bonita” entre otros. El evento duró aproximadamente ocho horas sin que nadie se pusiera impertinente, como en todas las fiestas.
No era para más pero como la mayoría de los que asistieron a la fiesta eran los “soldaditos de plomo” pues no hubo mucho alcohol.
Cuando mi novio pidió mi mano, fue un relajo, por que mi padre es militar, muy exigente, una persona muy seria y de pocas “pulgas” y mi madre es una señora muy dulce. Pero quién iba a pensar que el que aceptó la relación con Ulises era precisamente mi padre, y en esos momentos la que se puso como ogro fue la más dulce de mi hogar, mientras que Ulises, nervioso, pero seguro de lo que estaba diciendo, tomó de mi mano y nos fuimos de mi casa dos días después.
Quizá a mi padre no le importó tanto por que casi no se encontraba en mi casa, siempre lo mandaban a hacer trabajos fuera del país. Mientras que mi madre ciertamente me consentía, además de ser la única hija.
Los familiares de mi novio eran muy tranquilos, durante mi noviazgo con él nunca llegué a tener problema alguno con ellos, ni con sus siete hermanos. Sus padres para ese entonces ya habían fallecido en un accidente desde hace siete años. Un maniático del volante chocó con el autobús en el que venían de la ciudad para visitar a sus familiares en Puebla.
Sólo nos enteramos de este accidente por que salió en la televisión y aparecieron los objetos personales de mis suegros regados, junto con la bolsa de dulces tradicionales del lugar.
Mi familia siempre pensó que mi matrimonio era desencadenado por un embarazo, pero no era así. Simplemente se dio por que amo a mi pareja y punto. Otros más pensaron que de seguro él se casaba conmigo por la herencia que seguro mi padre dejaría o que se yo, lo cierto es que a Ulises lo veo muy enamorado de mi.
Son ideas muy sosas pero apuesto a que no soy ni seré la única que sufrirá con la manera de pensar de mi familia.
Cada que cumplíamos un año más de noviazgo, Ulises y yo nos íbamos a la playa a contemplar el atardecer, y a tomar un helado, no sin antes haberme regalado un peluche y unos chocolates, que cada año eran más grandes.
Como si cada año me dijera, “come más y más… ocupa tus peluches como almohada para que siempre me recuerdes hasta en tus sueños”.
Sé que era muy común que me diera esos regalos pero siempre se quebraba la cabeza con los detalles, y es que en sí lo que le decía que me gustaba, nada más no le parecía y optaba por comprar otra cosa.
Yo también llegué a ser detallista, pero era más de hacer cosas como playeras, tarjetas, en fin, mi creatividad estaba que daba todo.
Hasta incluso le escribí una canción y él decidió hacerla en música. Así que cada que cumplíamos años de noviazgo, ambos cantábamos esa canción.
La letra de la canción era algo así como Entre Pairos y Derivas de Delgadillo.
Todos decían que nuestro romance no duraría y que en realidad sólo amor de calientes, pero acabamos de demostrarles a todos que se equivocaban.
Nuestros aniversarios justamente eran el catorce de Febrero. Cuando se me declaró fue con todos sus amigos a dejarme una rosa roja y tímidamente me regaló una carta diciendo sólo que le gustaba. Cuando lo tuve frente a mi, le pregunté que era lo que realmente quería de mí, y lo único que hice fue complementar lo que según yo quería que me dijera.
Ahora sólo despierto, veo el amanecer y noto que hoy, es catorce de Febrero y que mi boda es sólo un sueño y que me encuentro sola en una habitación fría.
Que realmente mis padres se han separado y que esa ilusión que tengo sobre mi matrimonio se desmorona.
Bajo las escaleras, me dirijo a la cocina y me preparo un café que desde hace años lo pruebo desabrido por que no tengo amor real.
-¿El catorce de Febrero es una ilusión materialista?, ¿Acaso no existe un príncipe azul real?, me pregunté.
Salgo de mi casa y veo toda la ciudad rodeada de osos de peluche, globos y adornos rojos y no hago más que ver un amanecer amargo.
jueves, 18 de febrero de 2010
Un viaje Inesperado
Por Graciela Sánchez
-Disculpa, ¿puedo preguntar tu nombre?-
El sonido de la voz cálida mezclada con la cara que estaba frente a mí llena de nervios y de alegría hicieron que me llenar de confianza de aquel chico de jeans y mochila al hombro y que acababa de abordar en la estación del metro y que rompía la rutina de un lunes a las 6.30 rumbo a mi escuela, o tal vez el conjunto de todos estos factores o simplemente la necesidad de platicar con alguien para aligerar el camino, de mas de media hora, hicieron que mi paranoia típica de cualquier citadina como autoprotección de depravados y locos se me fuese olvidando y me atreviera a dirigirle una sonrisa a aquel desconocido que ya se sentaba a mi lado y responderle finalmente:
-Andrea ¿y el tuyo?-
No hubo una declaración temprana de amor, ni acercamiento físico, mucho menos promesas de un futuro compartido , sólo un quinceañero y una niña de doce años, riendo para enmascarar los nervios, y que al llegar a la penúltima estación del recorrido de aquella línea del metro, volvíamos a ser 2 extraños que se despedían.
Vi como las puertas del vagón se cerraban tras él; sentí como mi corazón aún infantil, carente de heridas se enamoraba con aquella facilidad con la que lo hacen los adolescentes.
Todo ese día y la mañana siguiente me preguntaba que tan cierto había sido, si me había dormido como siempre y él era una creación de mi mente.
O si era sólo un chico aburrido que quería dialogar con alguien sin motivo aparente.
La costumbre más que la voluntad me llevaron al metro camino a la escuela nuevamente pensando en la gama de posibilidades de porqué se me había acercado aquel chico, tal vez era un secuestrador, o un pervertido, o…
-¡Hola Andi!
-¿Daniel? , hoo..ola-
Vaya en la misma estación que ayer ¡así que no lo había soñado! Eras tú Daniel, con la misma sonrisa, más llena de tranquilidad, de esperanza, dispuesto a darle color a un día que apenas comenzaba, a llenarlo de risas y anécdotas..
Nuevamente se cortó nuestro pequeño mundo cuando te despediste pocas estaciones antes que yo llegara a mi destino y las puertas se cerraban tras tu espalda.
Al otro día un accidente vehicular parecía amenazar esta historia pues temía que al no verme a la hora de siempre te fueras, creyendo que de mi parte sólo había desinterés.
Sin embargo, 40 minutos más tarde, al pasar por nuestra estación te descubrí buscando con la mirada.
-¿Daniel, sería posible que… me estuvieras esperando?-
Después de días donde no había duda ya de que ambos esperábamos día con día nuestro encuentro, la esperanza de un futuro compartido que poco a poco se empezaba a vislumbrar, de un “ te voy a extrañar” cada viernes y un “ ah, ya quería verte” de los lunes.
Llegó aquel día en el que se abrieron las puertas pero antes de ti entró un amigo mío, acababa de mudarse cerca de nuestra estación y con esa alegría que trae los cambios y el ver una cara conocida en medio de tantas cosas nuevas. Llegó a abrazarme, a tu parecer muy efusivamente pues entraste tras él pero nunca llegó tu dulce saludo; te sentaste en el asiento de enfrente y sólo veía como se endurecía tu semblante y desviabas tu mirada de mis ojos confundidos y llenos de duda.
Bajaste sin voltear siquiera a verme y sin saberlo, las puertas cerradas nos dividieron para siempre.
Creí que jamás te volvería a ver pero a la semana te descubrí viéndome desde el cristal de vagón continuo, y así fue durante un año, siempre con tu mirada triste y acusadora, a la cuál yo respondía con la mía llena de confusión, anhelo y dolor…
-Disculpa, ¿puedo preguntar tu nombre?-
El sonido de la voz cálida mezclada con la cara que estaba frente a mí llena de nervios y de alegría hicieron que me llenar de confianza de aquel chico de jeans y mochila al hombro y que acababa de abordar en la estación del metro y que rompía la rutina de un lunes a las 6.30 rumbo a mi escuela, o tal vez el conjunto de todos estos factores o simplemente la necesidad de platicar con alguien para aligerar el camino, de mas de media hora, hicieron que mi paranoia típica de cualquier citadina como autoprotección de depravados y locos se me fuese olvidando y me atreviera a dirigirle una sonrisa a aquel desconocido que ya se sentaba a mi lado y responderle finalmente:
-Andrea ¿y el tuyo?-
No hubo una declaración temprana de amor, ni acercamiento físico, mucho menos promesas de un futuro compartido , sólo un quinceañero y una niña de doce años, riendo para enmascarar los nervios, y que al llegar a la penúltima estación del recorrido de aquella línea del metro, volvíamos a ser 2 extraños que se despedían.
Vi como las puertas del vagón se cerraban tras él; sentí como mi corazón aún infantil, carente de heridas se enamoraba con aquella facilidad con la que lo hacen los adolescentes.
Todo ese día y la mañana siguiente me preguntaba que tan cierto había sido, si me había dormido como siempre y él era una creación de mi mente.
O si era sólo un chico aburrido que quería dialogar con alguien sin motivo aparente.
La costumbre más que la voluntad me llevaron al metro camino a la escuela nuevamente pensando en la gama de posibilidades de porqué se me había acercado aquel chico, tal vez era un secuestrador, o un pervertido, o…
-¡Hola Andi!
-¿Daniel? , hoo..ola-
Vaya en la misma estación que ayer ¡así que no lo había soñado! Eras tú Daniel, con la misma sonrisa, más llena de tranquilidad, de esperanza, dispuesto a darle color a un día que apenas comenzaba, a llenarlo de risas y anécdotas..
Segunda parte
Nuestra historia y nuestra estación
Nuevamente se cortó nuestro pequeño mundo cuando te despediste pocas estaciones antes que yo llegara a mi destino y las puertas se cerraban tras tu espalda.
Al otro día un accidente vehicular parecía amenazar esta historia pues temía que al no verme a la hora de siempre te fueras, creyendo que de mi parte sólo había desinterés.
Sin embargo, 40 minutos más tarde, al pasar por nuestra estación te descubrí buscando con la mirada.
-¿Daniel, sería posible que… me estuvieras esperando?-
Después de días donde no había duda ya de que ambos esperábamos día con día nuestro encuentro, la esperanza de un futuro compartido que poco a poco se empezaba a vislumbrar, de un “ te voy a extrañar” cada viernes y un “ ah, ya quería verte” de los lunes.
Llegó aquel día en el que se abrieron las puertas pero antes de ti entró un amigo mío, acababa de mudarse cerca de nuestra estación y con esa alegría que trae los cambios y el ver una cara conocida en medio de tantas cosas nuevas. Llegó a abrazarme, a tu parecer muy efusivamente pues entraste tras él pero nunca llegó tu dulce saludo; te sentaste en el asiento de enfrente y sólo veía como se endurecía tu semblante y desviabas tu mirada de mis ojos confundidos y llenos de duda.
Bajaste sin voltear siquiera a verme y sin saberlo, las puertas cerradas nos dividieron para siempre.
Creí que jamás te volvería a ver pero a la semana te descubrí viéndome desde el cristal de vagón continuo, y así fue durante un año, siempre con tu mirada triste y acusadora, a la cuál yo respondía con la mía llena de confusión, anhelo y dolor…
lunes, 2 de noviembre de 2009
EL PERRO FANTASMA RUFO
por FAMOREZ
A las 12:00 pm todas las noches, en la esquina de sur 147 y oriente 112, en la colonia de la Ramos Millán, en el Distrito Federal, se aparecía un perro esquelético llamado Rufo, muerto desde hace más de 10 años.
El 2 de noviembre del 2009, la noche más fría que se pueda recordar, a las 19:00 horas, apareció Rufo, ese perro fantasma, ahora con un aspecto aterrador, adornado por sus carnes pútridas, el hocico babeante, entre mezcla de baba y sangre, los ojos rojizos, empezó a aullar, era tan agudo y lastimero, que hizo temblar hasta el más valiente de los humanos.
Ante el llamado que generó Rufo, a los demás perros fantasmas y vivos, corrieron hacia él, una vez todos reunidos,caminaron a toda prisa sobre la calle sur 147 hasta la explanada de la delegación Iztacalco, la gente que estaba reunida en ese lugar, no daba crédito a lo que veía, todos empezaron a gritar, otros se atropellaban en su correr.
Rufo dio una orden: matar. Todos los perros se fueron sobre la gente, niños inocentes, mujeres, ancianas y hombres que trataban de detener esa masacre. Pero fue inútil, todos acabaron muertos, la escena era desgarradora, los perros como llegaron se fueron sin camino fijo, sólo desaparecieron.
Al otro día, en las noticias mundiales, salió lo sucedido, se creía que era una broma; sin embargo, los ataúdes llevados a los diferentes cementerios fueron la evidencia de la matanza del 2 de noviembre del 2009 por Rufo, más de trescientas personas murieron, bajo un fenómeno que al día de hoy, no tiene explicación.
lunes, 21 de septiembre de 2009
Talismán
Por Lorena Soto
En una era antigua, que con el tiempo ya ha desaparecido, donde la magia predominaba y a pesar de ser un misterio no lo consideraban una locura, existió un talismán cuyo poder era tan grande que podía corromper a cualquier persona que lo tocara o incluso sólo tuviera la oportunidad de verlo, ya que su brillante color azul deslumbraba a todas las personas, incluso podía decirse que opacaba el oro si éste llegase a estar a su lado.
El enorme poder que el Talismán Sagrado dejaba huellas imborrables en los corazones de los mortales incluso después de la desaparición del ser poseso. Sin embargo, no era la maldad de la magia que el Talismán emanaba la que causaba destrucción o desdicha, sino la maldad e impureza de los corazones que lograban apoderarse de él.
Por tales circunstancias, las naciones de Gaia decidieron resguardarlo en un templo subterráneo que yacía en monumentales ruinas bajo un lago del que, a pesar que todos sabían su ubicación, nadie se atrevía a ir en busca de la joya.
La entrada del pasaje era custodiada por la deidad del agua, la cual era representada por una estatua majestuosa de una serpiente de agua, pero para llegar a aquel sitio, necesitaban cruzar el Bosque del Olvido que estaba a las afueras de Moran.
En esa época el dominio de la tierra se dividía en cuatro reinos, Moran, el lugar del oro y la abundancia, Cinna, sitio de lagunas y estrellas, Geo, donde la tierra era lo más importante y Hole, el lugar más frío.
Sibyl, era la única hija del soberano de Moran, era una joven muy rebelde, empero no podía ser heredera legítima de la corona por su sexo, podía llevar mejor el reino de su padre, esto por la gran interacción que tenía con los aldeanos. Era rebelde, pero de carácter noble y aventurero. Ya estaba por cumplir los 17 años y su deseo de cada uno de ellos fue atravesar el Bosque del Olvido y ver con sus propios ojos lo que al pueblo tenía tan intrigado: la existencia del Talismán Sagrado.
Aquel bosque se encontraba fuera de los límites y el dominio de cualquier reino, estaba exactamente en el centro de Gaia, donde la espesa niebla y las leyendas que acosaban el lugar habían provocado temor entre la gente y por ello era un territorio inconquistable, además de que se decía que aquel que entraba entre esas tinieblas jamás encontraría el camino de regreso a casa.
Desde que Sibyl era una niña se hizo amiga de un trabajador del circo que rondaba la ciudad cada año, por fortuna, a las vísperas del cumpleaños de la princesa. Aquella carpa se posaba en una plaza localizada en el centro del pueblo. Desde que Sibyl conocía Zaid jamás faltaba a ninguno de los eventos, sin embargo, a pesar de ser los mejores amigos, tenían personalidades muy distintas, Zaid era un muchacho muy introvertido, amable y serio.
En ese año, Sibyl ya había decidido cruzar ese bosque sin que nadie lo impidiera. Había esperado como cada año la aparición del circo para ver al joven Zaid y poder despedirse. No obstante, tenía una dificultad, nadie debía enterarse o sospechar de lo que tenía entre manos, incluso de la visita a su joven amigo, de lo contrario, sería enviada de regreso a casa sin siquiera haber comenzado el viaje.
Con esto, venía su primer obstáculo, entrar en el circo en el que todos sus actores eran hombres a los cuales no se les estaba permitido tener contacto con los espectadores antes, entre e incluso después de las funciones mientras estuviese en los límites de la plaza. De hecho, fue la coincidencia o más bien el destino, lo que influyó para que ellos pudieran conocerse en aquella noche fría y lluviosa, que aunque por distintas razones, ambos caminaban por el mismo lugar en el exacto momento.
Esta vez tenía que camuflajearse dentro del circo para contárselo, ya que tal vez no podría tener alguna otra oportunidad y ahí era el lugar ideal para lograr su fin, empero lo único que encontró para disfrazarse fue una caja con unas patillas, un sobrero y un paraguas.
- !Que suerte tuve¡ - pensaba Sibyl mientras caminaba y a la vez rodeaba el lugar con la mirada. Indagó dentro y fuera de la colorida carpa sin encontrar a su introvertido amigo.
Ella entristeció, ya que partiría esa misma noche antes de su cumpleaños hacia un lugar desconocido sin saber si regresaría y no lamentaba no poder despedirse de él. Finalmente, cuando regresaba por las calles iluminadas por la enorme luna y luces de las lámparas de gas ya dándose por vencida, pudo verlo caminando del otro lado de la calle. La expresión de ella cambió de repente y corrió de inmediato hacia donde él estaba.
Antes de partir, Sibyl paso por la plaza central, donde estaba una gran fuente, ese era el lugar en el que se conocieron, después de un momento parada ahí, sorpresivamente se le iluminó la cara al ver a Zaid a lo lejos y sin decir nada sólo la siguió. De ahí emprendieron su viaje al caminar toda la noche sin descanso hasta las afueras de Moran.
Al amanecer se detuvieron un poco para descansar, en el punto donde ya no había regreso ni pudieran seguirlos para enviarlos de vuelta.Horas después continuaron, y al llegar a la entrada del bosque ella dudó por el temor a las leyendas del pueblo acerca del bosque. Se decía que aquel que entrara encontraría ahí sus más temibles sueños, pues eras un lugar enigmático y engañoso, sin embargo, al ver a Zaid a su lado no tuvo más miedo y entraron.
¿A qué podía temerle Sibyl, si la persona más importante para ella estaba ahí? Caminaron entre la espesa niebla por un rato con dificultad para ver y a medida que iban avanzando la visibilidad también era menor, provocando que caminaran a ciegas un largo tramo. Cuando ella se percató de que su amigo no estaba entre la niebla, comenzó a llamar a su amigo, pero él no contestó, entonces pudo contestar a su pregunta, a lo que más podía temerle era quedarse sola.
Continuó llamándolo y él seguía sin contestar. La desesperación comenzó a invadirla sin que pudiera pensar claramente. En ese momento entendió que la locura la cegaría más que la niebla a su alrededor, así que secó las lagrimas en sus ojos y siguió caminando con los brazos extendidos con la esperanza de poder toparse con su amigo.
Repentinamente la niebla comenzó a disiparse y a lo lejos pudo ver una silueta oscura que se aproximaba y sin temor alguno caminó hacia ella también. Entre más cerca la silueta iba tomando una forma más definida, hasta que se aclaró por completo. Corrió con los brazos extendidos al notar que era Zaid a quién le pertenecía esa sombra.
Entonces pudo apreciar mucho más la presencia del joven, pues estando a su lado se sentía tan fuerte como para enfrentar cualquier adversidad. Por otro lado, aunque la situación de Zaid había sido la misma, ya que al parecer ambos tenían el mismo miedo, él se notaba más preocupado por lo que pudiera pasarle a Sibyl, pues la consideraba como una persona muy importante en su vida. Anduvieron aproximadamente dos días buscando la entrada del templo con la única dificultad de la neblina que seguía entorpeciendo su visibilidad. Notaron el momento en el que llegaron cuando el piso comenzó a tener una consistencia diferente y el aire tomó un olor a tierra mojada.
Vieron la imponente figura de piedra de Leviatán, la deidad del agua. Se acercaron a examinar la gran roca, según la leyenda la entrada se encontraba detrás de ella. Sin embargo sólo podían ver un enorme lago. Empero al rodearla y mirarla más detenidamente, se percataron que debajo de una de sus garras había algo brillante parecido a una llave, pero su diseño era algo fuera de lo convencional.
Movieron cuidadosamente la garra para sacar la llave y al momento se percataron que el piso detrás de la estatua era diferente, como si estuviese hueco¸ removieron un poco de tierra con lodo y encontraron algo parecido a una compuerta, era la entrada secreta al templo en ruinas que literalmente se encontraba bajo el lago.
Abrieron la puerta con la llave y bajaron por unas escaleras oxidadas hasta que llegaron a un túnel. Se adentraron durante una hora hasta que se encontraron con un gran espejo que bloqueaba el camino. El marco de piedra dejaba ver unas viejas inscripciones en el lenguaje antiguo de Gaia y por sus conocimientos Zaid pudo leerlos.
PUERTA DEL JUICIO: “EL ESPEJO ACUSADOR REVELARÁ LO QUE HAY EN EL CORAZÓN DE QUIÉN INTENTE ATRAVESARLO. SI SUS INTENCIONES SON BUENAS Y SU CORAZÓN ES PURO PODRÁ LLEGAR HASTA EL TALISMÁN, DE NO SER ASÍ SE PERDERÁ EN EL ABISMO DE MENTE Y JAMÁS SALDRÁ DEL LIMBO”.
Ambos estaban seguros que podían atravesar, pues sus intenciones no eran otras que comprobar la existencia del Talismán Sagrado. Atravesaron el espejo con éxito y a lo lejos pudieron ver un resplandor azul asomándose por las orillas de un muro de piedra en medio del camino, lucía más bien como una puerta.
Mientras caminaban Sibyl lo tomo fuerte de la mano y él la miró para empezar a correr hacia el muro. Llegaron hasta donde emanaba aquella luz y se dieron cuenta de que el muro tenía en su centro la silueta de un gran número cero, sin embargo no parecía haber indicios de que el muro pudiera abrirse. Zaid golpeó lentamente la puerta en repetidas ocasiones esperando encontrar como mover la pared, pero no tuvo resultado alguno.
Mientras que como por inercia Sibyl se echó hacia atrás algunos pasos y se percató que en el centro de aquel número había otra silueta más tenue casi imposible de percibir a simple vista; la vio con detenimiento perpleja, y Zaid se volvió hacia ella mirándola con extrañeza, se detuvo y siguió viéndola. Sibyl se acercó lentamente y posó su palma contra la pared, en medio de ella.
De repente la luz comenzó a emanar de su palma y se volvió más intensa al mismo tiempo que la pared empezó a moverse, esto ameritó que por primera vez, por iniciativa propia, Zaid tomara la mano de Sibyl. Al abrirse completamente la cámara la luz se volvió lentamente más tenue hasta que pudieron ver con claridad, que en medio de la habitación, se encontraba un pequeño cristal suspendido en el aire, cual era la fuente de tan radiante y cálida luz.
Sibyl miró fijamente el legendario Talismán, se acercó y sintió una serenidad inmensa. Pudo percibir que la calidez del cristal se sentía como el palpitar de un corazón vivo. Los ojos de Sibyl tomaron un brillo extraño mientras que la mirada de Zaid era de preocupación, ya que la dulce mirada de la chica cambiaba por una de ambición. Él se dio cuenta que ella se acercaba como hipnotizada, mientras extendía su mano, parecía que tenía la intensión de tomarlo y por un momento él tuvo miedo, ya que el viaje que Sibyl había emprendido era sólo por la curiosidad de ver la leyenda con sus propios ojos.
Sin en cambio, a pesar de que por un momento Sibyl lo pensó, volvió en sí de repente y por ella misma decidió que de ninguna manera tocaría el cristal, pues pudo ver claro nuevamente la razón por la que habían hecho ese viaje. Bajó su mano, dio la vuelta y caminó de regreso sin decir una palabra, Zaid la siguió también sin decir nada.
Cuando llegaron a la puerta del templo Sibyl miró a Zaid y le preguntó -¿Te quedarás conmigo hasta el final?-, él la miró fijo y sin contestar aún la abrazó fuertemente. -No hasta el final, SIEMPRE-.
Lagrimas corrieron por las mejillas de Sibyl, pero no podía dejar de preguntar algo que desde que iniciaron el viaje tenía en mente -¿por qué viniste?-. Él se despego de ella y le tomo de los hombros, la miró fijo y contestó -Porque dijiste que te ibas-.
Después de todo, ella encontró más de lo que iba a buscar, y aunque aparentemente no se había llevado consigo el talismán, sabía que no regresaría a Moran con las manos vacías.
En una era antigua, que con el tiempo ya ha desaparecido, donde la magia predominaba y a pesar de ser un misterio no lo consideraban una locura, existió un talismán cuyo poder era tan grande que podía corromper a cualquier persona que lo tocara o incluso sólo tuviera la oportunidad de verlo, ya que su brillante color azul deslumbraba a todas las personas, incluso podía decirse que opacaba el oro si éste llegase a estar a su lado.
El enorme poder que el Talismán Sagrado dejaba huellas imborrables en los corazones de los mortales incluso después de la desaparición del ser poseso. Sin embargo, no era la maldad de la magia que el Talismán emanaba la que causaba destrucción o desdicha, sino la maldad e impureza de los corazones que lograban apoderarse de él.
Por tales circunstancias, las naciones de Gaia decidieron resguardarlo en un templo subterráneo que yacía en monumentales ruinas bajo un lago del que, a pesar que todos sabían su ubicación, nadie se atrevía a ir en busca de la joya.
La entrada del pasaje era custodiada por la deidad del agua, la cual era representada por una estatua majestuosa de una serpiente de agua, pero para llegar a aquel sitio, necesitaban cruzar el Bosque del Olvido que estaba a las afueras de Moran.
En esa época el dominio de la tierra se dividía en cuatro reinos, Moran, el lugar del oro y la abundancia, Cinna, sitio de lagunas y estrellas, Geo, donde la tierra era lo más importante y Hole, el lugar más frío.
Sibyl, era la única hija del soberano de Moran, era una joven muy rebelde, empero no podía ser heredera legítima de la corona por su sexo, podía llevar mejor el reino de su padre, esto por la gran interacción que tenía con los aldeanos. Era rebelde, pero de carácter noble y aventurero. Ya estaba por cumplir los 17 años y su deseo de cada uno de ellos fue atravesar el Bosque del Olvido y ver con sus propios ojos lo que al pueblo tenía tan intrigado: la existencia del Talismán Sagrado.
Aquel bosque se encontraba fuera de los límites y el dominio de cualquier reino, estaba exactamente en el centro de Gaia, donde la espesa niebla y las leyendas que acosaban el lugar habían provocado temor entre la gente y por ello era un territorio inconquistable, además de que se decía que aquel que entraba entre esas tinieblas jamás encontraría el camino de regreso a casa.
Desde que Sibyl era una niña se hizo amiga de un trabajador del circo que rondaba la ciudad cada año, por fortuna, a las vísperas del cumpleaños de la princesa. Aquella carpa se posaba en una plaza localizada en el centro del pueblo. Desde que Sibyl conocía Zaid jamás faltaba a ninguno de los eventos, sin embargo, a pesar de ser los mejores amigos, tenían personalidades muy distintas, Zaid era un muchacho muy introvertido, amable y serio.
En ese año, Sibyl ya había decidido cruzar ese bosque sin que nadie lo impidiera. Había esperado como cada año la aparición del circo para ver al joven Zaid y poder despedirse. No obstante, tenía una dificultad, nadie debía enterarse o sospechar de lo que tenía entre manos, incluso de la visita a su joven amigo, de lo contrario, sería enviada de regreso a casa sin siquiera haber comenzado el viaje.
Con esto, venía su primer obstáculo, entrar en el circo en el que todos sus actores eran hombres a los cuales no se les estaba permitido tener contacto con los espectadores antes, entre e incluso después de las funciones mientras estuviese en los límites de la plaza. De hecho, fue la coincidencia o más bien el destino, lo que influyó para que ellos pudieran conocerse en aquella noche fría y lluviosa, que aunque por distintas razones, ambos caminaban por el mismo lugar en el exacto momento.
Esta vez tenía que camuflajearse dentro del circo para contárselo, ya que tal vez no podría tener alguna otra oportunidad y ahí era el lugar ideal para lograr su fin, empero lo único que encontró para disfrazarse fue una caja con unas patillas, un sobrero y un paraguas.
- !Que suerte tuve¡ - pensaba Sibyl mientras caminaba y a la vez rodeaba el lugar con la mirada. Indagó dentro y fuera de la colorida carpa sin encontrar a su introvertido amigo.
Ella entristeció, ya que partiría esa misma noche antes de su cumpleaños hacia un lugar desconocido sin saber si regresaría y no lamentaba no poder despedirse de él. Finalmente, cuando regresaba por las calles iluminadas por la enorme luna y luces de las lámparas de gas ya dándose por vencida, pudo verlo caminando del otro lado de la calle. La expresión de ella cambió de repente y corrió de inmediato hacia donde él estaba.
Antes de partir, Sibyl paso por la plaza central, donde estaba una gran fuente, ese era el lugar en el que se conocieron, después de un momento parada ahí, sorpresivamente se le iluminó la cara al ver a Zaid a lo lejos y sin decir nada sólo la siguió. De ahí emprendieron su viaje al caminar toda la noche sin descanso hasta las afueras de Moran.
Al amanecer se detuvieron un poco para descansar, en el punto donde ya no había regreso ni pudieran seguirlos para enviarlos de vuelta.Horas después continuaron, y al llegar a la entrada del bosque ella dudó por el temor a las leyendas del pueblo acerca del bosque. Se decía que aquel que entrara encontraría ahí sus más temibles sueños, pues eras un lugar enigmático y engañoso, sin embargo, al ver a Zaid a su lado no tuvo más miedo y entraron.
¿A qué podía temerle Sibyl, si la persona más importante para ella estaba ahí? Caminaron entre la espesa niebla por un rato con dificultad para ver y a medida que iban avanzando la visibilidad también era menor, provocando que caminaran a ciegas un largo tramo. Cuando ella se percató de que su amigo no estaba entre la niebla, comenzó a llamar a su amigo, pero él no contestó, entonces pudo contestar a su pregunta, a lo que más podía temerle era quedarse sola.
Continuó llamándolo y él seguía sin contestar. La desesperación comenzó a invadirla sin que pudiera pensar claramente. En ese momento entendió que la locura la cegaría más que la niebla a su alrededor, así que secó las lagrimas en sus ojos y siguió caminando con los brazos extendidos con la esperanza de poder toparse con su amigo.
Repentinamente la niebla comenzó a disiparse y a lo lejos pudo ver una silueta oscura que se aproximaba y sin temor alguno caminó hacia ella también. Entre más cerca la silueta iba tomando una forma más definida, hasta que se aclaró por completo. Corrió con los brazos extendidos al notar que era Zaid a quién le pertenecía esa sombra.
Entonces pudo apreciar mucho más la presencia del joven, pues estando a su lado se sentía tan fuerte como para enfrentar cualquier adversidad. Por otro lado, aunque la situación de Zaid había sido la misma, ya que al parecer ambos tenían el mismo miedo, él se notaba más preocupado por lo que pudiera pasarle a Sibyl, pues la consideraba como una persona muy importante en su vida. Anduvieron aproximadamente dos días buscando la entrada del templo con la única dificultad de la neblina que seguía entorpeciendo su visibilidad. Notaron el momento en el que llegaron cuando el piso comenzó a tener una consistencia diferente y el aire tomó un olor a tierra mojada.
Vieron la imponente figura de piedra de Leviatán, la deidad del agua. Se acercaron a examinar la gran roca, según la leyenda la entrada se encontraba detrás de ella. Sin embargo sólo podían ver un enorme lago. Empero al rodearla y mirarla más detenidamente, se percataron que debajo de una de sus garras había algo brillante parecido a una llave, pero su diseño era algo fuera de lo convencional.
Movieron cuidadosamente la garra para sacar la llave y al momento se percataron que el piso detrás de la estatua era diferente, como si estuviese hueco¸ removieron un poco de tierra con lodo y encontraron algo parecido a una compuerta, era la entrada secreta al templo en ruinas que literalmente se encontraba bajo el lago.
Abrieron la puerta con la llave y bajaron por unas escaleras oxidadas hasta que llegaron a un túnel. Se adentraron durante una hora hasta que se encontraron con un gran espejo que bloqueaba el camino. El marco de piedra dejaba ver unas viejas inscripciones en el lenguaje antiguo de Gaia y por sus conocimientos Zaid pudo leerlos.
PUERTA DEL JUICIO: “EL ESPEJO ACUSADOR REVELARÁ LO QUE HAY EN EL CORAZÓN DE QUIÉN INTENTE ATRAVESARLO. SI SUS INTENCIONES SON BUENAS Y SU CORAZÓN ES PURO PODRÁ LLEGAR HASTA EL TALISMÁN, DE NO SER ASÍ SE PERDERÁ EN EL ABISMO DE MENTE Y JAMÁS SALDRÁ DEL LIMBO”.
Ambos estaban seguros que podían atravesar, pues sus intenciones no eran otras que comprobar la existencia del Talismán Sagrado. Atravesaron el espejo con éxito y a lo lejos pudieron ver un resplandor azul asomándose por las orillas de un muro de piedra en medio del camino, lucía más bien como una puerta.
Mientras caminaban Sibyl lo tomo fuerte de la mano y él la miró para empezar a correr hacia el muro. Llegaron hasta donde emanaba aquella luz y se dieron cuenta de que el muro tenía en su centro la silueta de un gran número cero, sin embargo no parecía haber indicios de que el muro pudiera abrirse. Zaid golpeó lentamente la puerta en repetidas ocasiones esperando encontrar como mover la pared, pero no tuvo resultado alguno.
Mientras que como por inercia Sibyl se echó hacia atrás algunos pasos y se percató que en el centro de aquel número había otra silueta más tenue casi imposible de percibir a simple vista; la vio con detenimiento perpleja, y Zaid se volvió hacia ella mirándola con extrañeza, se detuvo y siguió viéndola. Sibyl se acercó lentamente y posó su palma contra la pared, en medio de ella.
De repente la luz comenzó a emanar de su palma y se volvió más intensa al mismo tiempo que la pared empezó a moverse, esto ameritó que por primera vez, por iniciativa propia, Zaid tomara la mano de Sibyl. Al abrirse completamente la cámara la luz se volvió lentamente más tenue hasta que pudieron ver con claridad, que en medio de la habitación, se encontraba un pequeño cristal suspendido en el aire, cual era la fuente de tan radiante y cálida luz.
Sibyl miró fijamente el legendario Talismán, se acercó y sintió una serenidad inmensa. Pudo percibir que la calidez del cristal se sentía como el palpitar de un corazón vivo. Los ojos de Sibyl tomaron un brillo extraño mientras que la mirada de Zaid era de preocupación, ya que la dulce mirada de la chica cambiaba por una de ambición. Él se dio cuenta que ella se acercaba como hipnotizada, mientras extendía su mano, parecía que tenía la intensión de tomarlo y por un momento él tuvo miedo, ya que el viaje que Sibyl había emprendido era sólo por la curiosidad de ver la leyenda con sus propios ojos.
Sin en cambio, a pesar de que por un momento Sibyl lo pensó, volvió en sí de repente y por ella misma decidió que de ninguna manera tocaría el cristal, pues pudo ver claro nuevamente la razón por la que habían hecho ese viaje. Bajó su mano, dio la vuelta y caminó de regreso sin decir una palabra, Zaid la siguió también sin decir nada.
Cuando llegaron a la puerta del templo Sibyl miró a Zaid y le preguntó -¿Te quedarás conmigo hasta el final?-, él la miró fijo y sin contestar aún la abrazó fuertemente. -No hasta el final, SIEMPRE-.
Lagrimas corrieron por las mejillas de Sibyl, pero no podía dejar de preguntar algo que desde que iniciaron el viaje tenía en mente -¿por qué viniste?-. Él se despego de ella y le tomo de los hombros, la miró fijo y contestó -Porque dijiste que te ibas-.
Después de todo, ella encontró más de lo que iba a buscar, y aunque aparentemente no se había llevado consigo el talismán, sabía que no regresaría a Moran con las manos vacías.
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domingo, 23 de agosto de 2009
REMEMBRANZA
Por Yuquiabe Romero
Hoy he despertado en un viejo catre en la colonia Morelos, con tal crudeza en mi cabeza, imaginándome qué hubiese pasado si cambio mi vida en un 100 por ciento.
Qué pasaría si no fuera un alcohólico sarcástico y patético al que todo mundo le huye por la apariencia de mis ropas; que con tanto trabajar para el alcohol, mis perfumes son de aquel mezcal de la semana pasada.
Lo cierto es que no sé que es de la vida, hace mucho que no me inspiro. En mis buenos momentos era un escritor aclamado por todos y deseado por todas, en aquellos momentos era lo que se le conocía un sex simbol. Aún recuerdo cuando mi mente conciente admiraba aquel nocturno de Juan Ramón Jiménez, ¡ah! valla, las cosas que me hacía recordar.
Desde que nací era ya un niño problema, por que al momento de mi nacimiento estuve a punto de morir por falta de oxigeno a mis pulmones, pero los doctores me empujaron a esta desdichada vida. La verdad era lo que menos me importaba en ese entonces, simplemente quería vivir.
Era el hijo más chico, mis hermanos se llamaban Elizabeth y José, a mi hermana le pusieron ese nombre por que mi madre era fiel admiradora de Elizabeth Taylor.
Mi relación con ellos era básicamente normal, con algo de pleitos caseros.
A los cuatro años si no mal recuerdo, Elizabeth se llegó a pelear con mi hermano, éste problema llegó a tal grado que mi hermana se fue de la casa toda llena de sangre por que se había cortado con el cuchillo que José tenía en la mano.
Nunca conocí a mi padre, pues mi madre siempre me decía pestes sobre él, sobre todo que era un mujeriego que no valía la pena conocer. Lo que mi madre no veía era que yo sólo quería un padre para mí.
Mi infancia era peculiar, nunca tuve grandes amigos por que mi madre me adoraba, ella no comprendía que tenía que emprender el vuelo alguna vez, sólo se me viene a la memoria a aquel amigo Jorge que vivía del otro lado de mi cuadra.
A Jorge lo conocí en la escuela, estudiábamos en el mismo salón de clases; realmente yo era muy callado, y casi no le hablaba a nadie pero me llamaba la atención la actitud de Jorge por que aparentaba ser muy extrovertido; además todas las viejas querían con él y yo quería aprender a ligar y a coger mucho mejor que él.
No era para más, Jorge siempre procuraba vestirse bien; sus peinados aunque a veces anticuados, le hacían lucir un “bonito cabello” según las habladurías de las chicas, procuraba hacer ejercicio, fumaba a madres y era un relajo.
Simplemente era especial y carismático. Dentro de mí quería ser libre, o al menos por un momento, así que decidí hacerme amigo de él, y tratar de ser algo parecido.
Al principio me costó trabajo hacerme amigo de él, pero un día lo vi saliendo a prisa de la casa de mi vecina La Gorda, y lo cierto es que no estaba gorda, de hecho se encontraba muy buena.
A Jorge lo vi medio desnudo saliendo con sus ropas en la mano mientras se veía desde mi sala que el marido de la gorda iba llegando a casa, y fue entonces que encontré la oportunidad de hacerme su amigo al ofrecerle mi casa para su escondite.
Ese día mi madre se había ido al mercado por que iban a preparar un banquete por que más tarde venía mi abuelo, y una vez que Jorge se tranquilizaba de lo excitado que estaba, fuimos por una cerveza y un cigarro; posteriormente fuimos a su casa y me invitó un poco de marihuana.
Le comenté a Jorge que me moría de ganas por una niña de mi salón, que yo era tímido en eso, su nombre era Gaby.
Y es que para mi era la chica más guapa que había visto, se veía bastante crecidita y por cierto tenía unos ojos tan profundos que me seducían y me hacían pensar demasiado en ella.
Fue entonces que empecé a tratarlo. Al pasar del tiempo él me mostró como ligarse a una vieja; en ese entonces sólo fuimos unos niños. Mi madre intervenía en nuestra amistad aunque eso en realidad era insignificante para mí.
Ella pensaba que Jorge era mala influencia; lo cierto es que me estaba enseñando a vivir con intensidad.
A mis catorce años empecé a conocer la belleza del sexo, actos inolvidables que me hacían encenderme cada día más, tomar un trago de aire en un momento de ocio, en el que no importaba el tiempo que estuviera ahí.
A esta edad empecé a escribir mis vivencias imaginarias, simplemente me gustaba, hasta que un buen día conocí a Alfredo, que era un afamado editor en sus buenos tiempos y por casualidad leyó mis diarios.
Alfredo resultaba ser el tío de Jorge, y esa ocasión fue de visita a su casa y es que era navidad, ese día mi madre se molestó conmigo por que no lo pase con ella.
Alfredo se metió a la habitación de Jorge por que estaba buscando el baño, y le llamó la atención mis diarios que estaban sobre el taburete de Jorge, ya que se los había prestado para que me diera su opinión y por cierto a Jorge le parecieron bastante buenos.
Al momento de verlos le fascinó y me invitó a trabajar para él, así que dejé la escuela y me dediqué a trabajar con lo único que sabía hacer: escribir.
Desde entonces tuve un gran éxito, fui galardonado con varios premios importantes y fotografiado por la prensa millones de veces.
La primera vez que me fui de casa fue para aventurarme a conocer el mundo, esa parte de mi vida, no la cambiaría por nada ya que tuve la oportunidad de vivir varias experiencias desagradables y por su puesto también agradables.
Tenía tantos fans de mis lecturas que una ocasión resultó que quedé perdido en alguna parte del mundo y sin dinero por haber ingerido tanto alcohol y una de mis fans me levantó y me apoyó para poder llegar a mi destino.
No toda mi vida era desgraciada, de tan bien que me iba doné algunos millones para la caridad. Fue un momento maravilloso por que uno de esos niños al que ayudé me agradeció con una mirada tierna e inocente y me tomó de la mano.
Recuerdo mi primer viaje a la vieja Cuba, lleno de pasión y de locura. Al momento de cruzar el puerto, me encontré a muchas chicas que sin duda alguna me hacían vivir con intensidad, lo extraño de esto es que sabiendo el interés monetario que tenían hacia mi persona, no me importaba, ¡era genial¡
De la que más hago memoria en ese viaje era a la bella Rossana, que sin duda con su carisma y simpatía me hacía querer estar con ella mucho más tiempo que con las demás.
Rossana tenía el cabello más oscuro que había visto en mi vida, su piel era color canela, su aroma era muy parecido a la brisa del mar y sus labios eran tan gruesos que me invitaban a besarla cada que la veía.
Sé que muy en el fondo le gustaba a Rossana, pero ella no se atrevía a decirlo por la cantidad de clientes que la frecuentaban, ya que ella era deseada por todos, e incluso llegué a sentir celos por ella.
Una tarde de aquellas acostumbradas en Cuba, de esas que parece que el sol no quiere ocultarse, la invité a salir, aclarándole que mis intenciones no eran de negocios.
Ella con gusto aceptó, y se decidió partir al malecón a tomar una copa y a charlar, ella, radiante como siempre, y su atuendo sensual pero elegante para mis ojos, comenzó a reír y al hacerlo no me interesaba nada más.
Aquella mujer que me amó de verdad, aquella que no comprendió mi necesidad bohemia, aquella que veía que mis amantes eran sólo sombra para mi, y que ella era especial para mi.
Mis deslices eran sólo para experimentar, pues lo único que quería hacer era vivir para inspirarme de aquella desdicha y lujuria que me incitaba en ese entonces la vida.
Estuve saliendo con la bella Rossana por largo tiempo, hasta que después de tres años que para mi fueron maravillosos, ella me dijo que ya no sentía lo mismo y que me dejaba por otro.
Ese día para mí fue el ocaso y el infierno, así que decidí regresar a mi ciudad natal, con una profunda tristeza, continué escribiendo, pero no sé si a través de mi depresión lo único que provoqué fue que mis escritos ya no estuviesen tan buenos como antes.
Así que como todo en la vida, llegó la decadencia, me despidieron de la editorial, me drogué y me alcoholicé tanto que ni Jorge me reconoció, ni yo a mi gran amigo de todos los tiempos que me fue fiel y muy paciente; en un momento de histeria y ceguera mental, no me di cuenta de lo que hice hasta que decidí llamarlo a su casa después de una semana, fue cuando su familia me comentó que sólo sabían que un maldito drogadicto y alcohólico lo había apuñalado más de 20 veces sólo por querer ayudarlo, y que aquel asesino le quitó sus pertenecías y se fue corriendo como vil rata que era.
Por eso a mis escasos 35 años, que estoy tumbado sobre un catre en la colonia Morelos sólo sabrán de mi cuando me encuentre la vieja casera de la vecindad en espera de que le pague los seis meses de renta, me encontrará aún más putrefacto que ahora que he muerto hace dos semanas por mi culpabilidad y mi tristeza por mi asquerosa vida que no me permitió respirar, pero estoy feliz por que en donde me encuentro ahora, no hago más que ser libre y volar como siempre quise.
Hoy he despertado en un viejo catre en la colonia Morelos, con tal crudeza en mi cabeza, imaginándome qué hubiese pasado si cambio mi vida en un 100 por ciento.
Qué pasaría si no fuera un alcohólico sarcástico y patético al que todo mundo le huye por la apariencia de mis ropas; que con tanto trabajar para el alcohol, mis perfumes son de aquel mezcal de la semana pasada.
Lo cierto es que no sé que es de la vida, hace mucho que no me inspiro. En mis buenos momentos era un escritor aclamado por todos y deseado por todas, en aquellos momentos era lo que se le conocía un sex simbol. Aún recuerdo cuando mi mente conciente admiraba aquel nocturno de Juan Ramón Jiménez, ¡ah! valla, las cosas que me hacía recordar.
Desde que nací era ya un niño problema, por que al momento de mi nacimiento estuve a punto de morir por falta de oxigeno a mis pulmones, pero los doctores me empujaron a esta desdichada vida. La verdad era lo que menos me importaba en ese entonces, simplemente quería vivir.
Era el hijo más chico, mis hermanos se llamaban Elizabeth y José, a mi hermana le pusieron ese nombre por que mi madre era fiel admiradora de Elizabeth Taylor.
Mi relación con ellos era básicamente normal, con algo de pleitos caseros.
A los cuatro años si no mal recuerdo, Elizabeth se llegó a pelear con mi hermano, éste problema llegó a tal grado que mi hermana se fue de la casa toda llena de sangre por que se había cortado con el cuchillo que José tenía en la mano.
Nunca conocí a mi padre, pues mi madre siempre me decía pestes sobre él, sobre todo que era un mujeriego que no valía la pena conocer. Lo que mi madre no veía era que yo sólo quería un padre para mí.
Mi infancia era peculiar, nunca tuve grandes amigos por que mi madre me adoraba, ella no comprendía que tenía que emprender el vuelo alguna vez, sólo se me viene a la memoria a aquel amigo Jorge que vivía del otro lado de mi cuadra.
A Jorge lo conocí en la escuela, estudiábamos en el mismo salón de clases; realmente yo era muy callado, y casi no le hablaba a nadie pero me llamaba la atención la actitud de Jorge por que aparentaba ser muy extrovertido; además todas las viejas querían con él y yo quería aprender a ligar y a coger mucho mejor que él.
No era para más, Jorge siempre procuraba vestirse bien; sus peinados aunque a veces anticuados, le hacían lucir un “bonito cabello” según las habladurías de las chicas, procuraba hacer ejercicio, fumaba a madres y era un relajo.
Simplemente era especial y carismático. Dentro de mí quería ser libre, o al menos por un momento, así que decidí hacerme amigo de él, y tratar de ser algo parecido.
Al principio me costó trabajo hacerme amigo de él, pero un día lo vi saliendo a prisa de la casa de mi vecina La Gorda, y lo cierto es que no estaba gorda, de hecho se encontraba muy buena.
A Jorge lo vi medio desnudo saliendo con sus ropas en la mano mientras se veía desde mi sala que el marido de la gorda iba llegando a casa, y fue entonces que encontré la oportunidad de hacerme su amigo al ofrecerle mi casa para su escondite.
Ese día mi madre se había ido al mercado por que iban a preparar un banquete por que más tarde venía mi abuelo, y una vez que Jorge se tranquilizaba de lo excitado que estaba, fuimos por una cerveza y un cigarro; posteriormente fuimos a su casa y me invitó un poco de marihuana.
Le comenté a Jorge que me moría de ganas por una niña de mi salón, que yo era tímido en eso, su nombre era Gaby.
Y es que para mi era la chica más guapa que había visto, se veía bastante crecidita y por cierto tenía unos ojos tan profundos que me seducían y me hacían pensar demasiado en ella.
Fue entonces que empecé a tratarlo. Al pasar del tiempo él me mostró como ligarse a una vieja; en ese entonces sólo fuimos unos niños. Mi madre intervenía en nuestra amistad aunque eso en realidad era insignificante para mí.
Ella pensaba que Jorge era mala influencia; lo cierto es que me estaba enseñando a vivir con intensidad.
A mis catorce años empecé a conocer la belleza del sexo, actos inolvidables que me hacían encenderme cada día más, tomar un trago de aire en un momento de ocio, en el que no importaba el tiempo que estuviera ahí.
A esta edad empecé a escribir mis vivencias imaginarias, simplemente me gustaba, hasta que un buen día conocí a Alfredo, que era un afamado editor en sus buenos tiempos y por casualidad leyó mis diarios.
Alfredo resultaba ser el tío de Jorge, y esa ocasión fue de visita a su casa y es que era navidad, ese día mi madre se molestó conmigo por que no lo pase con ella.
Alfredo se metió a la habitación de Jorge por que estaba buscando el baño, y le llamó la atención mis diarios que estaban sobre el taburete de Jorge, ya que se los había prestado para que me diera su opinión y por cierto a Jorge le parecieron bastante buenos.
Al momento de verlos le fascinó y me invitó a trabajar para él, así que dejé la escuela y me dediqué a trabajar con lo único que sabía hacer: escribir.
Desde entonces tuve un gran éxito, fui galardonado con varios premios importantes y fotografiado por la prensa millones de veces.
La primera vez que me fui de casa fue para aventurarme a conocer el mundo, esa parte de mi vida, no la cambiaría por nada ya que tuve la oportunidad de vivir varias experiencias desagradables y por su puesto también agradables.
Tenía tantos fans de mis lecturas que una ocasión resultó que quedé perdido en alguna parte del mundo y sin dinero por haber ingerido tanto alcohol y una de mis fans me levantó y me apoyó para poder llegar a mi destino.
No toda mi vida era desgraciada, de tan bien que me iba doné algunos millones para la caridad. Fue un momento maravilloso por que uno de esos niños al que ayudé me agradeció con una mirada tierna e inocente y me tomó de la mano.
Recuerdo mi primer viaje a la vieja Cuba, lleno de pasión y de locura. Al momento de cruzar el puerto, me encontré a muchas chicas que sin duda alguna me hacían vivir con intensidad, lo extraño de esto es que sabiendo el interés monetario que tenían hacia mi persona, no me importaba, ¡era genial¡
De la que más hago memoria en ese viaje era a la bella Rossana, que sin duda con su carisma y simpatía me hacía querer estar con ella mucho más tiempo que con las demás.
Rossana tenía el cabello más oscuro que había visto en mi vida, su piel era color canela, su aroma era muy parecido a la brisa del mar y sus labios eran tan gruesos que me invitaban a besarla cada que la veía.
Sé que muy en el fondo le gustaba a Rossana, pero ella no se atrevía a decirlo por la cantidad de clientes que la frecuentaban, ya que ella era deseada por todos, e incluso llegué a sentir celos por ella.
Una tarde de aquellas acostumbradas en Cuba, de esas que parece que el sol no quiere ocultarse, la invité a salir, aclarándole que mis intenciones no eran de negocios.
Ella con gusto aceptó, y se decidió partir al malecón a tomar una copa y a charlar, ella, radiante como siempre, y su atuendo sensual pero elegante para mis ojos, comenzó a reír y al hacerlo no me interesaba nada más.
Aquella mujer que me amó de verdad, aquella que no comprendió mi necesidad bohemia, aquella que veía que mis amantes eran sólo sombra para mi, y que ella era especial para mi.
Mis deslices eran sólo para experimentar, pues lo único que quería hacer era vivir para inspirarme de aquella desdicha y lujuria que me incitaba en ese entonces la vida.
Estuve saliendo con la bella Rossana por largo tiempo, hasta que después de tres años que para mi fueron maravillosos, ella me dijo que ya no sentía lo mismo y que me dejaba por otro.
Ese día para mí fue el ocaso y el infierno, así que decidí regresar a mi ciudad natal, con una profunda tristeza, continué escribiendo, pero no sé si a través de mi depresión lo único que provoqué fue que mis escritos ya no estuviesen tan buenos como antes.
Así que como todo en la vida, llegó la decadencia, me despidieron de la editorial, me drogué y me alcoholicé tanto que ni Jorge me reconoció, ni yo a mi gran amigo de todos los tiempos que me fue fiel y muy paciente; en un momento de histeria y ceguera mental, no me di cuenta de lo que hice hasta que decidí llamarlo a su casa después de una semana, fue cuando su familia me comentó que sólo sabían que un maldito drogadicto y alcohólico lo había apuñalado más de 20 veces sólo por querer ayudarlo, y que aquel asesino le quitó sus pertenecías y se fue corriendo como vil rata que era.
Por eso a mis escasos 35 años, que estoy tumbado sobre un catre en la colonia Morelos sólo sabrán de mi cuando me encuentre la vieja casera de la vecindad en espera de que le pague los seis meses de renta, me encontrará aún más putrefacto que ahora que he muerto hace dos semanas por mi culpabilidad y mi tristeza por mi asquerosa vida que no me permitió respirar, pero estoy feliz por que en donde me encuentro ahora, no hago más que ser libre y volar como siempre quise.
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